lunes, 19 de febrero de 2018

luis alberto henríquez lorenzo
Permítanme que "arrime el ascua a mi sardina": dice mucho de ustedes, de verdad (esto no quiere ser adulación barata), que a personas como yo que no comulgamos del todo con el tradicionalismo nos publiquen nuestras observaciones en este blog; ya he tenido ocasión de recordar que otras publicaciones digitales, con harta fama de progresistas, comunitaristas y democráticas y que se las dan de más cristianas que cualesquiera otras, ni te contestan cuando les envías algo. Ni te contestan. Así que nunca ponderaré lo suficiente la posibilidad de salir a la luz desde esta ventana que nos convoca.
Por lo que respecta al cardenal Carlo Maria Martini, considero que la controversia puede que haya llegado a un cierto callejón sin salida, a una situación lo que se dice "bizantina": ni soy un experto en la obra teológica del cardenal ni... En lo que sí no dudaría es en insistir en el hecho de que detrás de toda esa presunta o no tan presunta hojarasca teológica presente en las obras del ilustre biblista jesuita italiano, a mí al menos me es posible seguir detectando el rostro del Nazareno; vale que de una manera tortuosa, heterodoxa, arriesgada, pero no menos real.
El gran poeta zamorano León Felipe sentencia en un breve poema suyo, en apariencia sencillo, profético, de aliento bíblico, aliento bíblico que recorre toda su obra: "Nadie fue ayer/ ni irá a mañana a Dios/ por este mismo camino/ por el que yo voy./Para cada hombre guarda un camino nuevo Dios/ y un rayo de luz el sol". Lo cual quiere significar, al menos a mi juicio hermenéutico, que cada persona es absolutamente irrepetible a los ojos de Dios y a los del mundo. Y que aunque bien cierto es que existe la verdad revelada (Jesucristo es el camino, la verdad y la vida, nos enseña el evangelista san Juan), no todas las personas llegan a la meta de esa misma verdad por los mismos vericuetos, dudas, experiencias, búsquedas y esfuerzos, etcétera.
Por lo demás, no dejo de reconocer que algunas -o si quieren ustedes, bastantes- de las propuestas de reforma doctrinal del cardenal italiano pueden resultar en efecto chocantes, chirriantes, y desde luego, alejadas de la deseada y requerida unidad de la doctrina magisterial. También me temo que pueden desorientar a muchos más que orientar o ayudar a cimentar la fe. Sin embargo, miren por dónde a mí no me resultan tan lesivas, creo (toquemos madera al respecto, no sea que me queme, por estar jugando con fuego en asuntos tan graves). Puede ser que en mi trayectoria personal, espiritual e ideológica me haya acostumbrado a permanecer en el diálogo con los heterodoxos desde la perspectiva de la doctrina católica: no creyentes religiosos, cristianos de otras confesiones, autores ateos, autores libertarios, poetas de la disidencia moral y la bohemia más o menos antisistema... Y desde luego, puede que esas lecturas heterodoxas hayan fermentado en mí hasta convertirse en una especie de "alter ego" que pesa lo suyo, de una parte, en mi cierta y confesa admiración hacia esos autores en nada o muy poco católicos, y de otra, en una cierta y asimismo confesa crítica hacia posicionamientos doctrinales, espirituales y litúrgicos en principio católicos pero, siempre a mi juicio, claro, en verdad distantes del meollo del Evangelio, cuyo corazón -permítanme ustedes- no es tanto la reivindicación de una liturgia excelente cuanto la opción por las víctimas de la historia, por los excluidos, por los empobrecidos...
Con lo último afirmado no quiero dar a entender que el culto en la Iglesia católica no sea importante, en modo alguno quisiera dar a entender que afirmo tal cosa; lo que sí pretendo es poner de relieve que existe una jerarquía de verdades teológicas, y en esa jerarquía de verdades teológicas la solidaridad y la lucha por la justicia deben ocupar un primerísimo lugar en la vida de todo cristiano; y más aun si cabe en la de todo fiel católico que se precie, emnpezando por la mía propia, permanentemente necesitada que está de conversión a Cristo, a su Iglesia y a los pobres.
Volviendo al cardenal Carlo Maria Martini, insisto en considerar que su pensamiento teológico a mí me ayuda a crecer en la fe; lamento que a otros fieles católicos pueda por el contrario desorientar; no se me esconde que como cardenal de la Iglesia su responsabilidad es grande, soberana, pues no en vano es sucesor de los apóstoles y, en esa condición suya de sucesor de los apóstoles, asimismo se ha convertido, queriéndolo él o sin quererlo (solamente Dios conoce bien este particular; los hombres y mujeres no pasamos de hacer especulaciones a través de espejos, parafraseando aquí a san Pablo), en una figura mediática, cierto, con lo cual su pensamiento sí que tiene un alcance mundial nada despreciable.
En fin, que no sé si llegados a este punto tiene mucha razón de ser el continuar con tal controversia. Sea como sea, lo que sí deseo, ya para finalizar, es volver a recordarles mi agradecimiento por dejarme participar con mis comentarios en este foro, pues repito que habla muy bien de la capacidad de ustedes de al menos querer acoger al otro, de acoger incluso al que piensa y cree de manera algo diferenciada. Créanme si les digo que no es nada frecuente encontrar posibilidades así en plataformas internéticas; por ejemplo, en publicaciones digitales que se tienen por muy cristianas y progresistas, en las que ni te contestan a tus envíos: nada de nada, se limitan a asar de ti. En una estrategia que, salvo honrosas excepciones, al menos a mí lo que me comunica es que las comunidades cristianas que están detrás de esas plataformas internéticas están más muertas que vivas, más desangeladas que entusiasmadas por el anuncio del Reino en comunión con la fe de la Iglesia. Mi experiencia personal al respecto de lo que aquí seguimos me comunica más de lo mismo.
LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ LORENZO
15/09/09 10:39 AM
luis alberto henríquez lorenzo
"A vueltas con el cardenal Carlo Maria Martini"

He vuelto a leer en esta página Infocatólica algunos artículos, algunos comentarios de los blogs... Quisiera formular algunos comentarios, que no sé si verán la luz de la publicación, no sin antes agradecerles que me hayan publicado algunos comentarios en este sitio internáutico (el gesto les honra; otras publicaciones católicas que se tienen por muy progresistas ni te contestan cuando les mandas algún escrito...) para mí de notable interés, por más que me sigue pareciendo en exceso conservador, doctrinal e ideológicamente hablando. Si esto es ofensivo, disculpas: mi propósito, huelga aclararlo, no es ofender sino invitar al diálogo, a la búsqueda común de la verdad, que siempre será sinfónica, parafraseando el título de una obra de H. U. von Balthasar..
No obstante, no puedo dejar de recordar aquí y ahora que de manera a mi juicio injusta se metieron brava y encendidamente con un escrito de mi autoría, supuestamente porque su autor, o sea, yo mismo, caía en ofensas y descalificaciones... Entonces estimaron oportuno no publicarlo, lo cual es respetable, desde luego, pues ustedes son los legítimos administradores del sitio. Sin embargo, permítanme: aquí mismo sin ir más lejos, he leído muchísimos comentarios (digo muchísimos, no uno ni dos ni tres) a los artículos notablemente más injuriosos que el mío amonestado, que simplemente quería llamar a las cosas por su nombre. Y me lo suprimieron entonces, insisto.
Pero a lo que íbamos. De nuevo tropezamos con el docto cardenal italiano Carlo Maria Martini. Así pues, ¿cómo se puede afirmar tan tranquilamente, cosa que se hace en un artículo reciente, que el cardenal jesuita italiano pretende hundir la barca de Pedro (es decir, la Iglesia universal) porque manifiesta algunas divergencias con respecto a la doctrina oficial y magisterial de la Iglesia? Afirmar tal cosa, tal temeridad, es formular un juicio de valor, peligrsísimo de por sí, por sí solo, puesto que comporta entrar a dilucidar o discernir los pros y contras de una determinada y singular conciencia indidividual. Nadie conoce a ciencia cierta, salvo Dios, que es nuestro Supremo Juez, si el cardenal Martini pretende hundir la barca de Pedro que es la Iglesia universal, o más bien lo que pretende es, por muy rocambolescas y peligrosas que nos parezcan sus propuestas e ideas, hacerla avanzar más fiel al Evangelio.
Por otra parte, en esos libros del ilustre cardenal italiano, acaso traducidos y publicados en España aprovechando un cierto tirón mediático y editorial (del que no poco se han beneficiado incluso los papas más recientes, no lo olvidemos, especialmente Juan Pablo II), no solamente se habla de esas al parecer peligrosas y subversivas "reformas" que el purpurado italiano querría para la Iglesia, de la que sigue siendo príncipe; se habla de solidaridad con los empobrecidos, con los enfermos y marginados (los predilectos del Señor); se insiste en la necesidad del diálogo con los cristianos de otras confesiones, y con los no creyentes (en ese diálogo con los no creyentes, la labor de Carlo Maria Martini casi no tiene parangón en el curso de la Iglesia en las últimas décadas); se insiste en la necesidad de escuchar, desde la fidelidad al Evangelio, al hombre y a la mujer de nuestro tiempo, desde la singularidad del hombre y de la mujer de nuestro tiempo; se reivindica la urgencia de convertirnos siempre a una Iglesia samaritana y más horizontal, igualitaria y comunitaria que vertical, clerical y piramidal (que, ustedes me permitan, parece ser el modelo de Iglesia que ustedes prefieren, digo por sus escritos, por sus claras posturas a favor de los grupos católicos más conservadores: Opus Dei, Legionarios de Cristo...) Y así un largo etcétera de reivindicaciones perfectamente inteligentes por evangélicas y eclesiales.
Entonces, ¿por qué ese empeño en señalar solamente lo que se considera pernicioso y desviado en la "doctrina" espiritual del cardenal jesuita italiano?
Se permiten demonizar al ilustre biblista jesuita porque discrepa de la encíclica "Humanae vitae" de Pablo VI, por más que su discrepancia no es total sino muy parcial. Esto es sin duda discutible, es decir, es en efecto discutible que un cardenal de la Iglesia pueda hacer tal cosa. Sin embargo, lo que me parece inadmisible es que por esa discrepancia entre su postura doctrinal y la del Magisterio (limitada, según expresa Carlo Maria Martini, a casos límites en la vivencia de la sexualidad humana, y no en modo alguno a todos los casos), se llegue a escribir que Martini lo que pretende es que se hunda la barca de Pedro. Creo que no es para tanto, ¡ni muchísimo menos!
Permítanme un exordio. Pedro Vallina, Viñas, Isaac Puente, el doctor Queralto y José Martínez fueron, los cinco, ilustres médicos anarquistas. Los cinco vivieron la medicina como un servicio a los más humildes, de manera que a menudo no cobraban la consulta a los pobres; hoy día, muy por el contrario, la casi totalidad de los médicos cobra, y no poco precisamente, por consulta dada, a menudo no desde un ejercicio médico humanista precisamente; las clínicas privadas (algunas de ellas pertenecientes al Opus, por cierto, y por tanto no precisamente centros médicos de atención preferente a las clases sociales más humildes)... En fin.
Isaac Puente, Viñas, Pedro Vallina, Queralto y José Martínez fueron médicos rurales, naturistas, neomalthusianos y eugenistas. En no pocas de sus ideas se equivocaron muy probablemente. Sin embargo, ¿sería justo afirmar que lo que desearon fue el hundimiento de la humanidad, la explotación del hombre por el hombre, el triunfo de los fuertes sobre los débiles...? ¿Sería justo y bueno y noble afirmar que porque creyeron en el control de la natalidad y no precisamente en la castidad fueron unos malvados que quisieron llevar a la humanidad a la perdición? ¡Vamos hombre, por Dios! En absoluto, y sí más bien todo lo contrario.
Pues algo idéntico me atrevería a decir del cardenal italiano Carlo Maria Martini: en sus más recientes libros traducidos y publicados en España, claro que a mí también me choca un poco su postura sobre la "Humanae vitae", sobre el uso del preservativo como mal menor en algunas situaciones humanas dramáticas (nunca el cardenal aboga por el uso generalizado del condón), sobre lo difícil que le resulta "condenar" a las parejas homosexuales (a mí también me resulta difícil "condenarlas"), sobre la conveniencia de que la Iglesia católica se decida a ordenar como sacerdotes ministeriales a "viri probatti" (hombres casados de fe probada)... Con todo, podré afirmar que en esto o en aquello puede que no esté de acuerdo con el cardenal Martini, pero nunca descalificarlo sumarísimamente. Nunca pasando a no reconocer todo lo que hay de bueno, humana, eclesial y evangélicamente hablando, en su magisterio.
Desde luego, creo que la intransigencia doctrinal nos llevaría más bien a un callejón sin salida que a una plaza de libertades, digámoslo así; es decir, más a una Iglesia enroscada sobre sí misma que abierta al anuncio samaritano del evangelio de Jesucristo, cuyo nervio es la solidaridad, el amor a los pobres y sencillos.
En fin, si en algo me he equivocado con esta reflexión o en algo les he ofendido a ustedes, diligentes representantes de la más pura ortodoxia doctrinal, litúrgica y espiritual, mis disculpas.
LUIS ALBERTO HENRÍQUEZ LORENZO.
15/09/09 1:04 AM

martes, 19 de diciembre de 2017

"Oda al rodaballo"
 
 
 
 

Admito sin falsa modestia ni pesar alguno que estoy muy lejos de la grandeza poética de Pablo Neruda en Las odas elementales -sucesivamente ampliadas en Nuevas odas elementales, Tercer libro de odas y Navegaciones y regresos-, y aun por lo que dice al resto de la obra literaria del Nobel chileno, pero si el muy celebrado autor de Veinte poemas de amor y una canción desesperada pudo escribir odas a la cebolla y a otras tantas realidades a menudo propias o constitutivas de la humana cotidianeidad (a la alcachofa, al vino, al libro, al mar, al tiempo...), ¿por qué no titular esta reflexión "Oda al rodaballo", aun a sabiendas de que el título pudiera no ser del todo afortunado o que incluso hubiera de desorientar a más de un lector, toda vez que el meollo y la tesis de esta reflexión giran en torno a la pregunta por Dios, esto es, por el sentido de la vida, o lo que viene a ser lo mismo aquí y ahora, por las razones de ser y el alcance de una ideología que está cada vez más presente en nuestra sociedad con el nombre de animalismo?Image result for animalismo
 
 
 

De manera que en efecto "Oda al rodaballo" puede parecer título frívolo y despistante si consideramos lo que acabo de señalar en el párrafo precedente, pero, desde luego, ante la sola visión del rodaballo al horno que aparece fotografiado en el Facebook de un agregado que tengo, con el que comparto inquietudes sobre el calamitoso estado actual de la Iglesia pastoreada por el papa Francisco, Iglesia despellejada viva por la apostasía...  
 
 
 

Pero bueno, al grano, sin más dilación vamos con el artículo de marras (en cursiva):
 
 
 

El rodaballo es exquisito, uno de los pescados de carne más apreciada, y ciertamente ese gran plato de rodaballo al horno tiene una pinta que le quita cualquier depresión a cualquiera. En verdad o en mi intención, también afirmo esto porque conozco a personas animalistas que -no contentas con llamarnos, no raramente,  asesinos o torturadores a los que comemos productos de origen animal, y torturadores o defensores de torturadores a los que sin ser especialmente aficionados a la tauromaquia ni a las riñas de gallos sí somos al menos defensores de que haya aficionados y cultivadores de las mismas-, se refieren a sus mascotas como "seres queridos que han fallecido o que merecen sepultura". Desde luego, a tenor de sus palabras manifiestan querer más a sus mascotas animales que a sus seres queridos del género humano, por cuyo descanso eterno no deben rezar nunca, puesto que tales animalistas se confiesan ateos o agnósticos en el 98% de los casos, lo menos.
 
 
 
De manera que no rezando por sus seres queridos, puesto que no creen en el destino eterno del alma de las personas, tampoco deben rezar por sus mascotas, y sin embargo dan a entender a menudo que parecen preferirlas, y que las echan de menos, no en vano situándolas en el podio reservado a los seres queridos humanos. En definitiva, ¿hace falta insistir más en lo moral y trágicamente enferma que está esta sociedad, en lo mortecina o mortalmente enferma que está?
 
 
 

A mí me duele como al que más la pérdida de mis seres queridos y me asusta mi propia muerte, a la que no podré escapar y la cual solo desde Cristo el Señor se puede alcanzar a asimilar y comprender en todo su desgarro humano, inevitablemente humano, pero yo cuando en Navidad puedo llegar a comer carne de cerdo, pongamos, u otros productos de origen animal, no me conduelo por los millones de cochinos cebados en España, ni por las gambas arrebatadas al mar, y sí que querría que ninguno de mis seres queridos hubiera fallecido, los echo de menos por momentos, y ni que decir que no querría morirme yo. Porque yo, dicho con don Miguel de Unamuno, ¡no quiero morir!, ¡siento sed de eternidad, de infinito, de Absoluto, sed de Dios! 
 
 
 

Entonces o así las cosas, siendo inevitable la muerte, solo considero la única respuesta que me es dado conocer vencedora de la muerte: Cristo el Señor, Rey de Reyes, Señor de la vida y de la historia. O es más: si pienso en mi afición remota y adolescente por las palomas, pongamos, inmensamente más amor mezclado con un cierto poso de tristeza por haberlos perdido, siento por mis seres queridos fallecidos que por las palomas, los perros, los pájaros o los gatos que yo mismo haya podido tener, criaturas de Dios gracias a las cuales he pasado momentos felices, sin duda, ¡pero no comparemos con la felicidad que nos es dada y a la vez exigida para con las personas! Ciertamente, lo hemos deshumanizado y desvirtuado todo, o casi todo, en un proceso como imparable de desacralización. Dicho y lamentado con el novelista francés George Bernanos: "Un sacerdote menos, mil pitonisas más".
 
 
 

Chapoteando en la actual apostasía radical, trufada de materialismo, paganismo, hedonismo y nihilismo, hemos elevado el necesario respeto a los animales a la categoría de ideología que se atreve a comparar la dignidad de las especies animales con la dignidad solo debida al hombre, que es única, intransferible, porque Dios así lo quiere en su proyecto de creación y de salvación.
 
 
 

Así, desde la chifladura deshumanizante  animalista hay el proyecto de pedir a las administraciones públicas que prohíban el desfile de dromedarios en las Cabalgatas de Reyes, cabalgatas en las cuales Gaspar, Melchor y Baltasar reviven, año tras año, la ilusión de millones de niños y niñas. Alegan que los dromedarios se estresan ante las riadas de personas y de coches y que, ciertamente, no están para eso los dromedarios. Esto es, los pretendidos o reales "derechos" de los animales por encima de tradiciones humanas que, transmitidas de padres a hijos, perviven en la entraña de los pueblos de tradición cristiana. O musulmana, toda vez que ¿alguien se imagina la pervivencia de una sociedad como la de los tuaregs sin la secular presencia del dromedario -al que aprovechan o usan como animal de cabalgadura, de carga, como productor ocasional de leche...-, animal imprescindible aún hoy día para las distancias en el desierto?    



Los animales merecen respeto, merecen que no se les trate como a cosas, merecen que no se les maltrate de manera innecesaria o meramente sádica, pero al no ser sujetos morales carecen de derechos y de deberes; así, es el hombre, varón y hembra, el que debe disponer para con los animales diversos códigos de eticidad.
 
 
 

Creo en la resurrección de los muertos, que es la única fe, entiendo, que nos puede salvar de que la muerte que desgarra y desola tenga la última palabra. Y lo digo yo, quien no termina de asumir el doloroso paso que es la muerte (repetido con José Luis Martín Descalzo: "Morir solo es morir, morir se acaba./ Morir es una hoguera fugitiva./ Es cruzar una puerta a la deriva/ y encontrar lo que tanto se buscaba."), porque ciertamente mi fe en Cristo y en su Iglesia está a años luz de la de una santa como Teresa de Ávila, pongamos, quien se gloriaba de creer y sentir: "Solo Dios basta, muero porque no muero...", o porque siento todavía, nietzscheanamente hablando, mucho apego a la tierra.



Sin embargo, aunque mi fe es débil, a todas luces muy mejorable, me atrevo a proclamar: feliz final de Adviento, feliz Navidad y próspero 2018, feliz Día de Reyes.



21-12-2017. Luis Alberto Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.   

jueves, 26 de octubre de 2017

"Algunos restos del naufragio"
 
 
 
 

Nota: el marco de esta reflexión es un artículo publicado en la bitácora católica Como Vara de Almendro. El escrito de marras es una advertencia, una más, sobre un supuesto plan ecumenista y radicalmente protestantizante de la Eucaristía que estaría impulsando el papa Francisco y que tendría como fecha de culminación u oficialización el inminente 31 de octubre. Dicho con otras palabras: vertebrar una celebración litúrgica que uniese en comunión, en común unión sacramental, en la misma mesa común y compartida, en torno al altar, a católicos y protestantes.
 


A decir verdad, Internet es un clamor de bitácoras y de humildes y muy personales sitios que justamente claman contra el que, sin ningún rubor, llaman ya calamitoso pontificado de Jorge Mario Bergoglio, devenido en papa Francisco allá por los albores de la primavera de 2013. De manera que si en la muy grave hora eclesial presente los pastores callan, por miedo, por traición cobarde, por carrerismo, por prudencia o por lo que sea, cada vez hay más seglares que no callan sino que, dando un paso al frente, denuncian con diversa lucidez y diversa profesía el rumbo errático de una Iglesia que sigue haciendo aguas por todas partes, como señaló en su momento el hoy emérito Benedicto XVI, amenazada ciertamente por el vendaval de la heterodoxia, la laxitud moral de muchos de sus hijos e hijas; en definitiva, atenazada y despellejada viva por la Gran Apostasía.
 
 

Pero es que es más: para un vaticanólogo de tanto predicamento como el italiano Marco Tosatti  (distinguida firma invitada de esta Como Vara de Almendro), el que yo que estas líneas escribo me limito a denominar, por falta de información suficiente, como supuesto plan para la creación de una suerte de misa ecuménica válida para católicos y protestantes, de supuesto nada: Tosatti da nombres al frente de esa comisión de "expertos" bajo la supervisión directa del propio Francisco. Comisión de expertos que estaría trabajando actualmente en la gestación de una suerte de liturgia ecuménica y eucarística, con la salvedad o singularidad de que carecería de una anáfora válida y, en consecuencia, no acontecería en verdad el misterio de la transubstanciación en esa liturgia ecuménica; por ende, más escorada hacia el memorial de la Última Cena protestante que hacia la tradicional noción católica de que la Santa Misa es el sacrificio incruento de Cristo. 
 
 

Sea como sea o lo que ulteriormente viniere a ser este asunto, lo innegable son las simpatías del papa Bergoglio por la figura del "grotesco heresiarca" Martin Lutero. (La expresión entrecomillada la tomo del también argentino Dr. Antonio Caponnetto, uno de los principales intelectuales católicos críticos con el pontificado de Jorge Mario Bergoglio, ya desde los tiempos en que este era arzobispo de Buenos Aires en Argentina; también Antonio Caponnetto, que fulge como poeta, historiador, profesor y apologeta católico, se muestra -cfr. sus artículos "Familia cristiana o Amoris Laetitia" "Breves reflexiones sobre Misericordia et Misera": Adelante la Fe, 5/10/ 2017 y 30/11/2016, respectivamente- como implacable crítico de la trayectoria ideológica del filósofo español Carlos Díaz, a quien Caponnetto considera un farsante de tomo y lomo, un sincretista sin remedio, un  mero fraseólogo -escritodorzuelo lo denomina-, un bergogliano desvergonzado, un gurú de sí mismo y por ende ególatra descomunal, una suerte de superpalmero del propio Francisco o tal vez, quién sabe, sea Bergoglio quien plagie al español -y eso que Caponnetto no conoce al polígrafo conquense...-).Image result for antonio caponnetto


De las simpatías bergoglianas por el grotesco heresiarca dan cumplida noticia tantas bitácoras de Internet que no es necesario detenerse sobre este particular. Si Francisco ha llegado a decir del exfraile agustino alemán (sin el menor asomo de duda, el padre de la Reforma llegó a ser por derecho propio uno de los decidores de la mayor cantidad de insultos, vulgaridades, obscenidades, falsedades, injurias e improperios contra la Iglesia y el Papado que ha conocido la historia toda de la Cristiandad) que fue "un auténtico testigo de la fe crística", vamos, un enamorado de Cristo, toda vez que su intención de reforma eclesial fue legítima y justidicada, por qué dudar de lo que asegura el muy documentado vaticanólogo Marco Tosatti: en la agenda de demolición eclesial de Francisco está precisamente lo más sagrado de la fe de la Iglesia: atentar contra la Sagrada Eucaristía, protestantizando la Iglesia en una espiral como sin retorno. Agende de demolición eclesial que sigue las directrices o el programa trazado por la llamada "mafia de San Gallo": un selecto grupo de cardenales y obispos de la talla del también jesuita Carlo Maria Martini, G. Danneels, Murphy O'Connor, Silvestrini, Walter Kasper, Karl Lehman, y algunos más, que al parecer habría hecho cabildeo a favor de la candidatura de Jorge Mario Bergoglio a la Cátedra de Pedro, cosa totalmente prohibida en el Código de Derecho Canónico de la Iglesia y que por sí sola deslegitimaría (en verdad, estaríamos hablando de una excomunión automática o fulminante tipificada como latae sententiae) la elección a la Silla de Pedro del argentino Jorge Mario Bergoglio. Todo lo cual es reconocido por el casi nonagenario cardenal belga G. Danneels, que aún vive, en una reciente biografía suya autorizada.
 
 
 
Y seguidamente mi comentario como forista en Como vara de almendro:
 
             
 
 
 
Hasta qué extremo llega la irreverencia hacia la Eucaristía o Santa Misa (adrede con mayúsculas ambas), es un hecho cada día más constatable en nuestras parroquias, y lo intentaré ilustrar con un testimonio personal, o sea, verídico.
 
 

La pequeña iglesia a la que a veces acudo los domingos a misa, ha habido ocasiones en que no ha congregado ni a 30 personas; en su mayoría, mujeres ya mayores, algunas muy viejas, algunos pocos hombres ya maduros o hasta igualmente viejos, y algún que otro joven que siempre se cuenta con los dedos de una mano y sobran dedos. No obstante, hace un par de domingos me sorprendió que poco antes de iniciarse la celebración  eucarística, riadas de jóvenes, casi todos eran jóvenes, fueran acercándose al templo. Yo, que no soy tonto del todo, al “olerme” el pastel entré antes de que por fin se decidieran a entrar todos los que se iban arremolinando a las puertas del templo, y me situé al fondo de la iglesia, en un lateral. Y acto seguido, ¡zas!, esto es, enseguida se dieron a entrar; acabaron llenando el templo.
 
 

Pues bien: ni uno de los que entraron, literalmente ni uno (al ser pequeña la iglesia, no es tan difícil echar un vistazo a prácticamente todos los fieles que la puedan ocasionalmente llenar) entró manifestando el más mínimo decoro, respeto, sensibilidad religiosa o litúrgica. Nada, absolutamente nada, irreverencia total. Algunos incluso entraron de forma tan irreverente o irrespetuosa que a mí se me ocurrió pensar en el acto que de forma tan indecorosa no se les ocurriría entrar a una discoteca, a cualquier sala de fiesta, pongamos. Recuerdo, así por ejemplo, a un muchacho joven que entró, ya comenzada la celebración, mascando chicle y gritando el nombre de no sé quién que debía estar en el templo. ¡Gritando, a grito pelado! Dios sabe que no exagero.
 
 

Mujeres con trajes descubiertos por  la espalda que mostraban que iban casi que con los pechos al aire, o sea, sin sujetador; la expresión es fuerte, me acusarán algunos de machista, pero la dejo escrita, lo escrito escrito está, para poner de relieve que si la insinuación y mostración de los senos de una mujer tiene pleno sentido en determinados contextos, en un templo católico... Yo calculo que por lo menos el 90 por ciento, si no más, estuvieron durante toda la Santa Misa dándole a la sin hueso y, por supuesto, sin hacer ningún tipo de rúbrica reverente. Nada de nada.
 
 

Estaban allí congregados porque se celebraban dos bautizos; la madre de uno de los bautizados, también ataviada con un muy fresquito traje totalmente descubierto por la espalda: su portadora, ergo también sin sujetador.
 
 

Todo lo que vieron mis ojos y escucharon mis oídos, que ver tiene con la ignorancia, sin duda, sobre todo tiene que ver con la aplastante y contagiosa apostasía que hoy día estamos viviendo en la sociedad y en la Iglesia. Y que nos está llevando a un derrumbe moral sin precedentes. La crisis de valores es brutal: el procés catalán es fruto podrido de la Gran Apostasía; la malcriadez y la indisciplina en las aulas de Secundaria, no solo es futro de la inmadurez propia de la adolescencia, es fruto de la espantosa crisis de valores que nos enferma y asola: fruto del alejamiento de Dios; el desvergonzado espectáculo que dieron en la pequeña iglesia de mi pueblo docenas y docenas de invitados a, sin duda, un mero acto social en forma de bautizos, lo mismo; la indiferencia y el materialismo actual que nos conducen al salvaje “sálvese el que pueda”, también. Y así podríamos citar con dolor, pero ojalá que también sin perder la esperanza, docenas y docenas de realidades actuales de desfondamiento moral y demolición eclesial.
 
 

Image result for marco   tosattiNo obstante, ¿hace falta reconocer que pese a todo lo que está cayendo, ahora más que nunca es tiempo de creer en Dios, es tiempo de esperanza en Cristo que salva?
 
 
 
26 de octubre, 2017. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.

viernes, 13 de octubre de 2017

"Algunas perplejidades en torno al procés catalán"




¿No hay más que escuchar las prédicas repletas de mentiras, chantaje al Estado de derecho español, demagógica manipulación de la historia y odio, por decreto, contra todo lo español que vienen propalando las fuerzas del separatismo catalán, desde hace 40 años, para darse cabal cuenta de la calaña del grueso de los integrantes de la CUP, la Ezquerra Republicana, la TV3 catalana, el gubernamental PdCat...?


Desde la época de Felipe González (dudoso socialista hoy día multimillonario tal vez a base de hacerse pasar por socialista que...), el nacionalismo catalán, diríamos que intrínsecamente separatista, viene siendo financiado por el Estado español. Mas el nacionalismo (ideología que fácilmente se traviste de xenófoba, supremacista y perversa) es insaciable, de manera que ahora el Govern, el Parlament y toda la Generalitat en peso o en bloque han proclamado la independencia de Cataluña, de manera en apariencia como retardada, ambigua, equívoca pero... Al margen de toda legalidad, incurriendo en delitos tipificados como tradición y sedición al Estado español, personajes como Carles Puigdemont, Junqueras, Joaquim "Panchito" Forn (es hijo de ecuatoriana y casi toda su familia radica en aquel país andino, y empero el susodicho es separatista y ahora golpista) y resto de sediciosos y secuaces proclaman la independencia de Cataluña. Image result for separatismo catalan


Y entretanto, el Gobierno del Partido Popular, que es cada más descaradamente un partido adscrito al espectro ideológico de la derecha pagana, ideología también de estirpe masónica (uno de cuyos conspicuos voceros o ideólogos es el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, liberal furibundamente anticrístico, anticatóico, allende sus innegables talentos como genial o magistral literato), a verlas venir, ¿por qué? ¿Acaso porque Mariano Rajoy, asimismo masón, es un cobarde y consentidor de campeonato en lo concerniente a tomar medidas contra la corrupción política partidista y contra la amenaza separatista? Si Carles Puigdemont y resto de sediciosos, traidores y golpistas empeñados en destrozar España están de hecho fuera de la ley, ¿por qué no se actúa contra los tales como exige la propia Constitución española?


Y asimismo también o entretanto, otro enemigo de España y para más inri también dudoso socialista de los que viven del socialismo y que (obviamente, me refiero al ínclito Pedro Sánchez)..., ¿qué hace, aparte de repetir el mantra en pro de diálogo y más diálogo con los nacionalistas separatistas catalanes? Y Pablo Iglesias y su Podemos -que tanto hablan de democracia cuando resulta que es un partido político, conglomerado ideológico, movimiento social o como se prefiera denominarlo, financiado por Irán y Venezuela, países que no son precisamente democracias modélicas-, ¿qué hacen por su cuenta y riesgo, aparte de favorecer el separatismo catalán? Pues eso: favorecer el separatismo catalán.


Entonces así las cosas, ¿igual la solución la puede dispensar el veterano Josep Borrell, a la sazón de la vieja guardia del PSOE? Notemos que Borrell no es separatista, ciertamente, pero es masón, o sea, ultralaicista; es no poco brillante orador, políglota, europeísta, tal vez sea un hombre culto y curtido en mil batallas políticas y parlamentarias y... En su calidad de expresidente del Parlamento Europeo y miembro de honor de la Fundación Francisco Ferré i Guardia (anarquista, pedagogo de la escuela libertaria y masón que se singularizó en la Semana Trágica Catalana), Josep Borrell nunca va a proponer un rearme moral de Europa en la línea de la inspiración de los llamados padres de la Gran Patria europea: Alcide de Gasperi, Robert Schumann, Konrad Adenauer (alguno de estos en proceso de canonización). Si estos concibieron la unidad de Europa en torno a los valores y las raíces de la tradición judeocristiana y grecolatina, personajes como el ilustre catalán Josep Borrell van a seguir a pie juntillas el ideario masónico del Nuevo Orden Mundial auspiciado por la ONU, por el Club Bilderberg, por George Soros: "domesticación" del cristianismo (tarea en la que, por cierto, parece estar trabajando mucho y bien Jorge Mario Bergoglio, no en balde devenido en papa Francisco ¿gracias al cabildeo de la llamada Mafia de San Gallo conformada por cardenales como el también jesuita Carlo Maria Martini, Walter Kasper, Karl Lehman...? ), universalización de la ideología de género y del homosexualismo, promoción de la anticoncepción, el aborto libre y la eutanasia...


"The answer, my friend, is blowing in the wind", cantaba Bob Dylan hace más de 50 años. Y cuando el genial cantautor norteamericano, también Premio Nobel de Literatura, cantó esta emblemática canción (himno de toda una generación inconformista y contestataria) en el Vaticano mismo ante la atenta mirada y me supongo que todo oídos de un ya anciano Juan Pablo II, este le replicó: "La respuesta, mi amigo, no está flotando al albur del mero soplo del viento; la respuesta está en el soplo del viento del Espíritu que viene de Dios".


Pues esto mismo: lo que está pasando actualmente en Cataluña, bajo la cómplice, traidora y escandalosa mirada de buena parte del episcopado y clero de la Iglesia católica que peregrina por las tierras que vieron nacer al genial Antonio Gaudí y al jesuita escritor Luis Coloma, autor del muy popularizado cuento titulado "El ratoncito Pérez", es el fruto podrido de una sociedad neopagana, materialista y apóstata, por ende vacía de Dios, la cual, al tiempo que niega al autor de la vida y único señor de la historia, propone como ideología de reemplazo a esa misma ausencia del autor de la vida y señor de la historia (arrancado de raíz de la sociedad misma) la exacerbación del nacionalismo, la entronización del mismo como ideología que rechaza y reemplaza al mismísimo Dios. 


Ergo: nacionalismo separatista catalán o última fase de la degradación de una sociedad que vive como si Dios no existiera y de una Iglesia (la catalana; o mejor, la católica que peregrina por Cataluña) que ha traicionado a Cristo, so pretexto de cerrar filas y bajarse los pantalones ante la ideología nacionalista separatista. O incluso más fácil: léase la carta-manifiesto firmada por personalidades de la talla de Fernando Savater, Rosa Díez o María San Gil, miembros los tres de la iniciativa ciudadana Basta Ya, contra el procés catalán o catalanista. ¿Cómo no firmarla de quilla a perilla, contra el totalitarismo de los nacionalismos en general y del separatismo catalán en particular? Al mismo Savater no le llega quien estas líneas escribe a la suela de los zapatos, intelectualmente hablando, y ello empero no es óbice para la oposición permanente a muchos de los fundamentos e inspiraciones del ideario del eximio escritor vasco, solo que lo cortés no quita la valiente: "Chapó, profesor Savater, por encabezar o coencabezar una carta-manifiesto que desmonta tan lúcidamente y además con brevedad que se agradece las mentiras y fabulaciones del nacionalismo. Dios te lo pague (y va sin ironías, pues tu ateísmo es conocido y aun celebrado por no pocos)". 


13 de octubre, 2017. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.  


     

jueves, 10 de agosto de 2017

Un Rufián llamado Gabriel
 
 
 
 
Gabriel Rufián Romero es un barcelonés de 35 años (ya cumplidos, nacido el muchacho en 1982). Izquierdista y separatista, al parecer experto en derechos sociales y recursos humanos, no es por ende ningún secreto suponer bien cuáles deben ser esos recursos y derechos para un joven izquierdista, o sea, ultraprogre, esto es, laicista, catalanista desde el sentimiento independentista o separatista: sí al aborto, sí al laicismo aun en sus versiones más extremas, sí a las reivindicaciones de los colectivos LGTBI, sí al multiculturalismo, sí al feminismo y la ideología de género, sí al marxismo cultural, sí al antifranquismo más caduco y desinformado, sí a la sectaria memoria histórica de José Luis Rodríguez Zapatero...
 
 
 
A decir verdad, a mí la persona de este Gabriel Rufián Romero me trae al pairo; como la mía a él, de la que él no tiene por cierto noticia alguna, por más que yo sí sea socialista de verdad, de los que no cobran por serlo, en tanto él sea ya un político profesional de la estirpe de los políticos independentistas catalanes que aunque odian a España cobran nada desdeñables emolumentos procedentes de los impuestos de todos los españoles; esto es, este sujeto Rufián ya ha devenido señor de esa casta privilegiada que meramente vive de la política ya sea tocando la cuerda de la derecha, la izquierda o el centro, tanto monta monta tanto. Asimismo, reconozco que no debo ocuparme de su vida, no tiene por qué importarme lo más mínimo lo que hace o deja de hacer, quiénes son sus amigos, cuáles son sus preferencias, sus gustos, sus comidas preferidas o a qué dedica el tiempo libre... Como que en lo estrictamente personal, ni conozco a Rufián Romero ni tengo nada absolutamente contra él, ninguna cuenta pendiente, ni propósito alguno de desear que le vaya mal en la vida y sea un infeliz. Y también, no se olvide, debo poner máximo cuidado en no entrar en juicios sobre ese sagrario que es su conciencia.Image result for gabriel rufian romero
 
 
Reconocido y admitido lo anterior, como resulta que este Gabriel me parece que hace tan poco honor a su nombre angelical y sí tanto honor a su primer y rufianesco apellido, es como si me fuera irresistible el no intentar rechazar el ideario ultraprogre, sectario (resulta alucinante tomar conciencia de cómo un individuo de la calaña de este Rufián es diputado en el Parlamento catalán), desinformado y maquiavélico -casi estoy pensando en afirmar que malvado- de tal sujeto. Y claro, si hago esto, si obro así es porque en este asunto estamos considerando sus opiniones, sus posicionamientos ideológicos; vamos, que creo que sí me asiste el derecho a entrar en el debate de las ideas, en este caso poniendo en solfa sus mentecatadas de político profesional progre y su descarado matonismo parlamentario, las cuales demuestran la pordiosera deriva a la que ha llegado gran parte de la castuza política izquierdista actual, siempre con las loables excepciones de rigor confirmantes de la regla. 
 
 
Expresado con otras palabras: he tenido ocasión de escuchar en varias ocasiones a este sujeto y desde luego, vaya una ignominia escuchar sus declaraciones, a cuál más falsa, ramplona, demagógica, insolidaria (el independentismo es insolidario de raíz, es burgués de nacimiento casi siempre, opuesto al internacionalismo proletario), sectaria y desinformada. La última de sus intervenciones públicas a las que he tenido acceso, un debate, un cara a cara televisivo con el famoso P. Apeles, sacerdote de apariencia y formas muy conservadoras, completamente ortodoxo en su ideario doctrinal, hombre culto y bien informado, al menos dentro de lo que cabe, y lanzado a la fama mediática hace algunos lustros. El sacerdote católico Apeles y este Rufián debaten en ese espacio televisivo citado sobre si sí o si no al Valle de los Caídos, sobre si es un monumento franquista y por ende es percibido como un intolerable homenaje a la memoria de las víctimas de solo uno de los bandos guerracivilistas, con lo cual el bando de los perdedores -al que pertenece este Rufián, a pesar de su más que segura vida burguesa que en nada se parece a la de los descamisados que dice defender- tiene en ese monumento de El Valle de los Caídos un motivo de sufrimiento y disgusto permanente, etcétera.
 
 
Rufián, ante el padre Apeles lo que queda en evidencia es tu supina ignorancia y tu insoportable sectarismo. Hasta tal extremo la cosa, que uno no puede sino considerar que ante sujetos como tú se hace imposible el razonamiento más elemental. Durante todo el debate o intento de debate, te muestras solo como un marrullero que -permítaseme el símil pugilístico- solo da golpes bajos malintencionados, con que rehuir la justa pelea, esto es, el debate desde las razones, los argumentos, la verdad de los hechos. Por tu parte, solo marrullerías, bulla, gresca, trampas, intención de embarrar el campo de batalla, digo de debate. Con decir que la mentira, el insulto soez, la calumnia y los tópicos manidos es lo único que aportas a tal debate a que venimos refiriéndonos. Tu contrincante te gana por los puntos y por KO.


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Como sabrás tú mismo o debieras, todos nos equivocamos -y yo el primero-, somos frágiles y la verdad absoluta solo la atesora Dios, en quien tú no crees. La Iglesia, a la que tú desprecias, tampoco es la verdad absoluta, sino que da testimonio de quien es la verdad, el camino y la vida. Con estas obviedades o fundamentos propios de cualquier vademécum de doctrina católica, también pretendo revelar que creo en la libertad de pensamiento, de suerte que la verdad no se debe imponer sino proponer, solo que justamente por esto mismo confesado, Gabriel Rufián Romero, no tengo más remedio que reconocer que tus palabras te muestran siempre tan lejos de la verdad que... Que perteneces, Rufián, a ese desgraciado y muy desagradecido grupo secesionista de políticos catalanes que, aunque odian a España, cobran pingües emolumentos del erario público y de los impuestos de todos los españoles. A mentirosos, demagogos, cínicos, burgueses, racistas, supremacistas y manipuladores de la historia y alienadores de la realidad casi que no hay quien les gane a ustedes, llámense ustedes Rufián, Joan Tardá, Carles Puigdemont, Oriol Junqueras, Ana Gabriel, Pilar Rahola, Joaquín Panchito Form, Lluis Llach...


Menuda patulea infecta, que afirma de todos ustedes el periodista, escritor, comunicador radiofónico y empresario Federico Jiménez Losantos. O menudo matón parlamentario eres, Rufián, como de ti dice el filósofo y comentarista de la actualidad Gabriel Albiac. Vamos, que si tú en verdad eres de izquierdas yo soy chinoparlante y... 
 
 
Y ahora luego de esta nota reflexiva, habrá quien piense que es que yo soy un incondicional del famoso P. Apeles.
 
 
10 de agosto, 2017. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de Humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.