sábado, 11 de mayo de 2019

NOTA (ojo): todo este "material" que estoy subiendo, LÉANLO, empápense de él, con vistas, obvio, a un último esfuerzo de preparación de la EBAU. Luego en las horas de clase pueden asistir, si así lo estiman, para justamente trabajar todos estos textos y esquemas de contenido.

Ánimo, esfuerzo en el estudio, serenidad, buena onda, y nos seguimos viendo.


“Un día habrá una isla”, de Pedro García Cabrera

Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado.
Que me entierren en ella,
donde mi libertad dé sus rumores
a todos los que pisen sus orillas.
Solo no estoy. Están conmigo siempre
horizontes y manos de esperanza,
aquellos que no cesan
de mirarse la cara en sus heridas,
aquellos que no pierden
el corazón y el rumbo en las tormentas,
los que lloran de rabia
y se tragan el tiempo en carne viva.
Y cuando mis palabras se liberen
del combate en que muero y en que vivo,
la alegría del mar le pido a todos
cuantos partan su pan en esta isla
que no sea silencio amordazado.



Contextualización del poema (o sea, localización): a qué obra pertenece el poema; quién es su autor y cómo era su tiempo histórico.


Pedro García Cabrera (Vallehermoso, La Gomera, 1905-Santa Cruz de Tenerife, 1981) es, sin lugar a dudas, una de las figuras literarias canarias de mayor proyección. Su vida y su obra vienen conformadas por dos constantes: su claro compromiso social y su especial atención hacia el paisaje isleño. En su trayectoria poética hay dos grandes fases: por un lado, durante la primera mitad del siglo XX, García Cabrera parte del modernismo para culminar con la estética vanguardista (surrealista) y con influencias de los poetas de la generación del 27 (sobre todo Lorca y Alberti); por otra parte, a partir de la guerra civil y especialmente durante la larga posguerra, escribe sobre temáticas intimistas y sociales con una clara militancia política de izquierdas. En el primer período colabora con revistas insulares (entre ellas destacan Cartones y Gaceta de Arte, junto a escritores como Agustín Espinosa, Emeterio Gutiérrez Albelo, Domingo López Torres, Domingo Pérez Minik o Juan Ismael), publica dos poemarios antes de la guerra, Líquenes (1928) y Transparencias fugadas (1934), y escribe varios libros a partir del 36 bajo el efecto devastador de la derrota de la II República y el triunfo del fascismo. Tras ser encarcelado y desterrado por republicano, en los años 50, 60 y 70, esquivando la censura franquista, se consagra a la poesía social abordando los temas de la libertad y la esperanza en un futuro lleno de cambios, siempre tomando como referencia el paisaje y el paisanaje de nuestras islas. A esta etapa pertenece el poema “Un día habrá una isla”, incluido en el libro Las islas en que vivo (1971), en el que el autor expresa sus ansias de libertad y su sentimiento de rebeldía para compartirlas con todos “cuantos partan su pan en esta isla /que no sea silencio amordazado”. En él no habla de un espacio concreto, sino de una isla que es, al mismo tiempo, exterior e interior; una isla donde se dramatiza el reflejo de sus ansias de libertad bajo la represión franquista.


Caracterización (esto es, determinación del tema). Relación entre las ideas del autor y lo que plantea el texto 


El deseo de libertad y la necesidad de la esperanza conforman el tema de este poema, escrito bajo la dictadura de Franco (no olvidemos que, años antes, el autor había estado preso por sus ideas progresistas). Aquí se reivindica el derecho a vivir en libertad individual y, para ello, el poeta pide fuerza para todos aquellos que sufren la tiranía, estén donde estén, “los que lloran de rabia / y se tragan el tiempo en carne viva”. La isla adquiere, así, una dimensión universal, como espacio en el que la esperanza es posible. A la vez queda claro que no se aspira solo a una libertad individual sino además a la colectiva (“Solo no estoy. Están conmigo siempre / horizontes y manos de esperanza...”). Pedro García Cabrera tenía fe en la palabra como elemento transformador de la sociedad. Este poema, escrito en los años 60 y publicado a principios de los 70 (cuando aún vivía Franco), demuestra que no dudaba en utilizar el verso como un medio de “lucha”, basada en la resistencia y en la esperanza en la llegada de tiempos mejores.



Justificación del carácter literario del texto: métrica, rima, estructura, figuras estilísticas (apartado también denominado, como ya conocemos, análisis de la forma partiendo del tema o del fondo) 


El poema es una silva, constituida por una combinación de versos heptasílabos (7 sílabas) y endecasílabos (11 sílabas). Respecto a la rima, predominan los versos blancos (es decir, sin rima), aunque da relevancia a la asonancia i-a de algunos versos impares (1, 5, 9, 13 y 17), focalizando la atención sobre el concepto “isla”. La estructura del poema se caracteriza por su disposición circular: empieza y acaba de modo similar, reconociendo y necesitando la existencia de un espacio mejor, un futuro más justo y solidario para compartir con los demás (“a todos...”, v.5 y v.16). Esquemáticamente sería esta la secuenciación temática: anhelo y constatación de la existencia de esa isla (versos 1- 2); deseo de yacer en ella... con todos (versos 3-13); reiteración de su deseo... con todos (versos 14-17); anhelo y constatación de la existencia de esa isla (hasta el final).

En cuanto al uso de figuras estilísticas, vemos paralelismos (versos 8, 10 y 12), con la repetición de la misma estructura sintáctica; metáforas en “horizontes y manos de esperanza” (que es también metonimia, pues representa a la gente, la sociedad, con la que el poeta comparte su deseo de libertad) y en “el corazón y el rumbo en las tormentas” (que hacen alusión poética al sentimiento y a la sensatez); hipérbaton (versos 6-7 y 16, con la alteración del orden normal de las palabras); elipsis (al principio del verso 3 se omite la palabra “quiero”); antítesis (verso 16: se contraponen los verbos “muero” y “vivo”).



Josefina de la Torre Millares



Me busco y no me encuentro.


Rondo por las oscuras paredes de mí misma,


interrogo al silencio y a este torpe vacío


y no acierto en el eco de mis incertidumbres.




No me encuentro a mí misma


y ahora voy como dormida a las tinieblas,


tanteando la noche de todas las esquinas,


y no pude ser tierra, ni esencia, ni armonía,


que son fruto, sonido, creación, universo.




No este desalentado y lento desganarse


que convierte en preguntas todo cuanto es herida.


Y rondo por las sordas paredes de mí misma


esperando el momento de descubrir mi sombra.




Nota: RECUÉRDESE que esta poesía ya la comentamos en la Primera Evaluación (el tema o motivo de la maternidad no colmada).


''Me busco y no me encuentro'' es una poesía escrita por la autora canaria Josefina de la Torre, y está incluida dentro de su obra  Marzo incompleto.

Josefina de la Torre nació en el año 1907 en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia artísticamente inquieta. Recibe influencia artística por parte de su tío, Néstor de la Torre y, sobre todo, por parte de su hermano, Claudio de la Torre, quien era un gran poeta y dramaturgo de la época. Este fue quien la impulsó en el ámbito de la literatura y, en mayor medida, la impulsó como actriz mediante las obra teatrales que él mismo dirigía en el pequeño escenario que tenían en su casa familiar de la playa de las Canteras y en las que Josefina participaba como actriz.

En la autora podemos apreciar la influencia de varios de los grandes poetas de la época, sobre todo de varios de los integrantes de la Generación del 27, como pueden ser Lorca, Alberti o el mismísimo Pablo Neruda (ojo, no perteneciente a dicha generación pero sí ligado por lazos de amistad y de camadería ideología con algunos de los miembros de esa pléyade de poetas), además de varios de los intelectuales de la residencia de Madrid, institución a la que se debe trasladar para poder continuar con sus estudios.

Impulsada por sus padres, su hermano y la mujer de este, Josefina de la Torre decide formarse como soprano, y cuando ya había finalizado su formación, realiza varios conciertos, como por ejemplo el que hizo en la Residencia de Estudiantes en el año 1936, actuación que le abrió las puerta de la Orquesta Sinfónica de Madrid. Su voz fue la que le permitió avanzar en varios campos artísticos, como por ejemplo el cine, el séptimo arte, al cual pudo acceder para realizar doblaje con grandes productoras gracias a su voz.

Una vez que estalló la Guerra Civil española, Josefina regresó junto con su hermano y la mujer de este a la isla de Gran Canaria. Una vez que estaban allí, decidieron abrir la editorial ''La novela ideal'', que le permite a la poeta poder continuar con su obra literaria, que se veía dificultada por el régimen de la guerra. En esta editorial publicó bajo el seudónimo de ''Laura Comminges'', nombre que le dio la única gran oportunidad que le brindó la industria cinematográfica. Pero, a pesar de los premios que había obtenido en este ámbito, la autora se desvincula de este tipo de arte, y tras su desvinculación, escribe la obra Memorias de una estrella, que posee como protagonista a una actriz que abandona decepcionada en pleno éxito el entorno al que pertenece por lo ''frívolo'' y ''oscuro'' que es este, haciendo alusión a las malas experiencias que hicieron a la autora desvincularse de esta industria.

Tras esto, la autora vuelve a interesarse por la literatura y por el mundo de las actuaciones. Regresa a Madrid por la puerta grande: una vez reabierto el teatro nacional, Josefina toma presencia en dicho teatro como actriz primera en la obra en la que participaba durante toda una temporada.

Sin embargo, una vez que su marido falleció Josefina decidió mantener un silencio decidido por ella, apagando la gran artista que llevaba dentro. No fue hasta que la Residencia de Estudiantes hizo un homenaje cuando la actriz volvió a sonreír.

En el año 2002 el gobierno de Canarias le concede el premio de la Cruz de la Orden de las Islas Canarias debido a su espléndida trayectoria artística y, meses más tarde, la autora fallece en su casa de Madrid a 12 de Julio de 2002.

''Me busco y no me encuentro'' es un poema que podemos encontrar dentro de la obra 'Marzo incompleto, escrito por la autora Josefina.

Este poema posee como tema central la infancia y el vacío que siente la autora ante la imposibilidad de ser madre.

En cuanto a la estructura interna, podemos decir que el poema posee tres partes diferenciadas: una primera parte, que abarca de la estrofa 1 a la estrofa 4, en la que la autora habla del vacío y la frustración que siente en su vida; la segunda parte abarca del verso 5 al 9, en que la autora muestra su angustia y su dolor por no poder ser madre; y la tercera parte, que abarca del verso 10 al 13, en la que la autora comienza a darle valor a la muerte, la cual está muy presente en su vida y en su día a día.


Cabe destacar además la antítesis realizada en el texto de la obra Marzo incompleto, puesto que Marzo es el mes en el que comienza la primavera, estación de la fertilidad, y debido a que ella no puede quedarse embarazada, nos adelanta en el título que su Marzo va a ser incompleto.


NOTA (O POSTDATA): véase cómo este comentario está hecho sin la señalización de los distintos apartados que por otra parte reconocemos del comentario y que casi exigimos: tema, estructura externa, estructura interna o de las ideas, resumen, tipo de estructura (sobre todo en los textos argumentativos: inductiva, deductiva, circular...). No obstante, si lo analizamos con detenimiento identificaremos algunos de esos apartados a lo largo de la redacción del comentario.

Comentario de texto de "La Chabola" de Pedro Lezcano


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“La Chabola” es un cuento escrito por Pedro Lezcano, poeta, dramaturgo y escritor canario. Dicha obra perteneciente al conjunto de relatos Cuentos sin geografía, la obra más destacada dentro de su narrativa, fue publicada en 1968, la cual a su vez comparte lugar dentro de esa composición con otros diez cuentos, como “Taru o la popularidad” y “Las hermanas de Bonet”.
Pedro Lezcano mantuvo relación con otros escritores de la época como Carlos Buosoño, Gerardo Diego o Carmen Laforet. Él mismo, asfixiado por el ambiente franquista y marcado por el fusilamiento de un maestro de izquierdas, se renueva dando vida a un nuevo hombre determinado por su actitud antimilitarista y pacifista, por lo que hace de sus composiciones dentro de la literatura de la posguerra, un compromiso general con el medio ambiente y el regreso a los valores de una sociedad más sostenible económica y ecológicamente, además de prestar colaboración y presentar debilidad por la población más humilde. Así, se genera la novela social, una narrativa comprometida con conflictos políticos y sociales.
También nuestro autor expone principalmente en sus obras mediante la denuncia, la condición humana y social de la población más humilde, a parte de la presentación del paisaje canario, debilidad que le surge de sus raíces natales.
Dentro de la obra que tratamos, Pedro Lezcano nos muestra la recogida diaria de una familia chabolista, en contraposición con otro momento de impacto mundial, el lanzamiento de un satélite. La conexión entre ambos viene dada por la visita de un norteamericano para informarles de la inmediata desconexión de todos los electrodomésticos, lo que viene unido a la forma grotesca e irónica que le adjudica Lezcano, ya que el hogar descrito posee indudablemente la inexistencia de electricidad.
Siguiendo esa trama, el autor nos expone principalmente el tema de la humildad y el desarraigo de la familia, presente en la pobreza que se describe dado a la chabola.Por otro lado, también aparece el contraste entre personas del mundo, exponiendo de tal forma las desigualdades presentes entre ellas, en este caso de su época tras la guerra. Y por último la condición humana y el territorio.
Pedro Lezcano da vida a pocos personajes a lo largo de su breve relato, pero presenta tres generaciones marcadas.
Por un lado se nos presenta a Juan “el chinchorrero”, humilde y pobre. Además, se hace un implícito hincapié en su capacidad de poder leer (“Por eso Juan, que tiene buen humos y sabe leer los periódicos, suele llamar la ONU a su chabola”). Junto a él, su esposa, María, de la misma condición que Juan.
Los hijos, Pepa, Justo, Isabela y el niño, conforman la generación más joven, en contraste con la vieja Juanitita, donde ambos se describen al igual que el resto de personajes, chabolistas.
Y por último, aunque siendo éste un personaje fugaz pero con cierta importancia en el texto, el hombre americano.
El autor nos presenta el escenario de la obra en el momento de anochecer del día en que transcurre la historia, específicamente su duración corresponde a un día completo. Se expone como lugar la playa, llena de estrellas marinas, en la que se sitúa la chabola de Juan, nuestro protagonista. Dicha chabola se describe como mísera, construida con todo aquello que encontraban, aprovechando las cajas y el plástico de un invernadero de tomates. Además sustituyen las puertas por cortinas, por lo que la suma de ello proporciona la sensación de mayor pobreza.
Dentro de la simbología que se presenta en el texto podemos encontrar el nombre de “Juanitita”, el cual expresa la vejez de la anciana a causa de su desarrollo de “Juanona” al que posee ahora, lo que muestra su deterioro y su longevidad. Además encontramos el elemento principal, la chabola, con su significado propio de pobreza. Por otro lado, las cajas de las paredes, que correspondían a cajas de tomates de exportación; las mareas del pino, que corresponden específicamente a GC, y el americano, que se vinculaba con la planta espacial que se estaba construyendo en Maspalomas durante los años 60.
Pedro Lezcano emplea una serie de recursos estilísticos con la finalidad de adornar, embellecer o exagerar su obra. Por una parte, sitúa al comienzo del texto un caso de metáfora: “hermanas celestes”. A su vez emplea la hipérbole, intensificando el color rojizo de las estrellas “estrellas marinas color sangre”. Por otro lado, durante la explicación del nombre menguante de la abuela, aparece un asíndeton “A juanitita la llamaban juanona cuando niña, juana siendo mujer hermosa, juanita al enviudar ya entrada en años, y ahora, apensa hilvanada ya a este mundo, la llaman juanitita, como si su nombre, menguante año tras año, no fuese el de ella misma, sino el de su futuro cada vez más chico”.  Y por último, una personificación “como sus hermanas palidecerán” y un paralelismo dispuesto en “que Pepa […], que justo […]”
Durante el transcurso de la obra es destacable el uso de lenguaje popular combinado con el irónico, caracterizado por el léxico y expresiones canarias empleadas, introduciendo aún más la sensación del escenario canario. De esa forma Lezcano se sirve de: las mareas del pino, específicas de la isla, volador, carburo, choza, papas, gofio, arrebujar o berrea entre otros.
                A causa de la sensibilidad que poseía Pedro Lezcano comprometido frente a las clases más marginadas y humildes, se presenta principalmente en la obra la idea de desigualdades en la sociedad, transmitida de forma irónica, grotesca y sarcástica, presentando de esta forma un compromiso con la sociedad y realizando una denuncia social.

OPINIÓN PERSONAL

De esta forma, en nuestra actualidad siguen vigentes estas grandes diferencias al igual que la situación de Lezcano, tanto a nivel local, nacional e incluso a escala mundial. Mientras que más de 800 millones de personas pasan hambre en  el mundo, otras 6200 millones viven en gratas condiciones. Datos que demuestran el desolado y prácticamente invisible panorama que se vive.
Por ello, poseemos dos extremos innatos, dos desigualdades prácticamente cotidianas, algo que muchas personas piensan pero en lo que pocos llegan a actuar posteriormente. He de ahí donde podemos observar como los países globalizados, consumistas e individualistas velan por sus propios intereses y pierden la tolerancia y empatía frente a otros ciudadanos, siendo extraídos de sus pensamientos sin tener una mínima conciencia de que ellos mismos o nosotros podríamos haber nacido en esas condiciones.
Así, nuestra sociedad debería prestar mayores atenciones a tantos conciudadanos que existen, simplemente apartando el ojo de nuestros ordenadores y billeteras y prestar servicios o un simple grano de arena en cualquier momento que se nos preste, eliminando el margen tan desagradable entre la población del mundo.

LA CHABOLA

Cuento de Pedro Lezcano

CUANDO anochece igual que hoy sobre la playa, después de haber sacado la red, toda la arena queda sembrada de estrellas marinas color sangre, que durante la noche conservan su brillo y, como sus hermanas celestes, palidecerán quemadas por el sol de la mañana.
La chabola de Juan el chinchorrero está enclavada sobre la arena, en medio de las estrellas. Una sola pared de piedra seca sostiene el armazón; las otras tres paredes las componen multicolores hojalatas y tablas de cajones en las que aún pueden leerse impresas misteriosas palabras en múltiples idiomas. Por eso Juan, que tiene buen humor y sabe leer periódicos, suele llamar la Onu a su chabola.
– Que Pepa esta madrugada vaya a poner en cola las latas del agua, porque luego se amontona mucha gente. Que Justo no se olvide de ordeñar para el crío. Que Isabela no se vaya al almacén sin limpiar a la abuela…
María, la madre, repartiendo órdenes monótonas, anima el fuelle de la cocina, cuyo rezongo azul convoca a la familia al olor del pescado. Una luz de carburo zumba en el techo. Berrera sin cesar el hijo más pequeño, colgado de un retazo de red vieja. Al fondo de la choza, Juanitita, la abuela, ocupa el único colchón aislado con un plástico de invernadero, para que la humedad perpetua de la vieja no llegue hasta los niños.
– ¿Te vas a callar, condenado?
Ya a medio morir, Juanitita la abuela, solo abre los ojos tres veces al día para beber café. Pero como una resaca pequeña y familiar, se le oye a todas horas quién sabe qué rezados.
A Juanitita la llamaban Juanona cuando niña, Juana siendo mujer hermosa, Juanita al enviudar ya entrada en años, y ahora, apenas hilvanada ya a este mundo, la llaman Juanitita, como si su nombre, menguante año tras año, no fuese el de ella misma, sino el de su futuro cada vez más chico.
– Juan, deberías pasarte por el tinglado de los americanos, por si consigues otra plancha para el techo, que el relente gotea en las mantas.
Pero no hay demasiada humedad en la chabola de Juan el chinchorrero; solo en las altas mareas del Pino rezuma la sal mojada al caminar. Por suerte en esas fechas aún suele hacer calor.
– Hoy los americanos han echado otro cohete, y dicen que nos pasará por arriba esta noche.
María saca de la cazuela el pescado, que de puro fresco se revira oloroso sobre las papas nuevas.
– No comprendo cómo se privan con un volador que no hace chispas ni mete ruido.
Juan deja apagar, para después, su Virginio. Se reparte la cena, mientras María amasa gofio y caldo con una vara verde. De pronto, afuera ladra un perro, y unas pisadas llegan de los sonoros guijarros hasta la silenciosa arena. Alguien se ha detenido en el umbral, y una mano desconocida aparta la cortina de lona de la entrada. Bajo el dintel se encorva un señor rubio y elegante, que con extraño acento, dice a la familia:
– Rogamos desconecten televisión, nevera y electrodomésticos hasta mañana, para no interferencias al paso del satélite. Gracias.
Dicho lo cual y como ánima, el visitante desaparece.
– ¿Cuálo dijo que hiciéramos? – susurra al cabo María.
– Ha de ser este crío llorón que despierta a todo el mundo. Como no lo calemos, acabarán echándonos de aquí.
Y esta cena no tiene sobremesa. Cañazo al niño, soplo al carburo, y un asustado arrebujar de mantas en la penumbra lunar de la chabola de Juan el chinchorrero.
[Pedro Lezcano (2003): Cuentos, InterSeptem Canarias: Santa Cruz de Tenerife, pp. 63-65

TIPOS DE NARRADOR



Narrar es contar unos hechos reales o imaginarios que les suceden a unos personajes en un tiempo y en un espacio determinados. Para comprender mejor los textos narrativos es necesario conocer sus elementos básicos: narrador, personajes, estructura, espacio y tiempo. 

Nosotros vamos a centrarnos hoy en el NARRADOR de los textos narrativos. Para empezar, es fundamental que no confundáis los conceptos de narrador y autor, ya que son conceptos diferentes. El autor es la persona que escribe el relato, el narrador es la voz que nos transmite la historia. Por lo tanto, es el autor el que decide qué narrador nos va contar la historia y cómo lo va a hacer. 

Vamos a ver a continuación los TIPOS DE NARRADORES:



1. NARRADOR EN PRIMERA PERSONA (participa en los hechos narrados, los vive desde dentro)


a) Narrador protagonista: el protagonista cuenta los hechos en primera persona, presentándolos de forma autobiográfica.


“Llegó el día de apartarme de la mejor vida que hallo haber pasado. Dios sabe lo que sentí al dejar tantos amigos y apasionados, que eran sin número. Vendí lo poco que tenía, de secreto para el camino, y con ayuda de unos embustes, hice hasta seiscientos reales”. Historia de la vida del Buscón, Francisco de Quevedo. 



b) Narrador testigo: el narrador es un personaje que interviene dentro del relato (personaje secundario) pero no es el protagonista.  Cuenta los hechos que ha visto pero es ajeno al mundo interior del personaje protagonista. (Este tipo de narrador aparece muchísimo menos que la forma o tipo del narrador protagonista.)

"Quisiera no haberle visto más que las manos, me hubiera bastado verlas cuando le di el cambio de los cien pesos y los dedos apretaron los billetes, trataron de acomodarlos y, en seguida, resolviéndose, hicieron una pelota achatada y la escondieron con pudor en un bolsillo del saco; me hubieran bastado aquellos movimientos sobre la madera llena de tajos rellenados con grasa y mugre para saber que no iba a curarse, que no conocía nada de donde sacar voluntad para curarse""" "  . Onetti, Los adioses


2. NARRADOR EN SEGUNDA PERSONA

El narrador se dirige a sí mismo, desdoblando su personalidad para convertirse en narrador y personaje a la vez:
“Gracias a ellos habías aprendido a amar tu ciudad (cosa sorprendente en un carácter difícil como el tuyo este amor mantenido a lo largo de los años hacia unos lugares y unas calles descubiertos sólo al filo de la juventud)”. Señas de identidad, Juan Goytisolo.



3. NARRADOR EN TERCER PERSONA (no participa en los hechos narrados, los ve desde fuera)

a) Narrador omnisciente: tiene un conocimiento total de los hechos y de los personajes, incluidos sus pensamientos y sentimientos: “Ana ya estaba enferma cuando la sobrecogió la catástrofe. Su enfermedad era melancólica: sentía tristezas que no se explicaba. La pérdida de su padre la asustó más que la afligió al principio. No lloraba; pasaba el día temblando de frío en una somnolencia poblada de pensamientos disparatados”. La Regenta, Leopoldo Alas Clarín.



b) Narrador objetivo: solo cuenta lo que puede observar de la  misma forma que lo haría una cámara de  cine. Solo  tenemos conocimiento de lo que dicen o hacen los personajes pero no accedemos a su mundo interior:

“ Terminó de pasar el mercancías y apareció todo el grupo de bicicletas, al otro lado del paso a nivel. Paulina, al verlos se puso a gritarles, agitando la mano: 
-¡Miguel!, ¡Alicia!, ¡que estamos aquí! 
-Hola, niños,-contestaban de la otra parte-¿Nos habéis esperado mucho rato? 
Ya las barras del paso a nivel se levantaban lentamente. Los ciclistas entraron en la vía, con las bicis cogidas del manillar. 
-¡Y qué bien presumimos de moto! -dijo Miguel acercándose a Sebas y a su novia.                                    Venían sudorosos. Las chicas traían pañuelos de colorines, como Paulina, con los picos colgando. Ellos camisas blancas casi todos... Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama.