miércoles, 8 de mayo de 2013

"¿Por qué un sí incondicional a papa Francisco frente a un sí condicional a Berty Russell?"


"El buen cristiano nunca debe estar triste", afirma el carismático papa Francisco.


Lo acaba de afirmar en una de sus catequesis. Y enseguida me he acordado de que esa es una de las razones que adujo, hace apenas un par de años, una joven canaria muy burguesa y muy pija para pasar de mí, a las pocas horas de habernos conocido en persona: "Eres un tipo muy serio, eres un cristiano triste".

Tengo tendencia a la melancolía, ciertamente, es algo que me supera; no tanta, desde luego, como la que tuvo el genial Giacomo Leopardi, uno de los hombres más tristes que han conocido los siglos, el príncipe de los poetas románticos italianos. Y ello empero no le impidió ser buena gente, según cuentan sus biógrafos de él, ni ser, por supuesto, un literato excepcional. A decir verdad, la chica en cuestión hoy día no dudo de que pasó de mí no por ser yo un tipo triste, un cristiano serio (algunos amigos me aseguran que tengo un finísimo sentido del humor), sino por ser yo un hombre de clase media baja, con escasos posibles, y ella una chica de clase media alta tirando a alta alta, burguesa, católica opusina y clasista.

Bueno: agua pasada; que le den... Estábamos una vez más con este Papa que, según afirman algunos, está propiciando la llegada de una nueva primavera a la Iglesia. Santo padre Francisco, siervo de los siervos de Dios que eres, que le pidan no estar triste a una madre con 4 hijos que lleva 3 años desempleada, su marido 2 años desempleado, y ellos al borde del desahucio, de la desesperación, de la ruina, de la calle... Es imposible, humanamente hablando, que tengan permanentemente una sonrisa dibujada en los labios. Aunque es muy posible -y de desear- que amen la vida y que quieran salir adelante, y que incluso crean en el Crucificado-Resucitado, quien, por cierto, también se entristecía. Es más, los Evangelios lo que no dicen es que Jesús se riera, "se descojonara" de risa (admitida la expresión vulgar), pero sí señalan que algunas veces se entristecía.

Y sobre todo, querido papa Francisco, contemplando esta Iglesia católica llena de arribistas, trepas, burócratas antimilitantes, figurones, mediocres, mundanizantes, antinatalistas y meros enchufados, ¿de dónde sacamos la alegría? O en mi caso: habiendo sido ignorado, despreciado y puteado por ciertos eclesiásticos de la Iglesia universal de la que usted es el supremo Pastor, querido Francisco, de dónde sacar la alegría, ¿de la propia Iglesia?

Como no sea de Cristo... Aunque también de la Iglesia se puede y se debe sacar la alegría, esto es, motivos para la alegría, pues nunca ha dejado, la Iglesia, de cobijar en su seno a personas esforzadas en vivir un colosal testimonio de vida de fe cristiana. 

Con todo, nótese que cada vez más personas de nuestro mundo prefieren sacar la alegría, de manera inmanentista, de otros pozos: del pozo de Chaplin, de Keaton, del pozo de las alegrías propiedad de tus compatriotas Les Luthiers, santo padre... O del pozo de Pablo Milanés, como hago yo ahora, a través de las ondas de Radio San Borondón...

Yo soy un melancólico y triste, sí, valga la redundancia, que se equivocó de siglo (debí nacer en el primer tercio del siglo XIX, en pleno romanticismo); pero santo padre Francisco, me siento motivado a la alegría, a la fiesta, a la música y a la vida, y empero la Iglesia católica que usted pastorea (ya sabes, te tuteo porque no te conozco en persona, porque no soy monárquico, y porque es una forma de protesta contra los poderes establecidos) secularmente ha ensombrecido la vida de las sociedades en que ha dominado la conciencia colectiva. Mucha gente esto lo sabe. 

Luis Henríquez. 8 de mayo, 2013.
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