jueves, 11 de abril de 2013

"Perseverar en la fe cristiana en un mundo de increencia"



Rodrigo Olvera:

Puede ser como tú dices, puesto que mis conocimientos de teología y de historia de la Iglesia y de evolución de los dogmas, etcétera, no son tan extensos ni profundos. Por eso afirmo lo que afirmo desde la realidad de mis conocimientos al respecto y desde mi historia personal (intrahistoria la llamaría D. Miguel de Unamuno, ese sabio de obra literaria que es fuente inagotable de sugerencias), siempre revisables y mejorables.

Tenía entendido -lo sigo teniendo- que la dogmática de la Iglesia católica, que es el tesoro que custodia el Magisterio, no ha sufrido sustanciales modificaciones capaces de contradecir la esencia dogmática de la fe. En lo tocante a usos y costumbres, a modas derivadas de la disciplina eclesiástica, a afirmaciones científicas erradas, y por supuesto a innúmeras actuaciones pastorales y malas acciones de todo tipo, la Iglesia universal ha errado muchísimo.

Pero por ejemplo en la Resurrección siempre ha creído la Iglesia universal. Y en el valor salvífico de la muerte de Cristo. Y en la gracia operante de los sacramentos. Y en que los obispos han de confirmarnos en la fe cristiana. Y en que María fue siempre Virgen -por más que algunos autores ,orientales sobre todo, supusieran que José su esposo pudo ser viudo, y por más que algunas sectas de la primera hora cristiana ya plantearan que María tuvo más hijos, particular que también defienden casi todos los cristianos protestantes-. Etcétera.

En todo esto creo yo, ¿ingenuo de mí? Tal vez, podría ser, pero es así. Por eso soy católico y hablo de fidelidad al Magisterio. Aunque no creas que me resulta fácil, Rodrigo, para nada. Por ejemplo, analizo muchas costumbres de la gente joven, de la gente con la que me muevo (el pansexualismo parece invadirlo todo), y no puedo sino plantearme qué sentido puede tener la castidad. Uno lee el Catecismo de la Iglesia católica, aprobado durante el pontificado del ya beato Juan Pablo II, y compara su contenido, la exposición integral de la fe católica, con lo que impera en esta sociedad española, y desde luego lo mínimo que experimenta es asombro.

Y una permanente duda o perplejidad: si la gran mayoría de la gente joven, pongamos, pasa de la doctrina de la Iglesia (en cuestiones laborales o profesionales, morales, familiares, afectivas, sexuales, económicas…), ¿qué sentido tiene no pasar de la doctrina de la Iglesia católica? Y pareja o anexa a esta perplejidad primera, otra: ¿Es posible vivir de otra manera hoy por hoy? ¿Es posible ser solidario y a la vez casto? ¿Es posible creer en la fe de la Iglesia sobre la Virgen María y a la vez tratar de ser una persona honesta, de buenas intenciones, de buenos principios? ¿Es posible creer en la buena intención del papa Francisco y a la vez pasar por la vida tratando de ser buena persona, tratando de hacer el bien, tratando de no robar, mentir, odiar, fornicar, maldecir, hacer daño al prójimo…?

Mis dudas o perplejidades no son nada baladíes -perdóneseme la inmodestia, si se me juzga como tal-, puesto que me parece que son el gran reto que los tiempos actuales neopaganos, materialistas y nihilistas a tope le están proponiendo a la Iglesia universal. Con otras palabras: en un mundo en el que abundan el desamor, el egoísmo, el materialismo, el hedonismo, la promiscuidad, la mentira, la indiferencia hacia el grito y el dolor del otro, y mil y una formas más de idolatría, ¿de verdad es posible vivir de otra manera? Y sobre todo, ¿de verdad tiene sentido tratar de vivir en fidelidad al Evangelio, en fidelidad al Magisterio?

Buen día.


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