martes, 7 de mayo de 2013

"Cine, cine, cine, más cine, por favor"


Buenos días, Antonio, saludos:


Intentaré hacer algo este fin de semana, si bien no esperes un catálogo maravilloso, que soy nada más que un buen cinéfilo, no un experto. Recientemente, he visto Nazarín, Ensayo de un crimen y Viridiana, de Luis Buñuel; las he vuelto a ver, para ser más exactos o precisos. En estas tres, con distinta intensidad se dan en efecto esos ingredientes que hacen, al menos para mí (en realidad, para muchos, para casi todos los espectadores), que una película la estimes como buena: ritmo narrativo, buen guion, puesta en escena, dirección de actores, fotografía, banda sonora (o ausencia de esta, o casi total ausencia, como ocurre en el cine del austriaco Michael Haneke, de quien he visto recientemente una película maravillosa titulada La cinta blanca), buenos actores, originalidad o audacia en la materia cinematográficamente narrada, técnica cinematográfica característica del cineasta: preponderancia o no de un tipo de plano: por ejemplo, de Antonioni, del que se ocupó Luis Miranda en la última clase del curso, he vuelto a ver El desierto rojo. Una buena película, de notable como mínimo. Pero el cine de Antonioni no está hecho para todos los estómagos. Porque de entrada "aburre", es decir, provoca una especie de hastío, porque es un cine construido sobre planos muy largos (tomas muy largas), sobre silencios narrativos, sobre planos (primeros planos generalmente) en que no aparecen personajes sino algo así como motivos pictóricos, y encuadres muy arquitectónicos. El de Antonioni -al que algunos críticos consideran sobrevalorado- es un cine de introspección, muy existencial, en el que lo que parece importar, más que la narración de hechos, es el ahondamiento en la psicología de unos personajes neurotizados. Con lo cual se tiene siempre la impresión de extrema lentitud, de extrema premiosidad.


También he vuelto a ver recientemente Los intocables de Eliot Ness, de Brian De Palma. Una de gánsteresun thriller bien construido, con buen ritmo narrativo, aunque no me parece una película "redonda" en su género, que es el cine negro, el cine de gánsteres. Casi "redonda", es decir, obra maestra o muy próxima a serlo sí que me parece otra del propio De Palma, también de gánsteres, me refiero a El precio del poder. Esta, El precio del poder, a mi juicio está solo un peldaño por debajo de El padrino, de Francis Ford Coppola (sobre todo, en sus dos primeras partes o entregas) y de Érase una vez en América, de Sergio Leone. Pero bueno: Los intocables de Elliot Ness está bien ambientada, es violenta, cosa que es siempre esperable del cine de Brian De Palma, con guiños a los clásicos además, como la escena del carrito de bebés cayendo por las escaleras ante las miradas y las pistolas de gánsteres y de policías, que es claramente un homenaje a la muy celebrada secuencia de las escaleras y el carrito de bebés en caída libre por las citadas escaleras ante la inminencia de las turbas revolucionadas, en El acorazado Potemkin, de Eisenstein. Y con un profuso uso de la cámara lenta, algo muy propio de la técnica cinematográfica de De Palma, quien también se ha convertido en un maestro del suspense, tras los pasos de Hitchcock, indudablemente, aunque a mi juicio algo lejos del talento de Claude Chabrol, el gran director francés de la nouvelle vague, que sí me parece un consumado maestro del cine de suspense. 


Bueno, ya nada más. Espero que te sirva esto que me ha salido en un momento. Buena semana.

Luis Henríquez. 7 de mayo, 2013.
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