viernes, 15 de febrero de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis tentaciones y pecados, pese a los de la propia Iglesia (XXX)"



Santiago Hernández: en tu última reflexión aparecen algunos aspectos que no comparto, pero ahora voy contrarreloj y no puedo responderte. No obstante, sin ánimo de ofender permíteme: en algunas cosillas que dices creo entrever a un católico muy bien formado (tu caso), pero acaso adscrito -disculpas si crees que me equivoco- a una espiritualidad un tanto espiritualista, intuyo que desencarnada, un poco neocon. (Cuando disponga de más tiempo, me aclararé sobre esto.)


Javier Renobales:
El catecismo de Astete, “culpable” de formar la conciencia de millones de personas y de atormentar a otras tantas, afirma la siguiente monstruosidad sobre el castigo eterno, tratando de conciliarlo con la noción de un Dios de justicia y de amor: “El castigo ha de ser proporcionado a la culpa, y como el pecado mortal tiene una malicia infinita, debe aplicársele una pena de duración infinita ya que el hombre no es capaz de recibir una pena infinita en intensidad” (los subrayados son míos).

Quiero señalar con lo anterior que el Javier Renobales con el que más sintonizo es el que es capaz, al menos según mis entendederas me informan, de criticar valientemente barbaridades como la citada del catecismo de Astete. Y por el contrario, no está en sintonía con mi visión de la Iglesia católica cuando lanza afirmaciones del tipo “tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI son malas personas” (el primero lo fue, y el segundo lo sigue siendo). Creo que esto que afirmas, Javier, es muy gordo. Es un juicio muy gordo, acaso despiadado, no sé. Incluso lo es admitiendo el hecho (para algunos, mera posibilidad) de que tanto el papa polaco como el papa alemán fueron ñoños en la denuncia de la pederastia en la Iglesia católica; ñoños y hasta encubridores.

Si fueron de verdad encubridores (no es absolutamente cierto, científicamente, documentalmente, que lo fueran), malo malísimo. Encubridores de la pederastia en la Iglesia o no, lo indudable es que ambos son pecadores: el uno lo fue en su paso por el mundo, y el otro aún lo es porque vive. Pero creo que es tremendamente exagerado dictaminar rotundamente que ambos papas son malas personas. Sospecho además que es injusto; incluso lo es en el supuesto de afirmar que son “papas de la involución eclesial”. Involución eclesial que no termino de entender, pues creo que entre la teología de Ratzinger (supuesto representante de esa involución eclesial) y la teología de alguien como Carlo María Martini (que sería representante del ala izquierdista de la Iglesia), las diferencias sustanciales son leves; y en todo caso, ambas teologías se parecen entre sí inmensamente más de lo que se parecen tus ideas, Javier Renobales, a las posiciones teológicas y eclesiales de cualquiera de ambos citados.

Es lo que creo. Buen día.
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