domingo, 7 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LIX)"


Buenos días, Javier:


Nuestras posturas están claras, mas justamente por ello no dejo de admirarme de la fuerza con que expones tus puntos de vista, tus ideas. No siempre coinciden con mis planteamientos, a menudo no coinciden, y ni que decir que con la doctrina de la Iglesia católica lo más normal es que tus planteamientos ideológicos choquen frontalmente.



Así que prefiero quedarme con esa apuesta que pretendes formular en tus últimas reflexiones -y en general, en todas las tuyas- por la vida: siempre  a la vida. Un sí, entiendo, que es mucho más que el sí conservador católico contrario al aborto (contra el que me sitúo, el aborto), por ejemplo. Intuyo o conjeturo que tu sí a la vida es algo así como un deseo de reconciliación radical y plenamente consciente con la tierra, con esta vida que nos es dada.


Completamente de acuerdo con esa afirmación vitalista tuya. Y más cuando uno de los períodos de la historia de la Filosofía que más me apasionan es el que inauguran filósofos vitalistas como Schopenhauer, Kierkegaard, Nietzsche… Esto es, la centralidad del hombre, con toda su problemática equívoca, confusa, contradictoria, la centralidad de ese hombre de carne y hueso en la reflexión filosófica. Y más me parece estar de acuerdo con ese sí a la vida tuyo cuando creo haber sufrido en mi propia vida un auténtico atraco (sin armas, no atraco a mano armada, pero sí atraco ruin e hipócrita) perpetrado por la hipocresía eclesiástica de la Iglesia en España, y así pues no solo en mi diócesis de origen -ya ven ustedes, vuelvo a sacar el asunto de mis cuitas aquí en Atrio-.

Y sin embargo, sigo creyendo en la fe de la Iglesia. Quizá porque, como sugiere cariñosa y amablemente una bloguera que me vista en mi propio blog, tengo sobrados motivos para estar resentido con la Iglesia católica, cierto, pero a la vez mi fe no debe ser tan endeble: no he roto con la Iglesia. Ella misma, esa bloguera a que me refiero, lo aventura: “No debe ser nada despreciable tu fe, pues conozco casos de fieles católicos que, por mucho menos de lo que te han hecho a ti los eclesiásticos de turno, se han acabado apartando de Cristo y de su Iglesia, y tú con todo no”.

Reconozco, Javier, que abuso de la paciencia de Antonio Duato coordinador de Atrio y de la paciencia de los lectores de este portal -en el que al menos me puedo expresar con libertad -"virtud" posible aquí de la que otros portales más católicamente ortodoxos u ortodoxamente católicos no podrían presumir, desde luego- al reiterar hasta la obsesión el episodio mortificante de mis cuitas con la Iglesia católica, pero es que lo que me han hecho me parece un atentado tan canalla, diabólico, hipócrita, injusto y miserable contra mi vida, precisamente contra mi sí a la vida, que no puedo dejar de aprovechar todo resquicio que se me ofrece para denunciarlo. Procurando, esto sí, que no me afecte demasiado lo ocurrido -que igual sí me sigue afectando, puesto que me acuerdo mucho de ello, como si pareciera que no lo he superado…-, pues mi sí a la vida, a la que tú mismo das tanta importancia, exige valor, el esfuerzo de sobreponerme, el esfuerzo de no mirar tanto atrás…

Saludos. Buen día.


Postdata: no entro a valorar una vez más el espinoso y dramático asunto de la crisis de fe que sufre la Iglesia católica, el cual voy a tratar de exponer con un ejemplo. Este viernes pasado, luego de participar en un curso sobre la filosofía de Gilles Deleuze y el cine, quedé con uno de los jóvenes cinéfilos y cineastas para tomarnos algo. Él se considera agnóstico o así, vamos, escéptico como poco, pero aun así me espetó: "De entre todos mis amigos y amigas, no creo que pase del 1%, igual ni llega siquiera, los que se consideran cristianos practicantes".

De modo que se me antoja inevitable la pregunta: la juventud española pasa mayoritariamente de la fe de la Iglesia, ¿por qué? Siendo así las cosas, ¿no se tiene la permanente impresión o sospecha de que algo muy grave se está cociendo en la sociedad occidental? ¿No se tiene la permanente percepción de que una auténtica revolución moral y en todos los órdenes está sacudiendo el mundo, que sufre dolores de parto o como de parto en pro del advenimiento de una nueva era?

Y también otra inevitable pregunta que me interesa delicadamente porque tiene mucho que ver con mi trayectoria pèrsonal: si la inmensa mayoría de la minoría juvenil católica española, es un secreto a voces que pasa de aspectos nucleares de la doctrina del Magisterio, ¿qué sentido tiene ser como yo soy, un machacado-puteado por la Iglesia católica, y a la vez empeñarme en esa fidelidad al Magisterio? Filósofos post-estructuralistas como Derrida, Deleuze  o Foucault, que critican (deconstruyen), las nociones de ser, sujeto, identidad, etcétera, seguro que se reirían de mi ingenuidad, en tanto yo sigo intentando desentrañar la complejidad del pensamiento de cada uno de ellos... 

Conozco lo que al respecto sostienen algunos amigos míos: obrando así, Luis, me replican, te muestras como un perfecto bobo, como un tonto del capirote. Pasa de esa gente, me dicen, pasa de la Iglesia, ¿no han pasado ellos de ti sin piedad, dejándote con el culo al aire en la estacada, en la cuneta al borde del camino?, pasa tú de ellos ahora, mándalos a la mierda, vive, goza, folla, me recomiendan. Si a ti, que eres aún militante cristiano, te han jodido -porfían-, y sin embargo consienten que toda suerte de trepas, figurones, burócratas antimilitantes, arrivistas, desencarnados y meros enchufados vivan en lo profesional gracias a la Iglesia, ¿qué haces que no los mandan a la porra ya de una puñetera vez...? Por la luz bendita que me está alumbrando que me han dicho esto que transcribo.

Creo darme cuenta de que es justamente eso lo que hace una mayoría de la juventud española. Pero creo que no toda la juventud española es ultrahedonista, materialista irredenta, irreligiosa, individualista a rabiar, pragmática deshumanizada... Pues lo sorprendente es que en medio de esta sociedad española neopaganizada a tope, no faltan jóvenes testimonios auténticamente confesantes del Evangelio y de la fidelidad a la Iglesia.


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