jueves, 30 de mayo de 2013

"Las buenas intenciones del obispo Ricardo Blázquez"


Los obispos siempre tiene una palabra OPORTUNA, aunque ellos mismos sean muy hipócritas y muy mezquinosMonseñor Ricardo Blázquez, acual arzobispo de Valladolid, celebraba ayer miércoles 29 de mayo del corriente 2013, las bodas de plata de su ordenación episcopal. Según informa Religión Digital, el portal de información religiosa dirigido por José Manuel Vidal y Jesús Bastante.

Según el prelado católico, "la Iglesia debe sembrar semillas de esperanza. En actitud de servicio y de salida al encuentro de las ovejas descarriadas, a ejemplo de los pastores con sus ovejas, a ejemplo del Buen Pastor"...

Formidable. Nada puedo ni debo objetar al respecto, pues en efecto tal es la esencia de la fe cristiana, del Evangelio. Y además, estoy convencido de que no pocos obispos en efecto se han comportado como dilectos y celosos pastores de la grey que les tocó "en encomienda" por la Iglesia (no raramente hasta el martirio  y la confesión heroicamente testimoniante de la fe: Leónidas Proaño, Dom Hélder Cámara, Óscar Romero, Juan Girardi...

Empero, cosa distinta es que a menudo, desde luego que a mí los obispos no me transmiten la impresión de empeñados en ir en busca de las ovejas descarriadas; y asimismo me parece que los prelados en general ni se unen siquiera a la vida y a las vicisitudes de la gente normal, ni departen normalmente con la gente, en un clima de confianza, respeto y fraternidad. Porque hasta en la forma en que hay que tratar a los jerarcas (que si monseñor, que si eminencia, que si ilustrísima...), se palpa que se presentan como personas distintas, segregadas del común de los mortales. O al menos es la impresión que a mí me transmiten: yo veo Juan Nadie, pongamos, el genial film de Frank Capra, y desde luego los personajes protagonizados por Gary cooper y Walter Brennan sí son hijos del Pueblo (si se quiere, incluso en su acepción libertaria); los obispos -salvo honrosas excepciones, algunas de ellas verdaderamente heroicas, martiriales y santas-, para nada me parecen hijos del Pueblo. Y como impresión que me transmiten, ahí queda.



De modo que sí todo lo contrario: no saliendo al encuentro de las gentes comunes, son las personas interesadas las que tienen que ir, de forma "sumisa", a ellos los obispos. El orden clerical-piramidal o jerárquico parece exigir que sea así. 

(Por otra parte, en Religión Digital no faltan foristas que aventuran afirmaciones como esta: "En España, casi todos los obispos católicos son carreristas, o sea, trepas eclesiales". O como esta: "En la Iglesia católica que peregrina por España, una nada desdeñable cantidad de obispos son trepas, burócratas, hipócritas, figurones y mediocres". 



De modo que solo cabe preguntar que, de ser así la cosa como señalan esos foristas, ¿qué tiene que ver tal realidad eclesial con el modus vivendi de Jesús de Nazaret, a quien los cristianos confiesan como el Cristo?

Yo al menos no lo termino de ver. Sin ánimo de ofender lo digo. Pero con voluntad de ser sincero, sincero hasta los huesos, que dijera mi siempre admirado César Vallejo.


Luis Henríquez. 30 de mayo, 2013, Día de la Comunidad Canaria.
Publicar un comentario