jueves, 11 de abril de 2013

"Se llamaba José Luis Sampedro"



                                         In memoriam

Cuando muere un humanista laico (ateo, agnóstico,  librepensador, tal el caso de José Luis Sampedro),  indefectiblemente me da por considerar el asunto escatológico y soteriológico de la salvación.


José Luis Sampedro siempre fue muy crítico con la Iglesia católica, y con las religiones en general. No fue lo que se dice un hombre religioso, pero sí que fue un impenitente humanista, un hombre solidario y justo, insobornablemente honesto, sensible y polifacético. Un hombre de saber enciclopédico y de espíritu humanista.


Pero según la fe de Iglesia católica, que durante siglos proclamó aquello tan rígido de extra ecclesia, nulla salutis, ¿cómo hemos de entender las condiciones reales de salvación para una persona como José Luis Sampedro? En teoría, la doctrina de la Iglesia desaprobaría muchas de las actitudes, comportamientos y convicciones librepensadoras de un hombre de la talla intelectual de José Luis Sampedro; sin embargo, a mí al menos me cuesta creer que Dios le vaya a cerrar las puertas de la salvación eterna a un señor que, aunque negador de las verdades dogmáticas de la fe cristiana, pasó por este mundo tratando de contribuir a hacerlo más habitable por acogedoramente humano, justo, pacífico y solidario.


Así que descanse en paz el polifacético José Luis Sampedro, de quien tengo ahora en mis manos, ahora que termino esta breve crónica, su Cuarteto para un solista (Plaza & Janés), escrito en colaboración con su amada Olga, la última de sus compañeras  de vida.


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