martes, 19 de febrero de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis tentaciones y pecados, pese a los de la propia Iglesia (XXXIV)"




Querría añadir algunas matizaciones que me parecen necesarias:


1) Los regímenes marxistas que el mundo ha conocido, en el transcurso de apenas 100 años han ocasionado más de 100.000.000 millones de muertos. (En varios siglos de funcionamiento, las víctimas totales de la Inquisición católica, en todas sus formas eclesiales y en todos los lugares en que se implantó, no superan el número de 10.000 víctimas mortales. No se trata de jugar al “pero tú y los tuyos más”, y sí más bien se trata de proceder como intuyera el propio Nietzsche: “La grandeza moral de un hombre se mide en función de su capacidad de aceptar la verdad”.)  


Nos estamos refiriendo a los regímenes totalitarios de Lenin, Stalin, Mao, Pol Pol… Muertos por hambre (”errores en la planificación de la economía centralizada de Estado” los llaman), represaliados, purgas, perseguidos, hacinados en campos de concentración en los que se llegó a dar el canibalismo por mera ansia de supervivencia… Esto reconocido, que es historia, no invalida que un marxista como Walter Benjamin, u otro como Bertoll Bretch, o como la mismísima Rosa Luxemburgo, entre otros muchos intelectuales de gran relieve que podrían citarse, hayan contribuido con su testimonio de vida y aun con sus escritos, al bien de la humanidad en aras de lograr mayores cotas de solidaridad, paz y justicia, libertad, etcétera.


b) La Iglesia católica, por iniciativa de la gran mayoría de sus pastores, cierto que acabó apoyando el Golpe Militar del general Franco, esto es, la llamada Gloriosa Cruzada o Movimiento. Y puede que se equivocara al hacerlo, y con posterioridad pagó ese apoyo bajo la forma del nacionalcatolicismo y el entendimiento con el régimen dictatorial o autoritario de Francisco Franco. Pero no debe olvidarse que la Iglesia católica estaba siendo masacrada por fuerzas descontroladas de la República o de las izquierdas: se habrían de contar por docenas de miles los católicos (obispos, un total de 13, miles de víctimas entre sacerdotes y religiosos, miles de víctimas entre las filas de los seglares católicos) asesinados por odio a la fe durante los años de la Guerra Civil (por el simple hecho de ser católicos), y aun desde la Revolución de Asturias en el 34. 


Con esto no estoy queriendo afirmar que la Iglesia de aquella época fuera un espléndido testimonio de fidelidad al Evangelio y a los pobres; no lo era, pues es verdad histórica que se había ido acercando e identificando descaradamente con la burguesía y las clases pudientes de la sociedad. Pero ello no puede justificar de ninguna manera la horrorosa persecución religiosa que se desató en este país hace menos de un siglo. Persecución religiosa anticatólica y anticristiana que, según el consenso de muchos historiadores, no tiene parangón con ninguna otra sufrida por la Iglesia universal en ninguna parte del mundo (ni la sufrida durante la Revolución Francesa, ni la perpetrada contra la Iglesia católica por los revolucionarios mexicanos en su revolución en el primer tercio del siglo XX, ni la que se desataría en la comunista Unión Soviética contra el cristianismo principalmente ortodoxo…); esto es, solo parangonable con la sufrida en la persecución a los cristianos decretada por el Imperio Romano en los primeros siglos del cristianismo. 


c) Ningún historiador serio maneja ya la cifra de 1.000000 de víctimas provocadas por la Guerra Civil española; en realidad, la cifras que suelen manejarse, oscilantes, obviamente, no llegan ni al medio millón de víctimas. Lo cual ya es (y aunque hubiesen sido 25, para los efectos…) horroroso, sin duda.


d) El régimen de Franco, criticable y condenable por esto y por lo otro, no fue propiamente un régimen fascista, a la manera de la Italia de Musolini o la Alemania de Hitler. Cierto que en el núcleo fundacional de Falange se adoptaron tesis propiamente fascistas, pero sin duda moderadas, es decir, nunca exaltadoras del neopaganismo y el materialismo propios del fascismo italiano y del nazismo alemán, gracias precisamente al elemento católico presente en buena parte de la tradición falangista española.


Saludos. Buen día.


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