miércoles, 30 de enero de 2013

"Brevísima apología de la vida sencilla"


Y no obstante toda la verdad que contiene la reflexión de Esther Vivas -cuyo nombre me suena no solo de Atrio sino también de Cristianismo y Justicia de Cataluña-, cuán a menudo incumplimos, yo también, la sabia recomendación de un tal Diógenes, que solía exclamar en público, ante puestos de vendedores, comerciantes de todo tipo, etcétera: “Qué pocas cosas necesito, y qué poco necesito lo que necesito”.

Aunque en realidad, sin consumo no habría desarrollo económico; ciertamente, uno de los graves problemas por que atraviesa la economía española: no hay consumo, no se genera riqueza, las empresas han bajado muy considerablemente sus ventas…
Entonces, así las cosas ¿qué hacer? ¿Bastaría con no comprar en firmas y cadenas comerciales de las que conocemos sobradamente que producen sus productos conculcando los más elementales de los derechos laborales de sus trabajadores? Solo que una cesta de la compra con solo productos del llamado comercio justo es inviable para una mayoría de economías de nuestro país...
Y cuando se trata de comer fuera de casa, ¿preferimos lo más lujoso o somos sencillos, modestos y hasta frugales en nuestros gustos? Cuando viajamos, ¿vamos en primera, en clase turista…? ¿Cambiamos de coche cada dos por tres, lo mismo que de móvil…? ¿No podemos pasarnos sin llevar ropa de marca, calzado de marca, perfumes carísimos, joyas de alucine…?

Hace lustros que yo creo haber optado por un estilo de vida sencillo prácticamente en todos mis gastos, lo cual no quita o impide que a veces "me salga fuera del plato" con algún gasto extra en forma de comidas fuera de casa, discos musicales (pocos) o libros, cine (más poco aún: casi todo el que veo, que creo es bastante, lo visiono gratuitamente)...

Pienso en el modus vivendi de Jesús de Nazaret, y de paso en el de tantos profetas y personas buenas que la historia ha conocido, hombres y mujeres que pasaron por este mundo viviendo de manera sencilla, hasta humilde, modesta, desprendida. Y lo que suele ocurrírseme es la idea de que estos asuntos económicos son como la pescadilla que se muerde la cola: si nos apuntamos todos y todas a pobres, modestos, humildes, frugales y sencillos, y por ende apenas consumimos, los comercios y empresas de todo tipo no venden, o ven disminuir drásticamente sus ventas; si descienden drásticamente las ventas, la economía sufre menoscabos serios; si la economía sufre menoscabos serios, pues sucede algo parecido o muy similar a lo que estamos viviendo en España a principios del 2013: la economía patria colapsada; la sangría de parados, pues que no hay dios que la pare; las empresas, pues más cierran arruinadas que las que abren...

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