viernes, 11 de julio de 2014

"El martirio 'blanco' de la fidelidad cotidiana a Cristo"

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Por lo que dice a lo que en la tradición cristiana conocemos como cielo (Cielo, el cielo), sucede que si dejas “mucho, casi todo o todo” (la expresión entrecomillada es mía, intencionadamente) por el Reino, aquí en la Tierra, nuestra fe cristiana asegura que Dios te concederá la salvación eterna. Si haces el bien, si amas a fondo perdido, si vives en el temor de Dios, si perseveras en la Iglesia católica, la única fundada por Cristo... podrás venir a ser de los últimos que sean los primeros, a pesar de haber sido durante tu periplo por la Tierra un despreciado, un perseguido por causa de Cristo. Y viceversa: ya podrás haber ganado el mundo entero, ocupando cargos importantes que te reportaran fama, prestigio, dinero, toda clase de bienes materiales y de placeres, que igual tu alma se pierde en la condenación eterna... 
Sin embargo, en estos tiempos recios en que abundan en la Iglesia la mundanización a tope, el nepotismo, el autoritarismo, la deslealtad hacia lo que verdaderamente humaniza, en definitiva, las mil y una formas o variantes de la más redomada de las hipocresías, no es raro que gentes de la propia Iglesia acaben despreciándote a causa de tu fidelidad a Cristo.
Y aunque doloroso y muy jodido todo lo que está pasando en esta Iglesia, ya nada me extraña: el catolicismo está como en proceso de descomposición acelerada, como si padeciera la Iglesia una suerte de malévola y muy majadera diarrea ya hecha crónica.
Por eso, en efecto los que se empeñan en ser fieles a la voluntad de Dios, y así renuncian a esto y a aquello muy importantes en sus vidas, sí, de acuerdo, “se ganarán un tesoro grande en el cielo, donde la polilla no puedo correar nada"… Pero por parte de muchos sectores de esta Iglesia mundanizada a tope y completamente sumida en la Gran Apostasía, igual lo que logra es mayor incomprensión, desprecio, vacío…
Los militantes esforzados en construir el Reino de Dios y su justicia, esto es, los evangelizadores, los entusiasmados con Jesucristo y con su Iglesia, sí que heredarán la Gloria. Lo creo. Pero mientras tanto, en esta Iglesia decrépita, políticamente correcta, mundanizada (la Iglesia dañada por la Gran Apostasía), muchos que seguirán ocupando los primeros puestos, los puestos de responsabilidad, salvo honrosas excepciones que solo Dios “en verdad” conoce, son tibios, burócratas antimilitantes, trepas, figurones, meros enchufados, mundanizantes, feministas proabortistas,  medradores, antinatalistas capaces de pasarse por el forro la enseñanza de la Iglesia en sexualidad conyugal, control de la fertilidad o fecundidad...idem supra
Uno no puede dejar de dar gracias a Dios, Quien a través de la acción de su Espíritu Santo, el Espíritu de Dios Trino, sigue permitiendo que en esta Iglesia tan deteriorada y mundanizada, haya entusiasmantes testigos del Crucificado-Resucitado, en todos los estamentos y lugares: obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas profesos, seglares casados o solteros… Solo que el mal está tan extendido, como en metástasis generalizada, que la desesperanza cunde. O al menos cunde en mi ánimo y en el de algunos amigos que tengo.


22 de septiembre, 2014. Luis Alberto Henríquez: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.

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