lunes, 7 de enero de 2013

¿"Tercera ola" del feminismo?





Una de las puntas de lanza del laicismo es el feminismo de género. Lo acaba de denunciar claramente en un artículo de prensa monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba.




Y cataplún: algunos medios informativos, caracterizados por su activismo laicista, han saltado enseguida a la yugular del prelado católico. Por haberse atrevido a decir en público la verdad de la doctrina de la Iglesia católica; esto es, por comportarse como "obispo cavernario, machista, retrógrado, anticuado y obseso sexual".



No tengo el gusto de conocer en persona al actual obispo de la Diócesis de Málaga, pero incluso en el caso de que sea o fuera un mal mensajero (un mal cristiano, un pésimo obispo, un torpe intelectual; supongamos, es un suponer...), como de él aseguran muchos progresistas, laicos y aun católicos, el mensaje, esto es, lo que dice en ese su artículo de marras, es cierto. Es muy cierto por muy católico. Es la fe de la Iglesia que él, como pastor diocesano, se ha decidido a predicar. 


(El papa Alejandro VI, de los Borgia de muy mundana vida muchos de ellos y ellas, fue muy ortodoxo en sus formulaciones de fe, de sapiencia teológica, aunque ya se sabe lo escandalosa que fue su vida, lo mundana que fue. Naturalmente, no estoy comparando, en modo alguno, al obispo Demetrio Fernández con el depravado papa renacentista de origen español.)



El feminismo de género de nuestros días, que pertenece a la llamada tercera ola del feminismo -que arranca de principios de los años 90 del siglo XX-, es descaradamente antinatalista, pansexualista, freudo-marxista, deconstructivista (tras los pasos de Derrida, Foucault...), abortista...


Yo mismo, que sobre todo he ejercido en mi vida de profesor de Secundaria, he sido testigo de cómo, sobre todo en los cursos de Bachillerato, en que cursan sus estudios chicos adolescentes o incluso ya jóvenes de 19 o 20 años, no es tan difícil encontrarse con alumnas jovencitas muy influidas por las ideas feministas que te espetan con toda tranquilidad, desde la frescura de sus 16, 17, 18, 19 años: "Yo paso de ser madre; la maternidad es castantre; yo quiero viajar, conocer mundo, practicar sexo por gusto; paso de ese rollo patriarcal y machista"


En realidad, es una total radicalización de las reivindicaciones de la mujer propias de la llamada segunda ola feminista -sucedida en torno a los años 1960-70 del siglo XX-, que ya de por sí era abortista y antinatalista -aunque se inscribiera en el marco de una ética aún prometeica, y no claramente narcisista, que es la que en la actualidad predomina-, y ciertamente se distancia muy mucho del feminismo de las etapas clásicas, que fue sobre todo un movimiento social tendente a lograr cotas de igualdad jurídica, social, política y cultural de la mujer con respecto al hombre.



La mentalidad propia de la "cultura de la muerte" (aborto, eutanasia, anticoncepción, crítica radical a la maternidad y al papel de la mujer como esposa y madre...) anida en el feminismo de género. Que hoy día, es un hecho que se ha radicalizado al máximo. 


Por otra parte, el feminismo es hijo epigonal del marxismo (muerto ese gran relato que es el marxismo, o que fue, el feminismo, el ecopacifismo, el antimilitarismo, entre otros, son sus hijos "pródigos", de menor aliento que el gran "padre rojo marxista", hoy día macrorrelato hecho añicos), y que como buen hijo o fruto del marxismo huye de metafísicas, de esencialismos filosóficos, de ontologías teístas, de sistemas axiológicos personalistas o "revelados"...



Porque en última instancia, "arrojados y aun condenados a ser libres" (Sartre dixit), lo único identitario es la existencia, a la que estamos arrojados. O la cultura: todo es o deviene constructo cultural. He ahí el reto además.


Incluso el sexo; de ahí que del sexo como "algo dado, concedido por la naturaleza", se pase al género "construido": construido-deconstruido y vuelto a construir...

Por desgracia, la mentalidad antivida o antinatalista -"incoculada" por el feminismo, sobre todo a lo largo y ancho de los últimos 50 años, desde principios de los sesenta hasta la actualidad- se ha ido infiltrando en la conciencia "aburguesada y poco militante" de la mujer católica actual. De la joven mujer católica. Esta, salvo honrosas excepciones, participa de la misma mentalidad neoburguesa y antinatalista de la que participan las mujeres más influidas por el laicismo. 



E incluso -y ya sé que esta denuncia mía molesta a algunos opinadores que desean pasar por teólogos, pero que siempre andan prestos a endilgarle a uno esa chorrada-sambenito de "integrista, fanático, cátaro, difamador, resentido"...-, aunque se ganen la vida gracias a la Iglesia católica (escuela católica, centros asistenciales confesionales católicos, facultades teológicas...), no suelen tener otra mentalidad que la de hacerle más caso a las propuestas del feminismo que a las de la doctrina de la Iglesia católica sobre la familia. 



Y eso que viven de la Iglesia católica, monseñor Demetrio. Y eso que viven, profesionalmente hablando, de la mismísima Iglesia católica. Habráse visto...

7-1-2013. Luis Henríquez Lorenzo
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