martes, 26 de agosto de 2014

"Llámame Ramón, tutéame"

Capeto: 


Yo sé que tú eres mexicano, muy de derechas, lefebvriano (¿todos los lefebvrianos son cismáticos?, ¿hay división dicen que más o menos sectaria entre los lefebvrianos?, ¿los lefebvrianos practican la justicia social desde la opción preferencial por los pobres, o sea, el compromiso por el Reino de Dios y su justicia, sin el cual compromiso no se puede pretender pasar por cristiano?), devoto de la Virgen de Guadalupe... y resulta que estoy de acuerdo con algunas de tus posiciones, de tus opiniones; y alguna que otra vez lo he manifestado, ese acuerdo; cuando creo no estar de acuerdo, procuro callarme, no digo nada, no opino en este blog. 

Y ahora resulta que tú te has pasado un poquito, me parece, encima con algunas malas palabras contra mi persona. En primer lugar porque no soy protestante, ni siento especial simpatía por el protestantismo, ya ves, sin por ello tener que pasarme a la misa según el misal de san Pío V (cuyas excelencias no pretendo despreciar, tranquilo), que parece que es lo único que motiva a los de tu tecla: afirmar a machamartillo, a tiempo y a destiempo, que la misa en latín preconciliar es la única verdaderamente católica, la misa de siempre, y la otra, la conciliar o postconciliar, es protestantizante e hija de Satanás. Con todo, el que yo no sea protestante no me impide reconocer que entre los cristianos protestantes, a pesar de todos sus errores doctrinales, que no niego, hay innúmeros a los que yo, católico, no soy digno de desatar las sandalias, en expresión muy cara del filósofo católico francés Emmanuel Mounier. Por ejemplo, las de un teólogo protestante de la talla de J. Moltmann, al que tú seguramente despacharás con un "es un hereje, paso". Gran teólogo aunque de ideas teológicas equivocadas (algunas, no todas, ¡por supuesto!), da mucha importancia en su obra, y también en su vida (fue soldado en la Segunda Guerra Mundial), al compromiso cristiano por la justicia: el Reino de Dios vendría a hacer justicia, especialmente a las víctimas de la historia, a los más pobres, a los que malviven en la cuneta de la historia. Solo que si tú eres capaz de adjudicar el calificativo de "herejes" a teólogos católicos de la talla de H. De Lubac, I. Congar, Chenu, entre otros (por la principal razón de tu rechazo al Concilio, que estos autores citados, juntamente con otros, alentaron, iluminaron, parieron...), hablarte de J. Moltmann, reivindicarlo, leerlo, discutirlo, uff...  

Capeto: yo sufro la hipocresía eclesial, tú una vez te solidarizaste incluso conmigo cuando el asunto del excura gay en Canarias mantenido como profesor de Religión católica por el obispo actual de la diócesis que fuera del emérito fallecido Echarren. De manera que estoy muy de acuerdo con algunas de tus posiciones y críticas y desalientos por causa de esta Iglesia que hace aguas por todas partes. Y que yo creo haber sufrido en mis propias carnes, especialmente durante el pontificado del actual obispo de Canarias: un señor eclesiástico que a mí ni agua, a mí que soy católico esforzado por ser militante cristiano y personalista comunitario y defensor de la familia cristiana abierta con generosidad a la vida y a la espiritualidad (aunque yo te parezca a ti protestante por tutear a algunos obispos, etcétera -¿es que los Apóstoles y en general los discípulos de Jesús no vivían en un clima de cordialidad, de fraternidad, de tuteo incluso según los modos de la época?-), y empero mantiene la diócesis atestada de antimilitantes, de algún que otro excura gay casado, de arribistas, de desencarnados, de antinatalistas, de trepas, de mundanizantes políticamente correctos...idem supra 

Hasta el extremo de que no ignoro lo que de estos pastores se afirma en páginas webs que igual tú frecuentas, Capeto: muchos obispos católicos son hoy por hoy apóstatas de Cristo. Monseñor Echarren, D. Ramón o "llámame solo Ramón", como prefiramos, también fue responsable sin duda alguna de haber propiciado el estrepitoos desastre actual de la Iglesia. En una medida que ignoro y que solo Dios conoce. Como también soy responsable yo, en mayor medida de la que sería de desear. Pero yo quería tener un recuerdo agradecido y cariñoso por alguien a quien conocí en persona, a quien traté algo, no de una manera privilegiada pero sí que lo traté algo, con quien alguna vez incluso llegué a conversar brevemente, no solo lo escuché muchas veces en predicaciones, homilías y retiros... 

Y nada más, señor Capeto. Reciba usted un abrazo y mi consideración, pues se intuye que usted intenta ser un católico militante, según su sensibilidad eclesial, teológica, litúrgica y hasta ideológica, pero desde luego no un tibio. Que ya bastante saturada está la Iglesia de tibios, de apóstatas y de tibios.


15 de septiembre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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