lunes, 18 de febrero de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis tentaciones y pecados, pese a los de la propia Iglesia (XXXIII)"



“Que todo ese tiempo y también durante su pontificado, tuvo conocimiento y encubrió múltiples y gravísimos casos de pederastia en la iglesia, permitiendo con ello la reproducción exponencial de este cáncer eclesiástico, en detrimento de la vida y dignidad de miles de niños y niñas abusados por sacerdotes. Aún cuando las pruebas eran irrefutables e inocultables, nunca actuó con la fuerza que ameritaba, no hizo justicia, no hubo una sola palabra de petición de perdón a las víctimas, no hubo reparación”.

Esto sostiene el artículo de Adital como un “debe”, entre otros que señala, en el pontificado de Benedicto XVI, que ya toca a su fin. (Otros "debes" del papa Benedicto XVI son: reafirmación de la negativa a que la mujer acceda al ministerio ordenado; rechazo de la posibilidad de que los fieles católicos divorciados puedan comulgar eucarísticamente; persecución de la Teología de la Liberación; apoyo a los grupos católicos más conservadores y aun integristas -recuperación de la llamada misa tridentina o en latín, entendimiento con los seguidores de Marcel Lefevre...-.)

Sin duda, el autor o autores del trabajo de esa revista digital brasileña conocen mejor que yo el asunto, el espinoso asunto de la pederastia en el seno de la Iglesia católica; ello en general, y en particular, la responsabilidad del papa Benedicto XVI en ese turbio y muy desgraciado mal de la bimilenaria institución. A decir verdad, aunque conozco informes de aquí y de allá, de muy diversa índole ideológica, aún ignoro el grado de implicación-responsabilidad del papa Benedicto XVI en la ocultación de la pederastia eclesial católica. En este portal, no faltan las voces críticas que lo acusan, que lo inculpan incluso; en otros foros católicos más conservadores, claramente de derechas, se le defiende, se le exculpa, se la declara poco menos que heroicamente benemérito por su clara posición a favor de las víctimas de la pederastia y a favor de su total erradicación de la Iglesia católica.

E incluso un autor nada sospechoso de conservador como el jesuita José Ignacio González Faus reconoce que no es justo culpar al papa Benedicto de haberse lavado las manos como Pilatos en el asunto de la pederastia en la Iglesia, y sí todo lo contrario. Resolución o iniciativa del Papa acaso no del todo enérgica, siempre según el parecer de Faus, pero desde luego novedosa y valiente en relación al típico proceder encubridor del Vaticano. 

Pero yo -ya he dicho- sigo sin saber del todo bien hacia dónde inclinar la balanza: ¿Culpable o inocente? De lo que sí me parece inocente el papa Benedicto es de ser un mal tipo; al contrario, creo que es un hombre de Dios, enamorado de Jesucristo y de su Iglesia. ¿Conservador? Sí, claro: conserva la doctrina de la Iglesia universal, que para eso es el sucesor de Pedro (”Pedro, confirma en la fe a tus hermanos…”, leemos en El Evangelio). Como la trató de conservar el papa Juan XXIII... Pero elemental: si “conserva” la doctrina de la fe católica, lo que no puede es ser progresista para así admitir la legitimidad moral del aborto, por ejemplo, o la legitimidad moral del divorcio, o tantas otras legitimaciones o legitimidades que al parecer hay que asumir para que le consideren a uno progresista. Exactamente lo mismo que Juan XXIII, que Pablo VI, que Juan Pablo I y que Juan Pablo II: todos conservadores de la doctrina de la fe de la Iglesia, como sucesores de Pedro

Comoquiera que sea, volviendo al horror de la pederastia en el interior de la Iglesia, perpetrada por cientos de sacerdotes y religiosos contra cientos, miles de menores de edad, sí que me interesaría destacar que hasta hace unas pocas décadas, justo antes de que les estallaran en la cara a las autoridades eclesiales católicas todos estos escándalos horribles, la forma preferente como la Iglesia luchaba contra la pederastia consistía en ¡ocultarla al poder jurídico civil competente!

Ocultarla, sí. Esto es: responsable o no el aún actual papa Benedicto XVI de encubrir a pederastas, lo cierto es que nada menos que el ya beato Juan XXIII, ¡quién lo iba a decir!, dictó en su tiempo una disposición o como se llame mediante la cual conminaba a que se mantuvieran ocultos o secretos y por ende fuera del alcance de la justicia civil, los casos de pederastia perpetrados por clérigos en la Iglesia, so pena de excomunión a quien lo comunicara a la justicia civil.

De manera que así las cosas en la Iglesia hasta ayer mismo, como quien dice, es inevitable plantearse esto: si penosos son todos los miles de casos de pederastia que en los últimos años han saltado a la luz y a la opinión pública internacional, imagémonos cuántos habrán podido ser en el seno de la Iglesia universal durante siglos. Nunca nadie podrá saber jamás cuántos han podido ser; pero sobre todo, aunque alguna vez “milagrosamente” se llegaran a conocer o estimar, ¿serviría ese conocerlos para recompensar a las víctimas ya fallecidas? Obviamente, no.

Y aun una última consideración al respecto. Aventuro, con todo el riesgo del mundo a equivocarme, que una de las razones por que las autoridades de la Iglesia han querido ocultar la pederastia eclesial no es otra que la secular consideración teológica de que el celibato y la castidad son estados de vida superiores al matrimonio, o sea, al ejercicio de la sexualidad humana. Dicho de otra manera: por salvar el estado célibe de Fulanito o Menganito abusadores, era preferible echar tierra sobre el abuso, sobre los abusos sexuales, incluso remover de destino al religioso pederasta, o dificultar al máximo posible la acción de la justicia civil.

Para mí es clarísimo que esa ha sido una de las razones, por más que tampoco ignoro que no faltarán quienes hasta se molesten por esto mismo que aventuro.
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