viernes, 25 de enero de 2013

"Apunte disperso sobre la Iglesia católica"


Ya, vale, y aparte de no gran cosa, ¿qué se puede hacer?

Si criticas todo esto, ipso facto te califican de retrógrado, difamador, cátaro, loco, envidioso, fanático, resentido, fundamentalista y otras difamaciones por el estilo.

Es lo de siempre: ¿Cuántos, de entre todos los fieles que dan clases en centros teológicos católicos, en la escuela católica, en asociaciones asistenciales católicas, etcétera, y están casados y son relativamente jóvenes, por ejemplo, son fieles a la doctrina de la Iglesia católica sobre la familia cristiana? Por sus hechos de vida -sin entrar a juzgar sus conciencias, territorio sagrado-, enumérenme 12 matrimonios jóvenes modélicos o testimoniales, según el plan de Dios y la consecuente doctrina de la fe de la Iglesia.


Repasa los que hay en el ISTIC, sede Gran Canaria... No hay que ir más lejos. Entre los que imparten Religión católica en la escuela pública, ¿abundan los militantes? Entre los que se desempeñan en la escuela católica -por lo común están ahí por enchufe-, ¿abundan los evangelizadores fieles a Cristo y a su Iglesia? El 95% ni practican la fe; y el resto, en su mayoría conformado por burócratas antimilitantes, salvo honrosas excepciones...  

Pero no, esto no se puede denunciar, a menos que uno quiera ser fulminantemente zaherido: fundamentalista, retrógrado, loco, envidioso, resentido, cátaro, difamador, fanático...

Mira, Al., L.F.: tengo dudas de que se pueda hacer algo realmente, dada la situación eclesial como está de podrida y de inconsecuente y de hipócrita. 

Es lo que hay. Así que les recomiendo que se tomen una tilita, hagan deporte y escuchen mucha música, lean a los clásicos (de la literatura y del pensamiento), escuchen la radio, paseen con los amigos y las amigas, y gocen con el cine, una de mis grandes pasiones: por lo común -siguiendo en esto el ejemplo de ese gran erudito del cine llamado Luis Miranda-, me veo una peli al día.


Postdata

En la actualidad eclesial católica, todo posible mérito (o carisma) intelectual, académico, cultural, espiritual o militante cristiano es nada, a menudo, si no "caes bien", si no eres "políticamente correcto", si no eres moderado (o sea, tibio), si no eres templagaitas (esto es, amigacho del posibilismo politiquero y de parecidas componendas), si no eres amigo de Fulano o de Mengano...

Así es, sí: el nepotismo en la Iglesia católica ya alcanza cotas escandalosas. Y lo que es peor, es tanto más escandalosamente elevado cuanto más escasea en la Iglesia católica la promoción de militantes.

Anoche las abundantes setas me desvelaron a eso de las 5 de la madrugada; comprobé la hora, "como a lo lejos" (soy miope), en el reloj de la radio-despertador. Sonaba una música relajada, pero mi estómago no estaba nada relajado. Mi espíritu sí, siquiera por considerar que las setas cenadas, sin duda en exceso abundantes, las habíamos cogido nosotros -más tú que yo, claro, yo nada prácticamente-. Así que mi espíritu sí pero mi estómago no: los excesos se pagan. También, por lo que toca a la Iglesia católica; ella paga los suyos, que son sobre todo los derivados de pactar con todo lo que traiciona la fidelidad al Evangelio, que siempre nos desborda, nos sobrepasa (a mí el primero).

Por lo demás, ya conocemos que denunciar todo esto deviene doloroso, porque te conduce al ostracismo eclesial: todo el aparato hipócrita institucional, con sus monseñores a la cabeza, y todas sus trapisondas de nepotismo a granel, te pisotearán sin piedad.


Enero, 2013. Luis A. Henríquez L.
Publicar un comentario