viernes, 26 de abril de 2013

"El Vaticano desmiente que se disponga a permitir comulgar a los divorciados vueltos a emparejar"




El futuro de la Iglesia católica parece sombrío, más negro que el sobaco de un grillo; y si afirmo que "lo parece" ojalá me equivoque: "parecer" no es "ser".



Lo afirmo como quien vaticina, porque no solo es cierto que los divorciados y separados hoy por hoy constituyen una clara mayoría en las sociedades del Occidente postcristiano, sino porque al hecho de que hoy muchos se divorcian, se separan, cambian de pareja cada por tres, se amanceban, etcétera, sucede este otro: tampoco los jóvenes católicos actuales parecen especialmente interesados o ilusionados en vivir las exigencias del matrimonio cristiano. Como que, salvo excepciones, en las comunidades católicas todo sigue muy frío, los feligreses que van a misa apenas si hablan entre sí, si se comunican; vamos, que no hay calor humano, no hay impresión de pertenencia fraterna comunitaria, como sí la hay entre los pentecostales, por ejemplo, que constituyen la confesión o denominación cristiana que más crece en el mundo, más que la Iglesia católica, que sigue contando con el mayor número de bautizados (sobre los 1.200 millones, frente a los 400 millones que se calcula pertenecen ya a las filas de los pentecostales evangélicos).


Hasta el extremo de que en las parroquias no es fácil "ligar" con jóvenes católicas, o viceversa. No es fácil, entre otras razones, porque la apatía, la desmotivación y la falta de entusiasmo por la fe católica anidan incluso entre los jóvenes católicos. Y por lo ya reconocido hace un momento: porque no fluye la buena comunicación en las comunidades cristianas, la buena onda, la armonía, la impresión de pertenecer a una comunidad fraterna.


En fin: paciencia, y las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.


Postdata:


Esta noticia la leo de Religión Digital. Y claro, he pensado en toda la gente afectada. Son tantas las personas divorciadas o separadas hoy día, que el propio papa Juan Pablo II habló de "la plaga de las separaciones y divorcios en nuestro tiempo histórico". Y he considerado que conozco divorciados de ambos sexos que comulgan, feministas que viven en pareja de hecho y que comulgan, lesbianas emparejadas que comulgan... 


Bueno, la Iglesia católica sabrá; yo no soy juez, el Juez es Quien es.

Luis Henríquez, abril, 2013.




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