lunes, 22 de abril de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis muchos pecados y tentaciones, pese a los de la propia Iglesia (XCII)"



Javier Pélaez:
 
Yo no creo que sea “duro”, si es el mismo concepto de duro o dureza que me parece entender. Soy frágil, soy pecador, soy mediocre, pasional, temperamental y a la vez algo “aplatanado”, etcétera. En todo caso, dura es la fe, si por dureza entendemos exigencia, esfuerzo por renunciar a nuestro egoísmo y seguir al Señor, quien no obstante dice aquello de “Vengan a mí todos los agobiados, que yo los aliviaré, pues mi carga y mi yugo son ligeros”...
 
Lo que sucede es que yo me alineo con la Iglesia, en comunión con su Magisterio. Cosa que no es precisamente fácil, la verdad. Pero te digo: si estuviese en París, pongamos, vamos, en Francia viviendo, igual me habría hecho presente entre los manifestantes que protestan contra el proyecto de ley del Gobierno de F. Hollande que pretende hacer lo que hizo Zapatero en España: el matrimonio igualitario que reconoce iguales derechos e identidad a los casamientos entre personas homosexuales. En esto me sigo alineando con el Magisterio, sin por ello pretender afirmar que no deseo dialogar con los diferentes, con los sí partidarios de llamar matrimonio a ese tipo de uniones; y mucho menos suponer, ni remotamente, que los partidarios de ese tipo de uniones son peores personas que yo. En absoluto.
 
De manera que yo no soy duro; es el Evangelio el que en todo momento nos exige, nos transforma, nos sobrepasa, nos interpela, y a la vez nos consuela, según la cita del Evangelio de san Juan que he traído: “Vengan a mí todos los agobiados…”
 
Salud y paz

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