miércoles, 28 de mayo de 2014

"Sigo siendo, que creo así"





En expresión muy del Concilio Vaticano II, en efecto las religiones no cristianas contienen “semina verbi” (semillas del Verbo). La Iglesia (católica) trata de acogerlas con respeto, poniendo en práctica la “libertad religiosa y de conciencia” proclamada en los documentos del Vaticano II, y que siempre negó un obispo “integrista” , “preconciliar” y a la vez antifranquista como monseñor Antonio Pildain, titular de la Diócesis de Canarias durante varias décadas, mas sin duda un enamorado de Jesucristo y de su Iglesia, de vida muy austera, muy pobre, muy testimoniante del Evangelio, y que tanto hizo por los pobres, y por salvar de la muerte a presos condenados a muerte por el régimen de Franco.

La plenitud de la Revelación es Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad, que sigue siendo la mejor comunidad, según reza el título de un libro del teólogo y filósofo brasileño Leonardo Boff.
Empero, el que las otras religiones contengan “semillas del Verbo” es siempre una invitación al diálogo constructivo, al encuentro, a lo búsqueda de lo que une y no solo de lo que separa. En la perspectiva de la exhortación de San Pablo, “apóstol de los gentiles”, a las primeras comunidades cristianas, a toda la Iglesia universal: “Examínenlo todo, y quédense con lo bueno, lo noble, lo verdadero, lo loable, lo plausible.

Y ese diálogo ecuménico e interreligioso es el que ha intentado poner muy de relieve el papa Francisco en su reciente viaje a Tierra Santa, epicentro del planeta Tierra, y territorio tan atormentado por seculares conflictos étnicos, religiosos, geopolíticos y estratégicos.

Solo Dios conoce en verdad si el papa Francisco, o sea, el argentino Jorge Mario Bergoglio, es más santo que los papas preferidos por los tradicionalistas católicos: san Pío V y san Pío X, y también, en este siglo, Pío XII. También sienten especial predilección por san Pío IX, el Papa del Syllabus, documento que condena todos los "males" modernos: la masonería, las ideas socialistas, la democracia, los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad, la libertad de conciencia, la libertad religiosa... Los más tradicionalistas católicos (entre los cuales sin duda hay personas maravillosas, santas, por más que no está de más recordar que el arzobispo cismático francés Marcel Lefebvre murió excomulgado, sin haberse reconciliado con la Iglesia) ni siquiera muestran simpatía alguna por León XIII, el primer Papa en aparecer en una filmación de cine, allá por el año 1896, papa de gran conciencia social, sí muy admirado por sectores católicos situados más hacia el ala izquierda de la Iglesia, que es donde yo más he he permanecido.

Nunca he simpatizado con el lefebvrismo, nunca; incluso desde la certeza de que en esa corriente eclesial hay magníficos tesoros para la vida espiritual católica. Acaso por una razón tan puede que "absurda" y tan poco "católica" como viene a resultar mi tendencia a entrar en confianza con las personas y acabar tuteando a todo el mundo, o queriendo hacerlo, eclesiásticos incluidos, y esta costumbre es tenida por casi blasfema por los más tradicionalistas e integristas católicos.

Pero esta especie de campaña que llevan orquestando contra el papa Francisco, precisamente los más integristas, prácticamente desde que subió al trono o silla de Pedro, hace poco más de un año, me deja perplejo. ¿Acaso desde el "pistoletazo" de salida que ese eminente intelectual que es el profesor y doctor en humanidades Antonio Caponnetto, argentino como Bergoglio, publicara sus escritos tan críticos con el pontificado del papa Francisco, escritos muy difundidos en esa red de redes que es Internet?

No le perdonan una: el papa Francisco ha simplificado el boato, los ornamentos litúrgicos; conclusión: es masón, relativista, sincretista, hereje, apóstata... y antipapa. El papa Francisco abre la boca, predica y demuestra que no es ni ese filósofo eminente que fue Karol Wojtyla (san Juan Pablo II), ni ese teólogo incomparable que sigue siendo el papa emérito Benedicto XVI, pues hala, lo mismo: es que es un ignorante falto de luces, amén de un masón, herético, relativista, sincretista, antipapa... El papa Francisco, siendo todavía cardenal arzobispo de Buenos Aires como Jorge Mario Bergoglio aparece en una fotografía que circula por los medios de Internet, sentado que está o viaja en el transporte público en Buenos Aires; parece mirar fijamente a la cámara, como si fuera consciente de que le toman o sacan una foto; una mano la tiene metida por entre la camisa, a la altura del pecho; hala, lo mismo: el actual papa Francisco es masón porque ese es un gesto masónico, y lo repitieron mucho otros masones ilustres como W. A. Mozart, Napoleón Bonaparte, Abraham Lincoln... y también el papa Francisco, que es masón. O sea, que es ese masón que la Gran Logia del Oriente de Italia buscó en su momento en el eminente cardenal Carlo María Martini (biblista de fama mundial, arzobispo de la Diócesis de Milán, de la que fue titular nada menos que San Ambrosio de Milán, Doctor de la Iglesia), también jesuita como el papa Bergoglio, y que pudo haber tenido alguna opción, digo el cardenal Carlo María Martini, en el Cónclave de 2005, del que salió elegido Joseph Ratzinger. 

Dicho con tonos entre romanticones y futboleros: al fallarles el "candidato masón perfecto", que no era otro que el cardenal Carlo María Martini, y tras fallarles finalmente también el segundo "candidato perfecto", esto es, el cardenal arzobispo de Buenos Aires Jorge Mario Bergoglio, ya fueron a por todas en el Cónclave "urgente" que hubo que convocar tras la imprevista renuncia del papa Benedicto. Y habiendo ido a por todas, ya tienen lo que querían: el Papa masón, el heraldo del Anticristo, el relativista sincretista de ideales políticos peronistas, el antipapa...idem supra

Está profetizado, en las Sagradas Escrituras e incluso en algunos escritos de santos visionarios, que la silla de Pedro será ocupada por un antipapa, o sea, un hereje que anunciaría la venida del Anticristo, la Bestia del Apocalipsis... Pero yo, no sé si muy equivocado en mis cálculos y opiniones, no creo que ese antipapa sea el papa Francisco, por más que a mí mismo -y eso que me considero de izquierdas, nada tradicionalista católico-, me gustara más el gusto litúrgico del papa emérito Benedicto XVI; y más también esa tremenda timidez del descomunal intelectual que es Joseph Ratzinger; y más incluso la "contundencia" doctrinal con que rechazaba la cultura de la muerte, por ejemplo, la cultura del relativismo. 

Pero también este papa Francisco me gusta: su sencillez, que según algunos tradicionalistas no es tal, sino maquiavélica, impostada, ficticia; o sea, jesuítica, perdón, masónica. Pero es el Papa, el dulce Cristo en la tierra, y para un católico esto no es moco de pavo. De manera que no creo que lo sea incluso desde esta convicción que en mí casi no tiene asomo de duda: vivimos tiempos tremendamente atribulados en el mundo y en la Iglesia, tiempos de dramática Apostasía en el seno de la que amamos como la Esposa de Cristo: obispos que han perdido, lo más probable, la fe en Cristo y en su Iglesia (y no solo el oremus, esto por descontado) y que no ejercen de pastores; sacerdotes dados a la buena vida, el dinero, la comodidad mundana, la doble vida, vamos, a la dolce vita, por hacer un guiño ahora al gran Federico Fellini.

Sé que en la Iglesia impera la Apostasía ya profetizada. Y yo la sufro, tal situación, no solo porque contribuyo a ella con mi mal ejemplo de vida, con mi mal testimonio como católico, la sufro también porque sé que esa Apostasía eclesial es la que ha propiciado que de mí hayan pasado en la Iglesia, es decir, que no me hayan ayudado cuando les he pedido ayuda (todo esto lo expreso con todo lujo de detalles y por extenso en mi ensayo ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor: Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 2011). Esa Apostasía dramática y ya como preapocalíptica es lo que explica que un obispo como monseñor Cases Andreu no me haya ni querido recibir; vamos, que haya pasado olímpicamente de mí, así de claro. Pero peor para este prelado, si es verdad lo que sospecho de él: ha pasado de mí porque debe saber que yo, pecador y frágil, empero quiero estar en la Verdad de Cristo; él, igual prefiere seguir chapoteando en las componendas y lodazales de una Iglesia mundanizada, nepotista, políticamente correcta, antimilitante y antiprofética.

Pero al papa Francisco lo sigo estimando como legítimo sucesor de Pedro que creo que es. Y si estoy equivocado por seguir considerando que hago bien en querer permanecer donde está Pedro, esto es, cum Petro et sub Petro, Cristo -que pedirá graves cuentas en su momento a quien es su Vicario hoy en la Tierra, pues a quien más se le da, más se le exige; y también le exigirá más a usted, monseñor Cases Andreu, no se le olvide- me querrá perdonar, confío. 

Sí, perdonar: como dijera el genial poeta y marxista (no conocemos bien si ateo o no) César Vallejo, en su lecho de muerte: "Siento que ante el Padre de los Cielos tengo un valedor, Cristo". O sea, que igual nunca apostató de la fe católica que conoció en su hogar peruano tradicionalmentre católico, de mucha piedad, como era normal entonces, conformado por doce hermanos, en las zonas andinas y campestres del Perú, nieto el cholo Vallejo de dos abuelos sacerdotes españoles que habían dejado embarazadas a dos mujeres indígenas peruanas.

(Como enseñanza del Concilio Vaticano II al respecto de lo solo mínimamente esbozado en este artículo, véanse principalmente los Decretos Ad Gentes Divinitus, sobre la actividad misionera de la Iglesia, y Unitatis Redintegratio. Y aun de manera más especial, la Declaración Nostra Aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, y la Declaración Dignitatis Humanae, sobre la libertad religiosa).

28 de mayo, 2014, día del cumpleaños de mi madre. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social          

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