sábado, 11 de mayo de 2013

"De golondrinas y de flores: es el amor que pasa (IV)"

Un vistazo a nuestro medio natural
7/3/2011





Querida Cándida Sofía, saludos:



Creo en los derechos de la mujer, sí, y en que gozan las mujeres, ante los ojos del Creador, de los mismos derechos y deberes que el hombre, de la misma dignidad, pues varón y hembra Dios los creó (primeros capítulos del Génesis).

Pero el problema, Cándida -al menos para mí, claro es- es que hoy día el feminismo, legítimo seguramente en sus inicios y en sus intenciones primeras, ha devenido ideología de género: negación de Dios, negación de la diferencia natural entre sexos (deconstrucción de la diferencia sexual, argumentando para ello que todo es cultural, constructo, genérico), antinatalismo y promoción del aborto, el homosexualismo y el ataque a la familia, etcétera. Y ello me parece ya más discutible.

No me cierro al diálogo y a poder aprender de todas las personas interlocutoras, pero creo que el feminismo de género se mueve ya en una pendiente de egoísmo, revanchismo contra el hombre, individualismo materialista, antinatalismo transgresor...

Lo veo así. Y además, si contrasto lo que defienden las formas más radicalizadas del feminismo y lo que defiende el Magisterio, me llevo la sorpresa de descubrir que en la Iglesia católica, ganándose la vida en lo profesional gracias a la Esposa de Cristo, no faltan las feministas partidarias de justo lo contrario a lo que enseña el Magisterio. Piensa, si no, en las catequesis del papa Benedicto XVI sobre la familia [como corrijo este apunte fechado en marzo de 2011: consideremos la catequesis del papa Francisco sobre la familia...], sobre la vida, la natalidad, el aborto, la homosexualidad...

El Papa puede estar equivocado, y con él la centralidad nuclear de lo que llamamos Magisterio (hipótesis), pero lo cierto es que las diferencias saltan a la vista entre la visión de la mujer y la familia propia de la Iglesia católica y la que despliegan casi todas las corrientes del feminismo. Y yo te puedo asegurar, Cándida, que he conocido a feministas contratadas por la Iglesia católica, digo feministas radicales, antinatalistas, partidarias del aborto, de la homosexualidad... Mientras que a mí ni se han dignado responderme, recibirme, consolarme, pese a años y años de pedirles auxilio, audiencia, SOS, algo. Y pese a que en público jamás -y eso que soy pecador, falible, cómo negarlo, nunca lo oculto, y tú lo sabes, Sofía- he rechazado el Magisterio; al contrario, en todos esos ambientes progres (en algunos de los cuales no puedo ya desarrollar ninguna actividad cultural por mi iniciativa, por mi cuenta y riesgo) que alguna vez frecuenté, me alineé siempre con las posturas del Magisterio, fidelidad de la que no podrían presumir no pocos que ahora viven en lo profesional de la Iglesia...

Qué pasada, Cándida Sofía: vivir para ver... En fin: a seguir jodiéndose, amiga. Si las autoridades de la Iglesia lo quieren así, nosotros qué podemos hacer, ¿patalear? Poco podemos hacer si trepas, burócratas, figurones, antimilitantes, arribistas, antinatalistas, mundanizantes, ultrafeministas y meros enchufados parecen tener cancha libre en el seno de la Esposa de Cristo... Es triste todo esto.

Luis Henríquez. 11 de mayo, 2013. 


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