martes, 8 de enero de 2013

"Mi regalo de Reyes"


Nota externa

Hace justamente un año, escribí este artículo que hoy subo a mi blog, transcurridos dos días desde el Día de Reyes, o Epifanía del Señor. Precisamente lo titulé en su momento "Mi regalo de Reyes"; lo mantengo, ese título, pues no me descontenta.

Las autoridades de la Iglesia católica, siempre santa y pecadora y, por ende, semper reformanda, se lamentan a menudo por causa del muy beligerante laicismo que impera en nuestra sociedad española. Creo que con legítima razón se lamentan y se preocupan por lo dicho. Sin embargo, no me parece que se preocupen tanto por el mal ejemplo que da a menudo la Iglesia católica, esto es, no pocos de sus hijos e hijas, yo entre ellos, sin duda. 

El mal ejemplo de la falta de compromiso militante. O lo que es lo mismo, el no tomarse en serio las exigencias del bautismo, que nos incorpora al Pueblo de Dios como sacerdotes, profetas y reyes, por gracia del sacerdocio universal de los fieles. El mal testimonio de no tomarse en serio la familia cristiana: hoy no predica con el ejemplo de la solidaridad, la espiritualidad conyugal y la apertura generosa a la vida (tener hijos desde el plan de Dios) casi ninguna mujer joven católica (en España, acaso un puñado de miles de matrimonios, no más); ni siquiera las que gozan de la fortuna de contar con un trabajo gracias a la Iglesia católica (escuela católica, facultades teológicas, centros asistenciales confesionalmente católicos...)... Nada de nada. Qué pasada. Qué patética la crisis de fe y de credibilidad que asola la Iglesia católica en nuestros días.   

Para mis "intereses personales", esto que sea así es una gran putada, una gran canallada que han perpetrado contra mí, por injusta, por hipócrita, por desagradecida, por incoherente; para la "imagen de la Iglesia", una vergüenza, algo patético. Por menos de lo que me han hecho a mí (en pequeños conciliábulos eclesiales, se me despelleja vivo además, a base de difamaciones muy subidas de tono, aparte de que han pasado completamente de mí, de la suerte o no suerte de mi vida...), cualquiera mandaría la Iglesia católica a paseo,a la gran puñeta; de hecho, es algo frecuente esto que digo: la apostasía silenciosa viene a ser una hemorragia abundante... 

Todo esto lo denuncio en mi libro, en mi último libro del que me ocupo en "Mi regalo de Reyes". Lo denuncio, sí, lo denuncio, pero ¿para qué?, ¿qué habré sacado con ello? Pues esto: más enemigos, más incompresión, más vacío, más ninguneo, más rechazo, más desprecio, más difamación...

"Quizá porque mi niñez sigue"... No, Serrat no, aquí no es así; tal vez sí lo es porque los burócratas que se han ido adueñando de la Iglesia católica no toleran así como así la propuesta de compromiso militante permanente. Tal vez porque la mentalidad pequeñoburguesa ha ido reemplazando la fidelidad debida al Evangelio. Tal vez porque el Maligno hace lustros que acecha oculto en el seno mismo de la Iglesia universal...

Para mí, desde luego, el panorama eclesial es desolador. Y sin embargo, sobre todo luego de haber llegado a conocer, me parece, por experiencia propia, cómo se las gastan muchos en la Iglesia (nepotismo, burocratismo funcionarial, autoritarismo, hipocresías varias, carrerismo...), celebro mi pasión por ese deporte llamado balonmano -que no es el único que me gusta, obvio-, celebro en general a granel la vida (me espera el volver a escuchar toda la discografía de Pink Floyd, de la que dispongo, más casi toda la de Genesis...), y a la vez me parece ir comprendiendo cada vez más el alcance completo de lo que me solía decir una compañera de seminario de Lengua española en uno de los institutos públicos por los que he pasado: "Tú no sabes, Luis, el daño que me han hecho desde la Iglesia" -se lamentaba ella-. "Llegué a sentir mi vida tambalearse; hay gente tan mezquina ahí que..."

Hace años que no sé nada de ella, de esa chica. En su momento la conocí alejada de la práctica sacramental, conviviendo en pareja de hecho, madre de un niño, luego de haber sido durante una partida de años profesora de Religión católica en la escuela pública. "Suerte" que tuvo, desde luego; a mí, empero, me lo han negado todo, el pan y la sal, luego de haber sido generoso, imprudente, idealista, ingenuo con mis renuncias... (Y sé que se ríen de esta cantinela mía, se descojonan.) 

No obstante, habrá reanudado hoy martes 8 de enero de 2013 el trajín de sus clases, dondequiera que esté, puesto que es profesora funcionaria de Secundaria. Yo, apartado de la escuela pública canaria por decisión propia cuando ingresé en el Seminario Diocesano de Canarias (quemé las naves autoexcluyéndome de las listas de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias, por idealismo, por imprudencia, por generosidad...), escribo estas líneas y subo un artículo a mi blog, mientras estoy sopesando si apagar la radio (escucho ahora a Chavanel y a su equipo de colaboradores en Radio Faycán) y preferir celebrar que escribo lo que escribo, alejado de las aulas, escuchando Aulaga, un hermoso trabajo discográfico de Domingo Rodríguez Oramas el Colorao.

De modo que sí, escucharé ahorita mismo el timple de el Colorao, en efecto, y la guitarra de Juan Carlos Pérez Brito, más las voces de Maribí Cabo, Mariola Socas, Antonio Corujo, Juan Manuel Padrón, Dacio Ferrera, Beatriz Alonso, Manuel Navarro, Perico Lino, Abelardo García el Tormento... Porque ciertamente, el desprecio tan grande que han perpetrado contra mí, desde la Diócesis de Canarias pastoreada por Cases Andreu, es tan mezquino y miserable que no puedo dejar escapar de mi vida ni un segundo de felicidad o de deseo de felicidad. Hipócritas. 

O lo que es lo mismo: si algunos eclesiásticos y su entramado de poder eclesial me han ninguneado como me han ninguneado, luego de haberse sido yo delicadamente generoso e idealista y militante fiel, la conquista de la felicidad... Gracias, Berty, por tu magisterio; y eso que no soy ateo, pero no crean que no me entran como ganas o curiosidad siquiera por tratar de serlo (mucha gente no se lo piensa dos veces), sobre todo en vista de cómo se las gastan muchos en la Iglesia católica...


Mi regalo de Reyes


Antes de que viera la luz de la publicación mi libro ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor (Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 20ll), ya creía ser plenamente consciente, quien estas líneas escribe, no crean que no, de que el susodicho ensayo no iba en modo alguno a suscitar especial júbilo ni suelta de voladores en la Diócesis de Canarias; mejor, en el ánimo de sus principales autoridades, secretariados, movimientos católicos, plataformas informativas o mediáticas incluso. Sin embargo, mis realistas expectativas se han visto, apenas mes y medio después de recibir los primeros ejemplares de mi libro, confieso que ampliamente sobrepasadas por la contundente realidad de los hechos: no es que no haya habido ni júbilo ni suelta de voladores, es que se ha decretado sobre el libro en cuestión el más implacable de los silencios, de los ninguneos, de los desprecios.


     
     Sostiene el editor de mi libro -los escritores consagrados dirían mi editor, uno no llega a tanto- que aún es muy pronto para hacer una valoración sobre el éxito o no éxito de público y crítica de la obra. Por mi parte, a la espera de ese éxito de público y crítica y confiando plenamente en la experiencia y el buen hacer editorial y gestor de Pablo Méndez, poeta, crítico literario y responsable de Vitruvio, en apenas mes y medio de labor de promoción y difusión del libro ya me siento validado para afirmar lo que acabo de apuntar: la indiferencia y el desprecio son las monedas con que me están pagando desde la Diócesis de Canarias muchos que, pudiendo no actuar así para conmigo y sobre todo para con mi libro, actúan desde el hipócrita desprecio. Y luego hablan de solidaridad, fraternidad, espíritu del Concilio Vaticano II, Iglesia Pueblo de Dios, Iglesia como comunidad de iguales... Hasta los jerarcas a menudo hablan así; eso sí, exigiendo que ellos son ilustrísimas, eminencias reverendísimas y demás zarandajas completamente ajenas al espíritu de Jesús. De manera que sí: cuánto estoy aprendiendo... La hipocresía eclesial ya es gigantesca.

     Y significativo todo, sí. Significativo de que si me pagan con el desprecio y el ninguneo no es sino por la carga de verdad que mi libro contiene. (Para los más escépticos, asumo plenamente la afirmación que acabo de aventurar.) En efecto: poner el dedo en la llaga sobre la patética crisis de fe y sobremanera de credibilidad que afecta a la Iglesia católica en España, por no irnos más lejos sin salir de Europa, es algo que no gusta nada, parece, ni a los propios jerarcas de la Iglesia, comodones, trepas, mediocres, burócratas e hipócritas a tope algunos de ellos. Como tampoco gusta, ni interesa gran cosa, denunciar no solo los altos niveles de hipocresía eclesial actuales, también el descarado nepotismo imperante en la Iglesia (enchufismo, amiguismo, tráfico de influencias...), el burocratismo antimilante y desencarnado, el trepismo de no pocos, o el falso progresismo mundanizante de otros tantos, todo ello bendecido por curas supuestamente chachipirulis, muy progres ellos, en realidad afectos a un descaradísimo afán de protagonismo.

     Como bien reconoce el bueno de Santiago Gil -acaso uno de los jóvenes escritores más interesantes del panorama literario canario de nuestros días-, abrirse paso en el mundillo literario es complicado, es una empresa que es carrera de fondo, pues el propio mundo literario, local y nacional y allende las fronteras patrias, no solo es realidad compleja, diríase que vanidosa, sujeta a equívocos y volubles intereses mercantilistas, sino que es realidad que está en constante transformación merced a la sorprendente revolución tecnológica que estamos viviendo: Internet, aparición del libro electrónico, impacto y papel de las redes sociales...

     Con todo, repito por tercera vez, aun asumiendo el reto que a mí mismo me imponen como escritor las dificultades que acabo de señalar, que en apenas mes y medio de vida de mi último libro (como puede colegirse, apenas un bebé que ni gatea aún) al menos he alcanzado a comprender que el tremendo y despectivo silencio decretado contra el mismo por no pocos de la Iglesia católica en Canarias, es la mejor demostración de la verdad que contiene mi ensayo; ergo, cabalgamos, amigo Sancho.

     Gracias por este regalo de Reyes. Total, el Niñojesús en su pesebre, al abrir los ojos... En fin, ya adulto diría aquello de “El discípulo no puede ser mayor que su maestro”.

Enero, 20l2. LUIS HENRÍGUEZ LORENZO
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