jueves, 25 de abril de 2013

"A D. Luis González Morán -que pasaba por aquí-..."




A D. Luis González Morán:



Ese militante ejemplar que fue Julián Gómez del Castillo, ejemplar a pesar de sus errores, a pesar de sus tics compulsivos y tremendistas algo intolerantes (para el anarquista y pensador-historiador Heleno Saña, Julián fue uno de los más grandes militantes obreros que él  había tenido ocasión de conocer), solía repetir que la crisis del apostolado obrero de inspiración cristiana en los años sesenta pero sobre todo setenta del siglo XX, se debió, más que a la acción “reaccionaria” de los obispos, a la politización de las propias comunidades insertas en ese gran movimiento del apostolado obrero de inspiración cristiana.



Con todo, hoy día ni la inmensa mayoría (honrosas excepciones aparte, a Dios gracias)) de los estudiantes de Teología, ni los seminaristas, ni los jóvenes sacerdotes que van saliendo, ni los que enseñan Religión católica en la escuela pública, ni los que se ejercen en la escuela católica, ni la inmensa mayoría de los que trabajan en servicios sociales para la Iglesia católica conocen siquiera media palabra sobre Guillermo Rovirosa, D. Tomás Malagón, el movimiento obrero, ZYX, Julián Gómez del Castillo,  D. Luis Capilla… Nada de nada. Todo eso suena a música celestial perdida, no en las alturas sino en la noche de los tiempos.


Yo creo que ni la mayoría de los obispos españoles actuales conoce toda esa historia como debe ser conocida. Qué pasada. Y empero yo, que conozco toda esa realidad desde hace 25 años o más (en realidad más, desde mi época de estudiante de Bachillerato, aún adolescente: ya en 3º de BUP me sentí fascinado por el personalismo comunitario y el socialismo utópico), no he merecido ni ser recibido por autoridad eclesial alguna a pesar de mucho haberlo solicitado, ni ser contestado, ni atendido, con todo lo que les he rogado, insistido... Ningún eclesiástico ni movida institucional católica alguna han querido romper una lanza a favor de alguien que, tras renunciar a su trabajo con ocasión de su ingreso en el Seminario Diocesano de Canarias, quedó en una situación personal, profesional y económica muy difícil. O sea, que me han visto apaleado en la cuneta del camino y, como el levita y el sacerdote de la parábola del buen samaritano, han pasado de largo, o lo que es lo mismo, de mí.


En fin: a ver si el Espíritu de Dios me ilumina porque me sé que el Evangelio nos exhorta a rezar y pedir por los enemigos, por los que nos persiguen, por los que nos quieren mal. Con todo, es que no puedo dejar de reírme ante tales circunstancias que me han pasado en la Iglesia, o con la Iglesia; reírme por no llorar, ciertamente, pues me parece tan canallesco lo que me han hecho... Que a mí, con mi trayectoria militante me hayan dicho "vete a la mierda, a jugar con tierrita y meados por ahí", en tanto a toda suerte de trepas, figurones, antimilitantes, burócratas, arribistas, mundanizantes, antinatalistas y meros enchufados...


A joderse sigue tocando. Reconozco que me ocupo mucho de este asunto, tal vez de manera obsesiva, y que puede que pierda energías y tiempo necesarios para acometer los grandes retos que hoy tiene planteados mi vida; pero -quiero suponer-, acaso lo hago para tratar de que no quede ninguna duda sobre el nivel tan elevado de hipocresía y de incoherencia que se vive en la Iglesia católica.


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