viernes, 8 de febrero de 2013

Sobre la organización "Católicas por el Derecho a Decidir"











08/09/12 10:41 AM  

Católicas por el Derecho a Decidir es organización que funciona como punta de lanza, como vanguardia de activismo social feminista. Como punta de lanza o vanguardia que reivindica de manera muy ideologizada el derecho al aborto "también para las mujeres católicas que así lo estimen conveniente".


Sin duda, deben constituir un reto para las autoridades doctrinales de la Iglesia católica, para los sacerdotes de a pie o de calle, como digo yo, y aun para todo fiel celoso de la integridad -que no integrismo, que es otra movida- de su fe católica.

No obstante, el problema gordo no se llama Católicas por el Derecho a Decidir, me parece -sin pretender por ello minimizar su efecto social y aun eclesial-, sino que se llama, cómo decirlo, "mentalidad antivida, antinatalista e incluso proabortista metida en la conciencia de muchas mujeres católicas de nuestro tiempo". 

Al fin y a la postre, las mujeres miembros de esa organización feminista no son tantas, las activistas digo; en cambio, la riada de mujeres católicas más o menos anónimas que pasan de la doctrina moral de la Iglesia (la anticoncepción, es un secreto a voces que, salvo un puñado de miles de parejas de bautizados como católicos, la debe practicar todo quisque hoy día, hasta teólogos y teólogas que se desempeñan en facultades de Teología católicas, educadores y educadoras de la escuela católica, personal técnico de organizaciones asistenciales católicas...), y que aun se muestran en sintonía con las movidas o propuestas de una organización como Católicas por el Derecho a Decidir, es en verdad un reguero que no cesa de crecer. Es ya un río caudaloso que se sale de madre constantemente.


Con todo, no soy tan tarugo como para no entender que si son tantas las mujeres católicas que actualmente participan de la mentalidad mundana -algunas de estas conozco, feministas radicales, que hasta dan Religión católica en la escuela pública, o trabajan como técnicas en Cáritas...-, en alguna medida es por la labor de activismo feminista llevada a cabo por organizaciones como Católicas por el Derecho a Decidir. Y también -y acaso más incluso-, porque no pocos pastores de la Iglesia (obviamente, obispos y sacerdotes, pero también agentes pastorales laicos) toleran todo lo que denuncio aquí y ahora.



De manera que así las cosas, cabría considerar si los obispos no están en efecto pensando en que lo bueno sería coger el toro por los cuernos, esto es, desautorizar firmemente una organización como la citada organización feminista infiltrada en la Iglesia. Me consta que en algunos países de Hispanoamérica lo han hecho. Creo que en España hace algunos años monseñor José Gea, quien fuera obispo de no recuerdo qué diócesis gallega -no tengo tiempo ahora para refrescar la memoria en Google-, llegó a publicar incluso alguna carta pastoral en que trataba de advertir a los católicos precisamente sobre el uso fraudulento del término "católico" llevado a cabo por las activistas de Católicas por el Derecho a Decidir, presentándolas como una organización paraeclesial o extraeclesial contraria a la doctrina del Magisterio.

Con todo, acabo desde la perplejidad: más allá o más acá de la acción "zapadora" de organizaciones como Católicas por el Derecho a Decidir abortar, con sinceridad hasta los huesos, que diría el peruano César Vallejo, ¿cuántas mujeres católicas realmente fieles a la doctrina de la Iglesia, en materia de moral sexual, hay en España, quedan en España?

Mi pregunta podrá ser acusada de machista, sin duda, pero es tan obvia como la vida misma. De modo que así las cosas ¿quién le pone el cascabel al gato? 


08/09/12 12:16 PM 



Yolanda:

Me temo que católicos (o sea, varones) fieles a la doctrina de la Iglesia, un puñado también. Como las mujeres, más o menos. En este caso no es cuestión de rivalidades de sexo, de cuestiones de género, de reivindicaciones feministas, para nada, sino de algo muy sencillamente constatable.

El abismo entre la moral sexual católica y las prácticas, modos, modas y costumbres de los españoles, es cada vez más grande, más abismal. Y habría que incluir también como propiciadores o motivadores de ese abismo a la mayoría de los bautizados, salvo ese puñado de hombres y mujeres cuyo número exacto solamente Dios conoce.


Por mi parte, no se trata de ninguna cruzada ni, Dios me libre, empeño alguno en meterme de chismoso del carajo y no precisamente bien invitado, en las alcobas ajenas. Pero resulta que la moral de la Iglesia católica, sí, sí cree que debe iluminar la conciencia de los matrimonios, de los cónyuges. Y claro, entonces salta la liebre: no hay que ser adivino para afirmar que, en función de hechos diversos que parecen meridianamente claros, solamente ese puñado de hombres y mujeres, cuyo número exacto compete a Dios y a su juicio sobre cada particular conciencia, son fieles al Magisterio también en las alcobas.



Acaso no pocas mujeres podrán acusarme de machista por causa de lo que planteo, solo que en tal caso me gustaría, si ello fuera posible, que acusaran primero de "machistas, patriarcales y antifeministas" al Papa y a todos los obispos en comunión con él, pues la que expongo es justamente la doctrina de la Iglesia católica. Por experiencia propia, exponerla tal cual es, en toda su dimensión, suele acarrear que lo califiquen a uno de integrista; icluso por parte de fieles seglares que, pasando del Magisterio en aspectos doctrinales importantes, viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica.

Hablando en la lengua de Sancho -para ya concluir-: en condiciones normales si se usan los métodos de control de la natalidad naturales, que son los únicos que admite la Iglesia católica -a condición, no se olvide, de que no sean usados como métodos anticonceptivos propiamente, esto es, con fines decantadamente antinatalistas, y esto es algo que se suele olvidar-, una mujer ¿cuántas veces se quedará en estado? Y empero hoy día hasta distinguidos profesores y profesoras de Teología en facultades católicas se conforman con la parejita... Sospechoso.


Las mujeres podrán aducir todas las razones que consideran legítimas, y entiendo que muchas de ellas son y seguirán siendo la mar de legítimas. Pero es este un hecho incontrovertible: hoy se tienen muy pocos hijos, aparte de por las consabidas circunstancias de dificultades económicas y las dificultades para compatibilizar la vida familiar y la laboral, por la mentalidad contraria a la vida que se ha ido incrustando en la conciencia de la mujer católica moderna.

Y si encima el ejemplo de vida muchas mujeres prefieren tomarlo de monjas como Teresa Forcades 8a la que no pretendo satanizar: algunas de sus ideas son heterodoxas, y aun muy heterodoxas, pero su fe es asunto de ella ante Dios) y no del testimonio de santas como Gianna Beretta Moya... Pero claro: a ver cuántas de las mujeres jóvenes que hasta viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica conocen algo de la vida de una creyente excepcional como Gianna Beretta. O conocen la doctrina al respecto -que la hay, aunque algunos progresistan traten de negarla- del papa Juan XXIII...


A mi modo de ver las cosas, la mediocridad de vida, salvo muy loables y esperanzadoras excepciones, es realmente pavorosa, espeluznante, como para echarse a temblar, en el seno de la Iglesia católica en España. Con todo, espero no haber molestado a nadie con este mi comentario; y mucho menos a las mujeres. Porque a decir verdad, más que interesado en meterme en la priva privada de las personas (lo cual no me interesa en absoluto), me interesa poner de relieve las flagrantes contradicciones de la Iglesia católica: suele predicar A y tolerar B. 

11/09/12 4:22 PM.



















































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