martes, 14 de mayo de 2013

"De golondrinas y de flores: es el amor que pasa (VI)"


17/7/2010


Cuando el amor es lo que pasa, y la Iglesia al fondoGracias por tu estar ahí, Sofía. Se ve que eres una joven mujer madura y creyente; y sin embargo, parece que en los planes de DIOS, a menudo la luz y la certeza no son en modo alguno plenos...




Yo admito que me pongo nervioso con facilidad y que acabo perdiendo la paciencia. Sin embargo, no me parece ver la realidad actual de la Iglesia católica como acaso la ves tú. Yo la veo llena de buenos testimonios de vida cristiana, ciertamente, pero también la veo llena de mediocridad, doblez, hipocresía, fariseísmo, corrupción por causa del poder, etcétera. Yo creo en el ministerio del sucesor de Pedro, pero este ministerio no tiene necesariamente que ser así como se ejerce en la actualidad, en que el Papa, canónicamente reconocido además esto que diré, cuenta con poderes absolutos que no provienen del Evangelio: el Papa, como jefe de Estado y de la Iglesia, tiene pleno poder legislativo, judicial y ejecutivo.
En cuanto a las formas, comparto la petición que en el año 1984 le hizo, en forma de fraterna carta abierta, el obispo claretiano, misionero y poeta Pedro Casaldáliga a Juan Pablo II. En la carta le sugería algunas propuestas de  reforma: que el sucesor de Pedro dejara de ser jefe del Estado vaticano; que se tuviera más misericordia con los sacerdotes secularizados y los fieles divorciados; que la Iglesia apareciera en efecto, en la práctica, como más pobre, más servicial, más humilde y sencilla, más independiente de los poderes de este mundo y más al servicio de las víctimas de las injusticias; que se simplificara todo el boato y la parafernalia de las celebraciones litúrgicas, incluso en las formas protocolarias de tratamiento a los jerarcas de la Iglesia (santidad, santo padre, eminencia, su toda gracia...), ciertamente muy tradicionales, pero poco o nada coincidentes con el espíritu del Evangelio; mayor estima y reconocimiento al papel de la mujer en la Iglesia (el obispo llega más lejos: posibilidad de ordenar al ministerio presbiteral a la mujer). Y así un largo etcétera.

Desde luego, no se trata de idolatrar ni canonizar antes de tiempo a alguien como el obispo Casaldáliga, pecador y falible como cualquier mortal. De lo que se trata, a mi juicio, es de tomar en consideración, en alguna consideración, esas propuestas de reforma eclesial, en algunas de las cuales yo mismo sigo creyendo. No así el rumbo actual de la Iglesia, clarísimo, pues el Papa actual, con todo lo sabio teólogo y prudente pastor que es y hasta "dulce vicario de Cristo en la Tierra", es claro que ha iniciado un proceso de restauración eclesial, con vistas a enmendar los tenidos por errores y excesos laicistas del post-concilio.
Nada tengo, DIOS me libre, contra el sucesor de Pedro, en cuyo ministerio creo. Pero con la libertad que me es propia por ser hijo de Dios, planteo que sin tener autoridad alguna yo para juzgarlo a él, al Papa, como creyente que él es y vicario de Jesucristo, sí me es lícito concebir cómo me gustaría que fuese la Iglesia fundada por Cristo. Y desde luego, reconozco que suena a tópico lo que diré, pero aun así diré que en efecto el boato, ciertas parafernalias litúrgicas, las formas de tratamiento protocolarias a los pastores ( eminencia, ilustrísimo, etcétera), el uso y abuso del poder en la Iglesia, la distancia de los obispos con respecto al pueblo, etcétera, no casan nada, desde mi perspectiva, con el corazón del Evangelio de Jesús de Nazareth, el Mesías. Nada de nada.

Lo malo para la Iglesia es que mucha gente, también de buena voluntad, cree lo mismo que yo. Y como ven que no se hace gran cosa por cambiar esas "estructuras" de la Iglesia, pues ya es que pasan completamente de la misma: la apostasía silenciosa de tanta gente que abandona el barco  es sencillamente una sangría tremenda.

Con respecto a los eclesiásticos de aquí de mi diócesis, sencillamente es que pasan de querer recibirme, no hay manera, así que paso ya del asunto: dejo constancia por escrito, para que se aprehenda algo del nivel de hipocresía eclesial, y a otra cosa mariposa. Cierto que sigo sin entender el porqué, puesto que yo he tratado de "hacer mucho" por la Iglesia y el Reino -aunque otra cosa es que, siendo siervo inútil, poco haya conseguido-,  y en cambio en momentos de apuro pues pasan de mí. Pero igual va a tener también razón en esto el psicólogo y exjesuita Jaime Llinares: "La Iglesia católica en su cúpula sobre todo es una institución muy hipócrita y muy ligada a intereses no precisamente evangélicos y sí muy terrenales".


Así que no lo entiendo, la verdad, Cándida, Candidita amiga, máxime si tengo en cuenta que durante años ha venido funcionando "por libre" un joven sacerdote canario, o puede que no tan joven -falleció hace un año, al parecer de repente-, y que era una especie de cura batasuno pero a lo canario, independetista, y sobre todo era el "cura de los del movimiento LGTB". Sus ideas al respecto eran completamente contrarias a la doctrina del Magisterio. Y el curita este, que DIOS tenga en la gloria (llena su vida y su personalidad de méritos y de talentos, sin duda), ahí seguía como si nada; si bien conmigo, bendito sea Dios, las pocas veces en que intercambiamos unas pocas palabras, precisamente por los alrededores o pagos del municipio de Telde, me alababa como un estupenda poética místico, me llegó a decir, ahí es nada. De modo que considero que la anarquía y el caos doctrinal y disciplinar en la Iglesia son muy graves, para dolor seguramente del Papa y de muchos.

Doy por zanjada esta polémica. Y por lo que a mí respecta, querida Sofía, ya nada espero de todas las instancias eclesiales a las que insistentemente he pedido ayuda. Seré mal cristiano, es muy posible, pero ya nada espero; vamos, como que me da igual, me da igual, y no puedo sino experimentar indiferencia hacia los eclesiásticos que ruin e hipócritamente han pasado de mí.

Un beso.


Luis Henríquez. 14 de mayo, 2013.
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