jueves, 4 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (LIV)"




Ya verás, bloguero, cómo el papa Francisco no "complacerá" ninguna de las reivindicaciones de la progresía: ni mujeres ordenadas para el ministerio presbiteral, ni aborto sí, ni legitimación de la homosexualidad, ni legitimación de la anticoncepción...

Porque el problema en la Iglesia católica es, más allá de este Papa -que sea bueno o malo, o como sea, o lo que haya sido como cardenal y lo que finalmente venga a ser como vicario de Cristo-, la espantosa crisis de fe que sufre: toda militancia es suplantada por la más cancerosa de las burocracias. Y más allá del júbilo y de la celebración de la llegada del papa Bergoglio, la mayoría de los que lo vitorean estoy seguro de que pasan de la doctrina de la Iglesia, sobre todo en materia de sexualidad humana, incluidos los que se ganan la vida gracias a ella en la docencia, la sanidad, los servicios sociales...

Esto es lo patético de la Iglesia. Lo escandaloso. lo miserable clericanallesco. Y el Papa actual, aunque lo quiera cambiar -que puede que lo quiera cambiar, solo DIOS conoce...-, no lo va a poder cambiar él solo, por sí solo, por más que sí pueda contribuir a poner las bases y las líneas maestras para esas necesarias reformas eclesiales.

Entonces, ya esperanza de cambios verdaderos en la Iglesia me quedan pocas, la verdad. Cambiar mi vida, sí, tratar de ser más justo, noble, auténtico, evangélico y honesto, pero me temo que de la institución eclesial, de podrida que está, poco se puede esperar realmente. 

Aunque ojalá me equivoque, por el bien de la Iglesia universal. Por el mío, por mi bien, tan afectado, entiendo, por la hipocresía eclesiástica, ya intento ocuparme yo.

Como que para mí es un permanente dolor: a estas alturas de mi vida, no tengo ya duda alguna de que yo soy un militante cristiano puteado por la Iglesia (me refiero, obviamente, sobre todo a la Diócesis de Canarias), en tanto una abrumadura mayoría de trepas, progres mundanizantes, figurones antimilitantes, desencarnados, arrivistas y meros enchufados viven de la Iglesia católica, sin servir al Reino ni a la Iglesia.


Postdata archiconocida: 

Yo no soy modelo de militante ejemplar, ciertamente; pero considero que luego de haber renunciado a un trabajo cuando ingresé en el Seminario Diocesano de Canarias en el año 2001 (quemando así las naves: autoexcluyéndome de las listas de la Consejaría de Educación del Gobierno de Canarias), y teniendo en cuenta que llevo 25 años de cultivo de una espiritualidad de conversión o militante en fidelidad al Magisterio, y teniendo además en cuenta que he ido atesorando una cierta cultura interdisciplinar (literatura, filosofía, teología, arte, cine, movimientos sociales, personalismo comunitario...) y que sigo empeñado en la noción católica de una familia cristiana militante (acaso una de las razones de no haberme podido casar: es muy difícil hoy por hoy en España encontrar una mujer joven deseosa de formar una familia en comunión radical con la doctrina de la fe la Iglesia), debieron haberme ayudado en algún momento de estos nueve últimos años de mi vida en que, insistentemente, les he pedido ayuda, una palabra de comprensión, un SOS, algo, las autoridades de la Diócesis de Canarias -debieron haberme ayudado pero no lo han querido hacer-.
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