domingo, 11 de agosto de 2013

"Mis credenciales (a propósito de Ivone Guebara)

feminismo católico intra y extraeclesial


En Atrio, hace apenas unos días publiqué un brevísimo comentario. Atrio es un portal progresista que dirige el teólogo y editor Antonio Duato, sacerdote católico secularizado cuya vida y obras no me compete juzgar a mí porque ello es cometido de Dios; y porque además, al menos en mi trato epistolar con él, quiero decir, a través de Internet, Antonio Duato, que también es editor de la revista de pensamiento cristiano Iglesia Viva, desde su Valencia natal, se ha portado siempre muy bien conmigo, con mucha amabilidad. Y esto es esencial, más allá de discrepancias ideológicas, espirituales o debidas al forofismo futbolero, pongamos.El caso es que releo la reflexión que he colgado en Atrio, referida a las "quejas" que la religiosa,  teóloga y feminista brasileña Ivone Guebara plantea a propósito de la reciente negativa del papa Francisco a abrir el debate sobre la ordenación ministerial de la mujer en la Iglesia católica -el actual obispo de Roma considera que tal debate está cerrado en la Iglesia, por obra y gracia sobre todo de Juan Pablo II, quien en su momento comprometiera la propia autoridad de la Iglesia, cierto que en un acto de su magisterio ordinario, no extraordinario, pues la negativa de la Iglesia católica a la ordenación de mujeres no es propiamente un dogma de fe, si bien tampoco ha de entenderse como una cuestión meramente disciplinar-, y me entran ganas de llorar...

¿Que por qué? Por una razón bien simple que ya he repetido hasta la saciedad, sin ir más lejos en este mi blog, y más extensamente en mi ensayo ¿La Iglesia católica? Sí; algunas consideraciones, por favor (Madrid, Vitruvio y Nostrum, noviembre, 2011). A saber: la miserable hipocresía eclesiástica, tan dañina ella, especialmente desde la Diócesis de Canarias, aunque no solo desde la misma, me ha despreciado, me ha machacado, me ha humillado pasando de mí, de mis legítimas reivindicaciones. 

A mí, sí, que pese a todos mis fallos, a mi temperamento y a mi condición de pecador, que jamás he negado, llevo 25 años cultivando una espiritualidad de conversión o militante en fidelidad al Magisterio (particular que una mayoría de seglares que sí viven de la Iglesia, digo en lo profesional, simplemente ignoran en qué consiste). A mí, sí, que debo haber acumulado una cierta formación interdisciplinar: literatura, filosofía, teología, ética, movimientos sociales, historia de la Iglesia, personalismo comunitario, historia del movimiento obrero, anarquismo, cine... A mí, por quien no hay que olvidar que por generoso e idealista imprudente renuncié a mi trabajo como profesor al año siguiente de mi ingreso en el Seminario Diocesano de Canarias (curso 2002), autoexcluyéndome de las listas de la Consejería de Educación... A mí, desde luego, que pese a que no está de moda ni entre los jóvenes bautizados católicos -incluida la mayoría de seglares que generalmente por enchufe se gana la vida en lo profesional gracias a la Iglesia católica-, yo sigo creyendo en el matrimonio cristiano militante, o sea, solidario, espiritual y abierto con generosidad a la vida.

Pues bien: con estas credenciales solo he obtenido, tras nueve infructuosos años de pedirles ayuda, audiencia, un ser escuchado, tenido en cuenta, etcétera, solo he obtenido rechazo, indiferencia, desprecio, por parte de todas las autoridades eclesiásticas a las que he pedido ayuda, comprensión, una mano amiga, en vista de que salí del Seminario sin un céntimo, en vista de mi trayectoria militante, en vista de mi ingenuidad idealista, en vista de que me autoexcluí de las listas...

De modo que habiendo sufrido en mis carnes, en mi propia vida, una canallada de tal calibre, a menudo me planteo que para qué, que para qué seguir en esta Iglesia si algunos de sus eclesiásticos han perpetrado contra mí la más nauseabunda y miserable de las indiferencias. Por no merecer, ni el ser escuchado he merecido, a pesar de todas las credenciales que he señalado y de que puedo presumir, pero sí que empero mantienen la Iglesia atestada de trepas, burócratas, figurones, arribistas, mundanizantes, antinatalistas, antimilitantes y meros enchufados que muy poco o nada arriesgan en el camino de la fe...     

Verdaderamente desesperante, acojonante. Injusto y absurdo. Inmisericorde; creo que cualquiera por mucho menos de lo que me han hecho a mí, habría mandado la Iglesia a hacer puñetas. Y por lo mismo entonces o así las cosas: ¿Para qué cerrar filas en torno al Magisterio, más allá de las ideas heterodoxas de la religiosa y teóloga Ivone Guevara, cuando resulta que -de ello estoy segurísimo- una mayoría de los que sí viven de la Iglesia católica, digo en lo profesional, pasan de Ivone Guevara, pasan de la solidaridad por el Reino, pasan de tener hijos en sus matrimonios según el plan de Dios...? 

Yo, machacado, despreciado, ignorado y humillado por la Iglesia -quiero decir, especialmente aunque no solo, por los responsables eclesiales de la Diócesis de Canarias-, ¿por qué habría de preocuparme por lo que dice Ivone Guevara? Debo ser idiota... Yo, machacado, despreciado, ignorado y humillado por los responsables eclesiales de la Diócesis de Canarias, me preocupo además por formar un hogar cristiano solidario, espiritualmente conyugal y abierto con generosidad a la vida, a tener hijos (una de las razones de no haberme podido casar: ni las que van de católicas, salvo honrosas excepciones, están dispuestas a forjar un matrimonio así), cuando resulta que ni la inmensa mayoría de los seglares que en lo profesional y casi siempre por "enchufe" viven de la Iglesia católica, parecen tomarse especialmente en serio la fidelidad al Evangelio y al Magisterio...

Gracias a mi esfuerzo y acaso también a la episódica ayuda de algunas personas amigas, he ido saliendo "a flote", luego del estropicio de mi vida. Y desde luego, papa Francisco, nadie de tu Iglesia, santo padre, nadie de la Iglesia que tú tanto amas y a la que tratas de servir desde tu amor incondicional a Cristo, ha querido saber nada de mí, de mi vida, de mis cuitas... 

Nadie, absolutamente nadie, papa Francisco: me han pagado mi "ingenuidad y mi idealismo" con la más inmisericorde de las indiferencias o desprecios. Y pese a ello reconozco que he de perdonar, como nos pide Cristo, solo que hasta el recurso a eso de que debemos perdonar me parece a menudo, en el marco de esta Iglesia saturada de hipócritas, sobre todo una coartada para seguir justificando lo injustificable: el nepotismo, el autoritarismo, el burocratismo, la mundanización del mensaje cristiano... 


Pero en fin, como lo prometido es deuda, les dejo con la reflexión de marras:     




A todos los que aprovechan para “meterse conmigo” de malos modos:


Me limito a constatar hechos, bajo el prisma de mi visión personal, obviamente; por ende, mis opiniones son mías, expresan mi ideología, no la postura oficial de la Iglesia.



Y constato que Ivone Guevara, monja “ultraprogresista” donde las haya, está a favor del acceso de la mujer al ministerio ordenado, en contra del parecer del Magisterio. Acaso porque está también a favor del aborto, en lo cual rompe con la comunión con la doctrina del Magisterio. Etcétera.


Ninguna obsesión por mi parte con la sexualidad, Ana Rodrigo: trato de vivirla en fidelidad a la doctrina católica: frente al laicismo disgregador y neopagano imperante, vida de oración, sacramentos, vida de la gracia; frente al aborto, defensa de la vida desde el instante mismo de la concepcióón -en lo cual coincido con el papa Francisco, creo que no con Ivone Guevara, ni tampoco contigo, me parece-; frente al pansexualismo imperante, defensa de la virtud de la castidad, a la que todo cristiano está llamado, según su estado de vida: casados, casadas, solteros, novios, sacerdotes ordenados, monjas y monjes…

Creo que es bien simple; aunque difícil, ciertamente, pues el camino de la fe es muy exigente.

Salud y paz.

9/8/2013.
Publicar un comentario