lunes, 22 de abril de 2013

"A propósito del reciente manifiesto catalanista hecho público por Arcadi Oliveres y por Teresa Forcades"



En la Didajé, que es una suerte de catecismo de la Iglesia primitiva fechado a finales del siglo I, o más probablemente a principios del siglo II, ya se informa de que las comunidades del comoquiera que sea naciente cristianismo de entonces aborrecían de la práctica del aborto propia del Imperio romano, que lo practicaba sobre todo bajo la forma del infanticidio, si bien no desconocían el recurso al aborto provocado en el vientre de la madre propiamente dicho.
 

Luego desde muy pronto, el aborto ha sido condenado en la Iglesia universal. Porque la Tradición y el Magisterio lo han corroborado desde siempre, esa condena, con independencia de las teorías al respecto de Santo Tomás de Aquino. Con relación al cual lo que habría de ser puntualizado es que la Iglesia a quien ha canonizado es al santo, valga la redundancia, al genial teólogo, pero no su pensamiento, en el sentido de que no todo el pensamiento teológico del incomparable teólogo dominico es igual de vinculante para la Iglesia.
 
Así por ejemplo, en su encíclica Evangelium Vitae el papa Juan Pablo II reitera la condena sin fisuras o paliativos posible de todo aborto provocado. Es doctrina magisterial ordinaria la contenida en esa encíclica, esto es, el papa Juan Pablo II no ejecutó un acto vinculante de promulgación según el magisterio extraordinario -lo cual no suele ocurrir, por otra parte, en la historia de la Iglesia católica-, pero es una evidencia que esa doctrina católica contraria al aborto no puede un católico pasársela por alto. Al parecer, la monja Teresa Forcades sí parece ponerla en solfa, según lo que ha escrito y lo que ha dicho públicamente.
 
Pero tratando de volver más al meollo del artículo sobre el compromiso-manifiesto hecho público hace un par de días por Arcadi Oliveres y Teresa Forcades, creo saber por experiencia propia que hay planteamientos que no pueden  confluir entre un católico y un partidario del aborto, por ejemplo. Es decir, no se puede estar en contra del aborto y a la vez a favor, o viceversa. O es sí o es no. Apunto esto porque el sentido en que yo expresé mi casi total asentimiento y aplauso a las  10 propuestas del manifiesto hecho público por ambos religiosos católicos catalanes, iba en esa línea: en la de buscar puentes de comunión, puntos en común, sinergia de microutopías, confluencias; buscar más lo que une que lo que separa.
 
Así por ejemplo: en la aceptación o el rechazo del aborto provocado no podré como católico estar de acuerdo nunca con un indignado del 15 M, pongamos, pero igual sí en la denuncia del neocapitalismo. O en la común admiración por el cine de Fassbinder,  pongamos, auténtico enfant terrible del llamado nuevo cine alemán, por más que yo mismo sea claramente conservador, quiero decir, católico, en la valoración sobre la homosexualidad, lo cual a su vez me distanciaría de la mentalidad del genial cineasta alemán, que era homosexual declarado y cuyo cine refleja un tremebundo universo de obsesiones sexuales.
 
Buen día.



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