viernes, 13 de junio de 2014

"Carta abierta -y no por ello menos retórica- al papa Francisco"


Santo padre Francisco, siervo de los siervos de Dios:


Permítame de nuevo enviar una carta al viento, esto es, al ciberespacio, quiero decir, una carta retórica dirigida a usted (retórica porque no la va a leer usted). Pasemos entonces... 


Creo que no está del todo mal esta reflexión de la que soy autor, y que puede arrojar cierta luz al respecto de este artículo. (Me refiero aquí a una reflexión que publico por estos días en Atrio, sobre el celibato. Atrio es portal progresista que concita lo sacro y lo profano, desde una perspectiva izquierdista, progresista, heterodoxa, católicamente hablando. Y este inicialmente la subí a Infovaticana, portal de información católica donde no suelen censurarme nada, si bien este sí me lo han censurado, me parece, luego de tenerlo unos días " en antena").


En el apostolado obrero de inspiración cristiana me inculcaron esta certeza del genial Guillermo Rovirosa, alma mater de la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), actualmente abierto su proceso de canonización: cum Petro et sub Petro, aun en el caso de ser perseguido por la propia Iglesia.


Guillermo Rovirosa lo fue, perseguido por la Iglesia: fue injustamente apartado de la dirección nacional de HOAC, y ante la posibilidad que se le ofrecía de defenderse él mismo ante el papa Pío XII, pronunció estas palabras “proféticas”: “No, una madre (la Iglesia) no debe defender a su hijo, es el hijo el que debe defender a su madre”.


Sin embargo, a mí la Iglesia que pastorea monseñor Cases Andreu, y su vicarial escudero Hipólito Cabrera, me ha hecho un daño tremendo: no merezco ni agua, yo que soy mediocre y falible pero militante deseoso de fidelidad al Evangelio, el Magisterio y la Tradición, ni agua, nada: el silencio por respuesta, el no hacer ningún aprecio como la forma más sutil de desprecio. Y empero, estos eclesiales y muy eclesiásticos señores mantienen la Diócesis atestada de trepas, arribistas, mediocres, tibios, mundanizantes, figurones, meros enchufados, antimilitantes, feministas proabortistas, antinatalistas que consideran que la paternidad responsable consiste en tener solo dos hijos y luego cerrar el grifo...idem supra


Qué pasada más grande, Dios bendito. Mas con todo, el caso es que esta realidad actual de la Iglesia, sumida en la Gran Apostasía postconciliar, no es la que conoció Guillermo Rovirosa, quien ni alcanzó a conocer el Concilio Vaticano II siquiera, pues el maestro de militantes obreros cristianos catalán falleció muy a principios de los sesenta.


Y empero yo -insisto- que me he leído sus obras completas, tanto las que fue publicando el Movimiento Cultural Cristiano como las que publicó en cuatro tomos la HOAC, e incluso alguna que otra que ha publicado Acción Cultural Cristiana, y también el Instituto Emmanuel Mounier, no merezco ni agua, según el dictamen implacable de monseñor Cases Andreu. Para tu homónimo de la Diócesis de Canarias, santo padre Francisco, siervo de los siervos de Dios... Ni agua merezco, nada, el más dañino de los desprecios basado en no hacer ni pizca de aprecio, ni siendo, como soy, seguro, de los poquísimos que en Canarias deben haber hecho el cursillo de conversión, que dura una semana, tan peculiar y definidor del Movimiento Obrero de inspiración cristiana, tres veces a lo largo de su vida: una con el incomparable Julián Gómez del Castillo, seglar, converso del ateísmo al cristianismo, maestro de militantes cristianos, socialista de los que pagaban por serlo (al contrario del socialismo del PSOE actual, conformado por una mayoría de burocratones y jerifaltes que cobran y cómo cobran por no serlo), y dos con el muy carismático sacerdote y también militante cristiano D. Luis Capilla.


Increíble: es la mezquindad y la hipocresía al cubo. Que mucha gente echa en cara a los curas, y por eso principalmente no pisan una iglesia ya ni de san juan a corpus (minúsculas adrede). Y es la mediocridad eclesial elevada a la enésima potencia. Hasta el extremo de que más que desear que me ayuden ya a estas alturas, santo padre Francisco, lo que pido insistentemente a Dios es serenidad para seguir luchando por salir adelante, y también paciencia y paz interior capaces de hacerme perdonar las ofensas del prójimo. Y que me hagan también capaz para soportar tanta espantosa mediocridad eclesial...  


Porque Dios está arriba, es el OjO… Y Dios me va a juzgar a mí, pecador que soy, frágil, temperamental, y fiel católico a quien cuesta sangre, sudor y lágrimas el perdonar las ofensas del prójimo... Pero también va a juzgar a tantos pastores de la Iglesia tibios, mundanizados, tal vez apóstatas... Y a tantos tibios que pululan por la Iglesia medradores, trepas, meros enchufados: "A los tibios vomitaré de mi boca", dice el Señor. A los tibios que sobreabundan en la Iglesia, sí. En este tiempo particularmente dramático de la Iglesia mundanizada, o sea, afectada por la Gran Apostasía ya profetizada en las Sagradas Escrituras y en diversos escritos visionarios, o lo que viene a ser lo mismo, asechada por el Inicuo.


Y caer en la cuenta de que ahora me vengo a dar cuenta de que han pasado de mí como del agua sucia porque Satanás ha entrado a saco en esta Iglesia, asechada así pues por el Maligno: el Inicuo haciendo y deshaciendo en gran parte de esta Iglesia, que sigue empero siendo toda la Esposa de Cristo -hasta la consumación de los tiempos lo será, y yo creo en esa promesa de Cristo Esposo para su Esposa-, la Esposa de Cristo desangrada por la Gran Apostasía.


Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.





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