jueves, 2 de mayo de 2013

Manuel Casesnoves (1904/1958) y Adela Soldevila (1906/1988)

La Diócesis de Valencia, que preside o pastorea el arzobispo Carlos Osoro, lleva a Roma, concretamente al dicasterio para las Causas de Beatificación, el proceso, cuya fase inicial ya queda cursada en la diócesis valenciana, del matrimonio formado por Manuel Casesnoves (1904/1958), farmacéutico de profesión, y Adela Soldevila (1906/1988), ama de casa, sus labores. Sacaron adelante 11 hijos (9 biológicos y 2 adoptados), destacaron por el luminoso testimonio de su vida de fe católica... Y eso que, durante el noviazgo -ignoro si también durante los primeros años del matrimonio-, el esposo, Manuel Casesnoves, no secundaba la excepcional piedad religiosa de su esposa Adela.

De manera que la Iglesia los quiere proponer como modelo de santidad matrimonial al Pueblo creyente, precisamente en un momento histórico en el que la natalidad en España es una de las más bajas del mundo mundial, y no la salvan, la natalidad, ni la gran mayoría de las parejas formadas por católicos (honrosas excepciones aparte, bendito sea Dios), incluida la gran mayoría de los seglares católicos que se ganan la vida en lo profesional gracias a la Iglesia: escuela católica, profesorado docente de Religión en la escuela pública, facultades teológicas, Cáritas y otras movidas asistenciales confesionales...

Curiosidades de la vida y de la Iglesia universal, vamos, contradicciones o incoherencias que... Que le llevan a uno a formular una consideración: si es una evidencia que casi nadie en la Iglesia católica en la actualidad, sobre todo en el Occidente descristianizado, hace caso a este tipo de modelos de matrimonio cristiano basado en el amor, la fidelidad, el ser para siempre, y sobre todo, la generosa apertura a la vida, el compromiso solidario y la espiritualidad conyugal, ¿para qué se empeña la Iglesia en seguir proponiéndolos?

No hace falta que nadie me conteste, pues yo me sé bien para qué la Iglesia los sigue proponiendo: los propone porque la Iglesia católica cree que hace bien al proponer estos modelos de santidad. Y estoy de acuerdo en que así lo crea. Sin embargo, si la Iglesia ve bien el proponer al mundo y a la propia comunidad católica un modelo de matrimonio santo como el que formaron en el siglo Manuel Casesnoves y Adela Soldevila, ¿por qué las autoridades eclesiásticas a la vez consienten que la que llaman Esposa de Cristo se haya ido llenado de trepas, figurones, antimilitantes, burócratas, arribistas, desencarnados, antinatalistas, mundanizantes y meros enchufados que muy poco arriesgan en el camino de la fe, y sobre todo de matrimonios que pasan de tomarse en serio las exigencias del matrimonio cristiano según la propia doctrina de la Iglesia entiende? 

No sé ni cuántas veces he confesado en mi escritos, en este mi blog, por ejemplo, y por supuesto en mi libro ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor (Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 2011), sistemáticamente boicoteado por todo quisque en la Diócesis de Canarias, que yo me considero pecador, indudablemente, falible, débil... Pero a la vez no es menos cierto que llevo 25 años de cultivo de una espiritualidad de conversión o militante, que muchos de los seglares que viven en lo profesional de la Iglesia no conocen ni en qué consiste (no creo que lleguen ni a 50 personas en toda Canarias las que puedan presumir de haber hecho el curso de conversión cristiana típico del apostolado obrero, de una semana de duración, una vez con el seglar maestro de militantes cristianos que se llamó Julián Gómez del Castillo, y otra vez con el sacerdote obrero y politólogo D. Luis Capilla; amén de incontables cursos más sobre el movimiento obrero, el personalismo comunitario, el anarquismo, la solidaridad Norte-Sur, la historia de la Iglesia, amén de la consabida espiritualidad militante o de conversión...), en fidelidad al Magisterio, habiendo hecho una renuncia a mi trabajo en su momento por causa del Reino (bajo la forma de seminario diocesano)... Como tampoco deja de ser cierto que una de las causas de no haberme podido casar hasta la fecha (ya a mis años...) tiene que ver con mi apuesta decidida por formar una familia cristiana militante abierta con generosidad a la vida, cosa que hoy muy pocas mujeres jóvenes desean en España...

Y resulta que con esta trayectoria mía y siendo un cinéfilo admirador del cine de I. Bergman, bromas aparte no he merecido sino el ninguneo, el puteo y el desprecio de un montón de autoridades eclesiásticas, especialmente, aunque no solo, de la Diócesis de Canarias...

Desde luego, habiendo pasado por lo que yo he pasado ¿quién puede creer en esta Iglesia?, ¿para qué y por qué creer? ¡Si está llena de lobbies de poder burocráticos o antimilitantes! Los pastores de la Iglesia hablan del poder del lobby gay, por ejemplo, ¡y resulta que la Iglesia de Cristo abriga en su seno, y protege, por supuesto, a otros lobbies no menos poderosos que el de las movidas LGTB! ¡Lobbies de burócratas de mentalidad funcionarial!, ¡lobbies de católicas de mentalidad feminista antinatalista!, ¡obispos que no viven verdaderamente su vocación de episcopos...! 

(Qué gracia: la Iglesia propone como modelo de matrimonio cristiano el formado por Manuel Casesnoves y Adela Soldevila, y al tiempo consiente y promociona justo lo contrario: matrimonios que no pasan de la parejita porque sobre todo la mujer católica actual tiene ya clara conciencia feminista antinatalista, y el marido o esposo no digamos... Y a un servidor que escribe estas denuncias y que empero sigue siendo militante cristiano fiel al Magisterio y que renunció a su trabajo por ingenuo e idealista por causa del Reino y que alguna formación interdisciplinar ha ido atesorando y que no ha renunciado a soñar con encontrarse con una mujer en verdad deseosa de formar un hogar cristiano solidario -iluso que es uno-, espiritual y abierto con alguna generosidad a la vida -lo cual no significa a la fuerza tener que concebir 12 hijos, no se trata de esto, se trata de confiar en la providencia de Dios...-, lo han ignorado y humillado de la manera más ruin e hipócrita desde la propia Iglesia...)  

Increíble, qué pasada. En fin: bendito sea Dios cuyo Santo Espíritu en el pasado siglo XX propició que hubiera en España, en su costa levantina, un matrimonio católico ejemplar formado por Manuel Casesnoves y Adela Soldevila. Van camino de los altares. Seguro que porque se tomaron muy en serio aquello de León Bloy: "Al final de la vida, no hay más que una tristeza: la de no haber querido con todas las ganas ser santo".

Luis Henríquez. " 2 de mayo, 2013. 


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