viernes, 1 de febrero de 2013

"A propósito del reciente fallecimiento del teólogo católico Tissa Balasuriya"




  • La información que sobre el óbito de este religioso y sacerdote ceilandés ofrece una página web que en casi todo está en las antípodas de Zaguán Atlántico, se parece a la que ofrece Juan José Tamayo lo que un huevo a una castaña.

    (Como es posible que esta reflexión mía, el coordinador Cándido Cardenal no la mantenga -acaso para bien de Zaguán Atlántico y del mío propio-, “me apresuro” a señalar que no tengo especial interés en considerarme seguidor ni de Tamayo Acosta ni de ese ilustre bloguero a que me he referido, porque lo que me interesa señalar más bien es que Juan José Tamayo, cualquiera que sea la fe cristiana de este, su heterodoxia doctrinal y sus conflictos doctrinales y aun disciplinares con la institución eclesiástica católica, etcétera, al menos es respetuoso con la figura del póstumamente homenajeado; el bloguero al que me refiero, es muy irrespetuoso, hiriente, despectivo. O al menos así lo capto yo. Hasta el punto de que la sombra del integrismo me parece muy alargada..., a menos que vuelva a estar muy errado en tal apreciación quien estas líneas escribe.)

    Por lo tanto, planteo, ahora que en Zaguán Atlántico en los últimos días se debate sobre fidelidad a la Iglesia, obediencia o desobediencia a la autoridad eclesiástica por fidelidad a la propia conciencia, relativización del papado, o la urgencia actual de la desobediencia civil: ¿Es justo en nombre de la fidelidad a una ortodoxia religiosa, supuesta o real, menospreciar a otras personas -que es lo que estimo que hace en su post el bloguero de marras- que al parecer se caracterizaron por ir por la vida un poco por libre en la búsqueda apasionada de la verdad, en el seno mismo de la Iglesia universal?

    No deja de hacerme gracia que algunos en este mismo portal me hayan catalogado alguna vez de fundamentalista; no es que me preocupe ello ahora (para nada, me siento a gusto aquí, en este portal, a cuyos responsables agradezco que permiten sonar mi voz), sino que me planteo que si yo soy fundamentalista y soy capaz empero de plantear lo que estoy planteando, ¿qué pensarán de algunos de los principales blogueros de la derecha católica? ¿Qué pensarán de blogueros que, ni cortos ni perezosos y al revés de lo que ha hecho el heterodoxo Tamayo Acosta, no reconocen en el recién finado teólogo ceilandés prácticamente ninguna virtud, ningún logro, ningún carisma, nada bueno?

    Me duele, de verdad, esa clase de posturas excluyentes. Porque me parecen el colmo de la intolerancia. El colmo de la intolerancia porque incluso en el caso de que el religioso recién fallecido Tissa Balasuriya fuera un heterodoxo en materia doctrinal, y se equivocara en tal o cual acción pastoral, decisión personal, etcétera, sin duda no me extrañaría nada llegar a conocer que fue un hombre que, pese a todos sus fallos y pecados (todas las personas los tenemos: quien esté libre de culpa...), amó con pasión a Cristo en sus hermanos, acaso en los empobrecidos -que son sacramento del Señor, en expresión tan cara a la teología de Jon Sobrino-. Parece que fue un hombre que atesoró una cultura enciclopédica, que amó la gran cultura oriental -que cuenta con tradiciones tan ricas como el hinduismo, el budismo, el taoísmo…- desde su condición de católico.

    Desde luego, aquí mismo en Zaguán Atlántico me he manifestado como persona que siente en lo profundo de su conciencia y de su voluntad creyente la llamada a la fidelidad al Magisterio, pero a la vez me descorazonan los juicios de condena sumarísimos a Fulano o a Mengana por su sola condición de heterodoxos en la búsqueda del sentido de la vida y de la verdad, en los que igual yo mismo he podido incurrir más de una vez, ya solo sea o haya sido porque soy también muy pecador, falible y mediocre (y temperamental). 

    Porque por esa sola regla de tres y ciñéndome solo al ámbito de la literatura en lengua española, condenables por heterodoxos, por más o menos heterodoxos y por ende alejados de la ortodoxia católicaserían autores tan dispares en el tiempo y en la ideología como Jorge Luis Borges, Juan Carlos Onetti, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Reinaldo Arenas, Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, César Vallejo, Juan Ramón Jiménez, León Felipe, Ernesto Sábato, Julio Herrera y Reissig, Julián del Casal, Alfonsina Storni, Ana María Matute, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa…

    Ninguno de los que he nombrado ha sido en sus vidas (algunos de los nombrados, aún vivos) lo que se dice un buen católico. Ni siquiera Gabriela Mistral o Ernesto Sábato, acaso los dos más próximos, de esa lista que ofrezco, a los valores de la tradición judeocristiana. De modo que entonces, siendo así las cosas, por el solo hecho de ser heterodoxos ¿merecen una condena sin paliativos? ¿Acaso no merecen que se diga, vale que junto a todo lo malo que pudieron pensar o hacer, una valoración más fidedigna por ecuánime de todo lo bueno, noble, bello y justo que hicieron en esta vida?
    Pregunto.



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