sábado, 9 de febrero de 2013

"La Iglesia católica también es puerto o meca de arribistas"



Javier Renobales:
 
Me figuro que te refieres a mí, y no a tu amigo Luis González Morán, sacerdote católico.
 
De lo que dices comparto algunas cuestiones, no todas; por ejemplo, no deseo que desaparezca la Iglesia católica, sino que se purifique, que sea más evangélica por samaritana, por servidora, por fiel a su Maestro. Hasta el extremo de hacer míos aquí y ahora estos versos del religioso claretiano misionero, obispo dimisionario y poeta Pedro Casaldáliga: "Sueño con una Iglesia vestida solamente de Evangelio y de sandalia". De hecho, creo que sectores de la Iglesia universal (a decir verdad, miles y miles de católicos de toda condición, estado y lugar de procedencia) sí son testimoniantes del Dios de Jesucristo. Así pues, también me considero creyente, católico para más señas.
 
Pero coincido contigo no tanto en la afirmación rotunda de que la Iglesia ocasiona más infelicidad a la gente que felicidad cuanto sí en la de constatar que, en efecto, a menudo crea infelicidad, y altas dosis de hipocresía, mezquindad, injusticia, nepotismo…. De la cual afirmación pondré un ejemplo en el que yo -de nada, por autocitarme una vez más- vuelvo a ser uno de los protagonistas.
 
Hablaba hace años con cierto obispo de cierta diócesis española. Cerca de donde yo me encontraba merodeaba la profesora que impartía Religión católica en el  instituto público en que yo me desempeñaba como profesor. El obispo no se olvidó de alabar a la chica en cuestión, pluriempleada en aquel entonces… y creo que hoy día también, en que fiel a su vocación de trepa de la política partidista…
 
Nauseabundo. A mí algunas autoridades de la Iglesia católica me han visto apaleado en el camino de la vida y, como el sacerdote y el levita de la parábola del buen samaritano,  hipócrita e inmisericordemente han pasado de largo, han pasado de mí. Y yo sin embargo tuve que escuchar en la ocasión referida, con cierto respeto reverencial, por supùesto (tratando de usted al obispo, y él tuteándome a mí, cosa que me revienta: lo siento, aunque no lo parezca tengo cierto espíritu libertario), cómo aquel jerarca católico lanzaba loas de una compañera del gremio docente que, como persona siempre me boicoteó durante el curso entero -sin duda, sabedora de mi esfuerzo de honestidad militante, so pretexto de que no descubriera yo el pasteleo de su doble vida, de su hipocresía como docente de Religión católica en la escuela pública…-, y que por tanto como docente de esa asignatura me parecía indignísima, y como política, simplemente una trepa de cojones que...
 
Lo que digo como si lo denunciara no son casos aislados: muy constatablemente, la Iglesia católica, al menos en España, se ha ido convirtiendo en una gran plataforma asediada por toda suerte de arribistas que, más que esforzados en la construcción del Reino de Dios y su justicia, parecen interesados en la defensa de sus privilegios e intereses individuales, económicos y aun profesionales.
 
Saludos.

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