martes, 26 de febrero de 2013

"Sea quien sea el nuevo sucesor de Pedro"



Hay que ver la distancia tan grande que media entre un sector y otro sector de la Iglesia: el sector de la derecha católica y el sector de la izquierda católica…


Con solo señalar que desde ciertos portavoces de la derecha más derecha católica, se acusó en su momento al obispo argentino Bargalló de “Vergalló”: clara alusión sexual, es decir, verga, órgano sexual masculino, por el “affair” amoroso que mantuvo el dimisionario obispo argentino con una señora divorciada (¿o era viuda?) también argentina, con playas exóticas mexicanas incluidas. O con recordar que el cardenal Maccarone por su parte pasó a ser “Maricone”, también por algún prócer de esa derecha católica así rebautizado.

Qué pasada. En Atrio se ha levantado recientemente una controversia, tampoco muy larga o prolija, a propósito de una carta abierta de algunos curas vascos en que estos apoyan las reivindicaciones en pro de la ordenación ministerial de la mujer en la Iglesia católica, y uno no puede sino esbozar una sonrisa de incredulidad, de ironía, no sé, pues resulta que, en el espectro internético de la derecha católica, han saltado a la yugular del cardenal Keith O’Brien, hasta hace unas pocas semanas papable en el próximo cónclave ya inminente en el que finalmente no va a participar el prelado católico escocés (de nuevo, el telón de fondo de los abusos sexuales de miembros del clero católico romano), por atreverse a decir el purpurado escocés que él es partidario de ordenar a hombres casados (viri probati), e incluso partidario de que el celibato de los presbíteros diocesanos sea opcional. El revuelo que han armado esas declaraciones del cardenal en sectores de la blogoesfera mediática de la derecha católica.

En el cuadernillo de Cristianismo y Justicia Símbolos de fraternidad (sacramentología para empezar), publicado en enero de 2006, el jesuita y teólogo valenciano José Ignacio González Faus nos recuerda que no es una falta de respeto el recibir la comunión en la mano, puesto que además es una forma que recuerda más a cómo debió ser la Última Cena de Jesús, al partir el pan con sus discípulos y pasarles la copa con el vino de celebrar la Pascua. Pues siendo así y a pesar de que en efecto los santos y santas parece que han preferido desde siempre la forma más “piadosa” de comulgar de rodillas y en la boca y solo bajo la especie del pan, y a pesar de que el propio papa Benedicto XVI prefiere que el fiel comulgante se arrodille al recibir de sus manos la comunión eucarística, no vean ustedes, queridos amigos y amigas de Atrio, la que arman los más conservadores por el hecho de que muchos fieles católicos sigan prefiriendo recibir la comunión en la mano (yo entre estos)…

Por lo que a mí respecta, solo pediría que respetaran mi opción de seguir comulgando recibiendo el Cuerpo de Cristo en la mano, lo cual no parece nada seguro cuando uno lee las proclamas de los defensores de la llamada misa tridentina en latín, también llamada preconciliar, por ejemplo. Estos, como se oponen en verdad a la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II -que juzgan demasiado aperturista, ecuménica, filoprotestante, etcétera- exigen que el fiel reciba la comunión de rodillas y en la boca.

Parece una forma más piadosa, sin duda, preferida por el común de los santos y santas, por los papas... Pero reivindicarla por sí sola, al margen del compromiso por el Evangelio que entraña la vivencia esencial del sacramento eucarístico, puede desembocar, como reconoce el propio González Faus en el cuadernillo a que me refiero, en actitudes hipócritas de "querer colar el mosquito y tragarse el camello".

Porque en efecto, la llamada a la comunión y a la fraternidad y a la lucha por la justicia, a la pasión por el Reino, es la exigencia esencial a la que nos convoca el participar en el banquete eucarístico. Sin un compromiso sincero en esta línea, todo puede quedar reducido a pietismo vacío, a "teatralismo" solo de formas, a espiritualismo desencarnado.

En fin. Salud y paz. A decir verdad, a solo unos días de la renuncia del papa Benedicto XVI, prevista para este próximo jueves 28 de febrero, a las 20 horas en horario español peninsular, con todo lo que ello ha supuesto y supondrá (ríos de información sobre posibles causas de tal histórica renuncia, el poner el dedo en la llaga de los grandes problemas de corrupción financiera y sexual que asolan a la Iglesia...), me pregunto por quién podrá ser el próximo sucesor de Pedro, de entre los candidatos que conozco, que se barajan, y empero también reparo en los problemas que sigue atravesando mi vida, en parte causados por la miserable e inhumana hipocresía eclesiástica...

Y de todo ello encuentro que, sea quien sea el papa que vaya a ser elegido, en nada va a afectar ello a la resolución de los graves problemas por que aún atraviesa mi vida, ya he dicho que en no poca medida causados por la nauseabunda hipocresía eclesiástica.

Desde luego, sea quien sea el nuevo obispo de Roma, ¿de qué me habrá servido el dedicar 25 esforzados años de mi vida al cultivo de una espiritualidad de conversión o militante deseosa de fidelidad al Magisterio (no sin luces y sombras, obviamente, no sin perplejidades y noches oscuras del alma), si resulta que cuando más he necesitado una ayuda, un auxilio, un SOS, los responsables eclesiales de turno han pasado de mí, me han ignorado, cuando no difamado?

Sea quien sea el papa que vaya a resultar elegido, ¿este tratará de acabar con el espantoso nepotismo que impera en la Iglesia católica y que hace posible que riadas de trepas, arribistas, mundanizantes y meros enchufados planten sus tiendas en la Iglesia católica, con la intención no de luchar por el Reino de Dios y su justicia y sí con la menos evangélica de lograr privilegios económicos, sociales, partidistas, individuales, profesionales?

Sea quien sea el papa que vaya a resultar elegido, ¿seguirá sirviendo de algo mi voluntad-vocación de aspirar a crear un hogar cristiano como la propia Iglesia quiere (fiel, estable, espiritual, solidario, abierto a la vida...), si resulta que hasta la inmensa mayoría de los que viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica pasan de esas exigencias del Magisterio? No hay más que tomar conciencia del escaso número de hijos que se tienen por pareja: es un secreto a voces que ello es casi siempre consecuencia (excepciones aparte, que solo Dios conoce) de no tomarse en serio la doctrina sobre sexualidad de la Iglesia católica. De manera que siendo así las cosas y habiendo sido yo un inmisericordemente puteado-machacado por la hipocresía eclesiástica, ¿no es el género tonto seguir soñando con una mujer auténticamente católica, deseosa de formar un hogar  cristiano militante?

Con tales exigencias mías, que ya sabemos que ni cumplen casi todos los que viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica, lo que principalmente logro es que todos los trenes que llegan a mi vida, pasen de largo, apenas reducen la velocidad o se detienen, pasan, no estacionan. De modo que ¿no parece absurdo todo? ¿O va a ser que los propios eclesiásticos que consienten todas estas irregularidades en la Iglesia católica me van a exhortar a que sea paciente, misericordioso, a que sepa perdonar, a que confíe en la misericordia de Dios...? Menudos hipócritas serían si...

Sea quien sea el papa que vaya a resultar elegido, ya conozco el riesgo que comporta el seguir soñando con un hogar cristiano militante y abierto a la vida: la alta probabilidad de no encontrar a una mujer que quiera ir por ahí, sabido ya que ni la inmensa mayoría de las tecnoburócratas enchufadas en trabajos de la Iglesia católica están dispuestas a tomarse en serio las exigencias doctrinales de la propia "empresa" que les da de comer. Yo, tonto del capirote que debo ser, empero sigo queriendo ser fiel a esa doctrina, a pesar de todo el ninguneo-puteo que he sufrido perpetrado por la hipocresía eclesiástica.

Así que, sea quien sea el sucesor de Pedro que vaya a resultar elegido... Bueno, ojalá sea un pastor universal que quiera y sepa impulsar a la Iglesia en la línea que poéticamente plantea el obispo Pedro Casaldáliga: "Sueño con una Iglesia vestida solamente de Evangelio y de sandalia..." Solo que me temo que este sueño, que es el sueño de Jesús, no debe anidar en la cabeza de muchos obispos católicos... O igual sí, quién sabe: las apariencias suelen engañar y no debemos juzgar pero...

Pero ahí están los hechos que cantan: mucha gente de la Iglesia es tan incoherente, tan hipócrita, tan dañina, que una consecuencia lógica de todo ello es el pasotismo y la apostasía crecientes de muchos bautizados. Y la crisis de la Iglesia católica, que no cesa, y que está alcanzando unos niveles verdaderamente patéticos: promiscuidad en el Vaticano, luchas intestinas por el poder en la Curia, redes de homosexualidad gay vaticanescas, blanqueo de dinero, pedofilia...

La barca de Pedro pareciera hundirse; con problemas tan descomunales, con injusticias tan degradantes como la pedofilia, me explico perfectamente que de mí hayan pasado y me hayan tratado como me han tratado.

Pero Dios bendiga e ilumine al nuevo sucesor de Pedro. El reto que tiene por delante es muy delicado y exigente.



  
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