miércoles, 13 de agosto de 2014

"En honor de la verdad, la diga Agamenón o la diga..."

Delacigoña (Pacopepe para los más asiduos e íntimos): 

No tengo mayor problema en aceptar que los haya borrado, mis comentarios, por dos razones: porque usted es el administrador o bloguero plenipotenciario de este blog, y me guste más o me guste menos su vara de medir, o sea, esté más de acuerdo o menos con sus puntos de vista, respeto las reglas del juego de esta su bitácora; y dos, porque a decir verdad lo que me interesó desde un primer momento no era otra cosa que poner de manifiesto que el caso del profesor excura gay casado con otro hombre, y que ha impartido clases de Religión católica para la Diócesis de Canarias, en los últimos cursos, es un ejemplo más del declive moral de esta Iglesia mundanizada y endemoniada. Y usted ese comentario mío no lo ha borrado, y con ese comentario mío coincido con el parecer de quien firma en su bitácora, tan visitada, como Capeto, con quien no coincido en otras tantas ocasiones, sobre todo cuando él, Capeto, intensifica o altavocea sus críticas hacia el Concilio Vaticano II, incluso al precio de minusvalorar la obra de autores de la talla de H. De Lubac o de Congar, entre otros grandes teólogos que fueron, en efecto, como columnas doctrinales del Concilio. idem supra

Me siento satisfecho o bien recompensado con esto que pondero. Y -repito- con el respaldo a ese mi comentario venido nada menos que de Capeto, máxime si se considera que en modo alguno soy un católico tradicionalista, ni de derechas. Chapó, Capeto, coincido contigo -o con usted- en tu diagnóstico de la enfermedad mortal de necesidad que asola la Iglesia en estos momentos. Aunque para algunos de esos que precisamente viven a costa de la Iglesia, señor Capeto -según usted mismo reconoce en su comentario a la luz del mío-, y que no parecen tener otra ocupación mejor que emborronar sandeces contra uno, mis juicios y análisis sobre la realidad eclesial -y los suyos, Capeto, y los suyos- sean los propios de fundamentalistas, fanáticos, dementes... 

Cretinos. Necios, sí. Precisamente de esa clase de "católicos que viven del invento", en expresión del forista Capeto, y que para ese vivir del invento eclesial hecho a su imagen y medida, defienden con uñas y dientes su parcelita eclesial, de la que viven, insisto; defienden su "honor" del ataque de fanáticos. 

En fin. Buena tarde.


13 de agosto, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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