jueves, 29 de mayo de 2014

"¿Sobre gustos sí hay colores?

Leo, en una web que está en las antípodas ideológicas de Atrio, la queja de un forista. Lamenta, en términos que harían pensar en una desgracia proporcional casi a la del hambre en el mundo o similar (admitida mi hipérbole), que el actual papa Francisco, siendo cardenal arzobispo de Buenos Aires “permitiese” en una misa celebrada en la catedral de Buenos Aires, algunos “gestos intolerables” para la mentalidad del autor de esa nota. Uno,  que el entonces cardenal Bergoglio no se molestara porque uno de los sacerdotes concelebrantes metiese brevemente los dedos en el cáliz en que acababa de poner el vino que iba a ser consagrado (seguro que el sacerdote vería en el vino que acababa de verter en el cáliz, alguna porquería, y quiso sacarla). Y dos, el que Jorge Mario Bergoglio aceptara, tan “pancho” -nunca mejor dicho, jeje, por lo de su nombre actual como vicario de Cristo-, que una vez finalizada la misa una pareja se marcara un tango a los pies del altar.idem supra


Sinceramente, con el derecho que creo que me asiste para opinar, como hijo de Dios y como ciudadano, como buscador de la verdad, me parece una pasada el “lamento” de tal forista, sobre todo por lo que toca a su primera pena por causa de meter el sacerdote los dedos sobre el vino que se iba a consagrar. Qué pasada, a mi juicio, de escrupulosidad, de rigorismo, acaso de integrismo…


De nada vale, me creo, argumentar ante católicos de una mentalidad tan litúrgicamente conservadora el hecho incuestionable de que Jesús en la Última Cena… Te responderán que no es lo mismo, porque las personas debemos honrar a Dios con la mayor gloria ornamental o litúrgica posible…


Y considero que salta a la vista el porqué de referirme a esto: por la noticia misma que nos convoca a opinar en este hilo: ese matrimonio austriaco perteneciente al Movimiento Somos Iglesia ha sido excomulgado por celebrar “misas” sin sacerdote ordenado. Pero resulta que en el otro extremo de la Iglesia, en el ala más conservadora y de derechas, un forista lamenta lo que lamenta, hasta el extremo de poner en duda la autenticidad de la consagración en esa Eucaristía presidida por el cardenal Bergoglio, por el “mero” hecho del gesto del sacerdote. Y yo, que he mostrado mi “discrepancia” con las movidas de la corriente Somos Iglesia, aquí mismo en Atrio, en este hilo, también muestro mi estupor ante este otro extremo: qué pasada…


Hasta el extremo de que, aun a riesgo de que me repliquen con que soy un demagogo, un sincretista, un irrespetuoso, o que mezclo churras con merinas (”insultos” típicos que te endilgan algunos católicos de esa mentalidad tan conservadora o hasta integrista, a mi juicio), no puedo evitar considerar ese tipo de escrúpulos y ponerlos en comparación con los, para mí, más graves problemas a los que se enfrenta la humanidad en estos momentos: el hambre de cientos de millones de personas, el paro, la ignorancia analfabeta de cientos de millones de personas, la esclavitud infantil, la desesperación de millones de jóvenes muy “pre-parados”…


Es decir: que haya problemas como los que he citado y otros de similar gravedad, y que haya católicos que hagan tanta sangre de un hecho como el gesto -insisto, para ese forista, casi blasfemo- de un cura argentino que, seguro que porque creyó ver motas de porquería en la superficie del vino que se iba a consagrar, en una misa presidida por el -según muchas voces tradicionalistas- “nefasto, impresentable, apóstata, herético, masón, sincretista, modernista y relativista” Jorge Mario Bergoglio (o sea, Papa Francisco), metió como breve y tímidamente los dedos en el vino del cáliz.


Qué pasada más grande, Dios mío. Pienso ahora en la enseñanza del Señor: “Hipócritas, que sois capaces de tragoros un elefante y colar un mosquito”. Pero igual el equivocado soy yo.


Postdata: los fundamentalistas protestantes no aceptan nada que no aparezca en la Biblia: solo la Escritura, solo la fe; los tradicionalistas católicos más integristas, por su parte, no aceptan nada que no aparezca sancionado en la Tradición, y además según la entienden ellos, vía Marcel Lefebvre, por ejemplo, esto es, Tradición inmutable, inmovilista, impermeable a modificación alguna. Señalo estas obviedades porque en cierta ocasión alcancé a leer en una bitácora de esas a las que acuden muchos católicos tradicionalistas, la queja de un forista que aseguraba que el gesto de levantar las manos en alguna celebración litúrgica en la iglesia y acto seguido estrechar las manos con los próximos es un gesto masónico que debería estar prohibido en las comunidades cristianas. Qué pasada. Y entonces ¿el gesto de darse la mano dos niños que juegan, un niño y una niña pongamos de 9 añitos? ¿Masónico el gesto de levantar las manos en señal de plegaria, fiesta  o gozo y al tiempo estrechar las manos con los próximos como formando una cadena humana? Bueno, vale -supongamos, hipótesis-, y si es originalmente masónico ese gesto ¿qué tiene de malo que en ambientes católicos se repite, el gesto, dándole una dimensión comunitaria, misionera, evangelizadora, cristológica?


Pues bien: el purismo de pretender rechazar de las comunidades cristianas un gesto como este que he descrito, por reputarlo de masónico, es propio de mentalidades integristas.  

30 de mayo, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social. 
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