miércoles, 24 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (CXI)"




A mi tocayo el sacerdote católico Luis González Morán:

Espero que no te moleste que utilice primero lo de “tocayo”, y luego lo de "sacerdote". Y acto seguido, he de matizar que la intervención del cardenal Amigo fue en la presentación-debate, en Comillas, del libro Francisco. El Nuevo Juan XXIII, coordinado por José Manuel Vidal y por Jesús Bastante, periodistas también coordinadores de Religión Digital. Asimismo estuvieron presentes personalidades como el P. Angel, de Mensajeros de la Paz, Manuel Guerrero, por Desclée, Julio Martínez en representación de Comillas, amén de los citados Vidal y Bastante.
Veamos que mi observación quiso ir en la línea de hacer notar que, hoy por hoy, claro que hay que mantener la esperanza frente al rigor y el horror de la crisis que no cesa, esto es lo último que habría que perder (lo diga o no lo diga el cardenal Amigo, que dudo tenga problemas para llegar a final de mes, por cierto, dichoso él; yo, sí los tengo; y además, tengo dos amigos de mi quinta que, literalmente, están pasando hambre), solo que para sobrevivir a la crisis, para poder salir de ella, hace falta algo más que esa esperanza que no habría que perder, por supuesto. A esto me refería. Vivimos en la tierra, somos de carne y hueso, se necesita dinero, bienes materiales diversos.
Pero es que también quería poner el dedo en la llaga de otro asunto, este referido a la Iglesia católica. A saber: me cuesta asimilar la exhortación a la esperanza viniendo de un pastor de la Iglesia universal, institución llena de gente noble, sin duda, honesta, solidaria y buena, pero también experta a lo bestia en nepotismos, hipocresías, incoherencias… Y me cuesta creerlo por algo que apunto en mi anterior comentario dirigido a Javier Peláez: de algunas nubes amenazantes muy negras que se siguen cirniendo sobre mi vida, no soy yo el único responsable, pues no tengo hoy por hoy ninguna duda sobre la identidad de otros culpables; esos otros culpables son eclesiásticos.
Pero sí: la esperanza es lo último que se pierde. Lo diga o no un cardenal que no parece, pese a todo, muy indignado ni muy afectado por la crisis que sigue golpeando implacable a millones de españoles.
Salud. Buen día.
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