martes, 26 de agosto de 2014

"¿Y si leyera y escuchara a Michel Onfray?"

Quién como Dios:


¿Qué tendrán que ver las churras con las merinas, es decir, el considerar el sacerdocio ministerial algo así como en irreconciliable oposición al sacerdocio bautismal común a todos los fieles?

¡No abogo por no respetar a las personas, no abogo por tutear indiscriminadamente a las personas mayores, a la autoridad, a los eclesiásticos, no es esto! Por lo que abogo es porque esas formas de tratamiento protocolario y honorífico, que muy a menudo revelan no espíritu de servicio ni de amor al otro por parte de los eclesiásticos de turno, no se usen para  infravalorar y hasta despreciar a los seglares, en la línea de insuflarle la noción de que es un "subordinado" a la autoridad eclesial a menudo autoritaria.


Dicho de otra manera: si los obispos desean que se les llame eminencias, ilustrísimas y demás, pues que apuesten ellos por tratar a los seglares desde similar respeto.

Un asunto que ha salido aquí. Un obispo como Cases Andreu, que no goza de ninguna simpatía personal por parte mía porque sencillamente ha pasado olímpicamente de mí (de mi vida, de mi dolor, de mi angustia, de mi entrega, de mi generosidad idealista, de mi trayectoria militante misma), es alguien que prefiere "enchufar" como profe de Religión católica a un excura gay activo y casado con un hombre. Prefiere esto al mero gesto de tomarme en mínima consideración a mí. De modo que así las cosas, ¿qué respeto me merece como obispo, si resulta, repito, que este señor prefiere mantener su diócesis atestada de trepas, antimilitantes, meros enchufados, antinatalistas, arribistas, mundanizantes, feministas proabortistas, y en todo momento ha pasado de mí?

Me responderán -seguramente que con no poca razón- que es que confío poco en los designios de la Providencia de Dios, que son inescrutables. Inescrutables, sí: por ello mismo, por esa dimensión inescrutable, Dios permitió que el sacerdote italiano Cesáre Bisognin, ordenado con solo 19 años por una dispensa especial, solo viviera 24 días más como ordenado: falleció antes de cumplir los 20 años de edad. Y yo empero me quejo del trato injusto recibido por parte de ciertas autoridades eclesiásticas, sin aprehender que detrás de esta Iglesia como decrépita, mundanizada, endemoniada, está la Providencia de Dios, para la cual todo lo que sucede en este mundo tiene un fin soteriológico y escatológico: la salvación del hombre, varón y hembra. La salvación del hombre, más allá o más acá de éxitos y conquistas y logros mundanos, pues de qué le vale al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma.idem supra

Por otra parte, como usted mismo comprenderá, Quién como Dios, por denunciar todas estas hipocresías eclesiales, por rebelarme una vez más contra el atropello eclesial de que he sido víctima, y volver a dejar constancia escrita de ello -y ya van 200 veces lo menos de esta mi denuncia, mi queja, mi rabia, mi rebeldía, para no obtener de ellas nada práctico-, lo que voy a obtener es que las autoridades de la Iglesia católica me tomen más clara y contundentemente el número, y acaben pasando más de mí, y me cuelguen más veces el sambenito de non grato.

En su momento confié plenamente en la Iglesia, renuncié a todo, perdí mucho, aposté fuerte. Y empero el "monseñor y los reverendos de turno" me han pagado con el desprecio, la descalificación y el ninguneo.

¿Pero mi deber sigue siendo, según insinúa usted, cuando los vea, a esas autoridades eclesiásticas, hacerles una genuflexión, besar el anillo episcopal, y retractarme de todas mis críticas, denuncias, rebeldías, y al final reconocer que yo he sido el único culpable...? 

Desde luego, no dudo de mi condición de pecador; nunca lo he hecho: no niego mi temperamento, mis fallos no los niego, mis muchos pecados... Pero a veces me parece entender algo del conflicto de Leonardo Boff con la Iglesia: las autoridades, sean eclesiales, religiosas de todo tipo, políticas, de lo que sean, no deben pisotear la dignidad de las personas: la pasión por la libertad, muy en primer lugar, Quién como Dios. Y al mismo tiempo, y a propósito de todo este asunto, Quién como Dios, no sabes las ganas que experimento, insisto que en momentos como este mismo que nos convoca a este hilo, de leer y escuchar a Michel Onfray. Ganas que son muy parecidas a las que a veces experimento por leer y releer a Emil Cioran.


15 de septiembre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social
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