miércoles, 28 de mayo de 2014

"Paz, amor y alegría"


Vale, santo padre Francisco, “paz, amor y alegría”, como usted predica, según usted mismo exhorta en su predicación, por más que esa expresión que usted acuña así, "paz, amor y alegría", no figure en el Evangelio. Pero bueno, aunque así sea, puestos a ser puristas, el Evangelio es una oferta de paz -aunque no como la del mundo-, de amor (exigente, claro, no amor merengue, de plastilina, no amor clínex), y de alegría, de alegría redimida por Cristo.

"Mi paz les dejo, mi paz les doy... Pero no crean que he venido a traer la paz al mundo, o como el mundo la quiere, esa paz, sino que he venido a prender fuego en este mundo"... Exacto. Sin embargo la Iglesia, de la que usted es cabeza y signo visible de unidad en la fe, como nos enseña el Vaticano II, ¿por qué está tan atestada de trepas, mediocres, figurones, arribistas, feministas proabortista, antinatalistas, espiritualistas desencarnados, mundanizantes y demás peña o tropa que ha ido, pongamos en los últimos 50 años, plantando sus tiendas en la Iglesia? Paz, amor y alegría predica usted, santo padre Francisco, y la Iglesia hecha unos zorros, en la Iglesia casi todo manga por hombro, la casa (eclesial) sin barrer... .
Contemplando uno el tétrico panorama de esta Iglesia, sinceramente... Sí, sé que existió hace años en Guatemala un obispo que se llamó Juan Gerardi, asesinado por las mafias del narcotráfico, lo sé, y sé que existen monjes y monjas de vida contemplativa que no salen en los periódicos ni en Internet, también lo sé. Y sé lo que afirma Andrea Ricardi en alguna investigación suya: la Iglesia universal en el último siglo y medio es una Iglesia martirial. Pero también, santo padre Francisco, tengo el incurable defecto de creer que en esta Iglesia se ha instalado -y creo que más por culpa de los pastores que por mi culpa, por mi gran culpa-, la más espantosa de las mediocridades, la más espantosa de las incoherencias entre la fe y la vida…
El Maligno ha entrado a saco en esta Iglesia. Y uno, sí, santo padre Francisco, claro que busca la paz, el gozo, la alegría, etcétera, pero a menudo no da la Iglesia motivos para nada de eso; la promesa de Cristo, sí, pero hay que buscar y rebuscar no poco en la Iglesia para encontrar motivos para la alegría, para la esperanza, parafraseando aquí y ahora los clásicos libros del sacerdote y escritor fallecido hace décadas José Luis Martín Descalzo.
Con todo respeto, santo padre Francisco, es lo que siento; si me equivoco u ofendo, o si le parezco demasiado pesimista, usted sea el primero en perdonarme.
idem supra

16 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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