jueves, 2 de octubre de 2014

"P. Agustín Castro Merello"




No quiero meterle a usted el dedo en el ojo, señor bloguero Fernández de la Cigoña, pero ya que trae de vez en cuando a su muy visitada y considerada bitácora la semblanza de algunos jesuitas ilustres, según la sensibilidad católica y eclesial de usted, igual alguien día me encuentro con la sorpresa de que usted se refiere a algunos jesuitas que hubieran pasado por Canarias... y que a usted le parezcan dignos de encomio y, tal vez, que yo haya podido conocer.

De los que yo he conocido, casi todos en Canarias (principalmente en Gran Canaria y unos pocos en Tenerife, más otro puñado en la Península), me malicio que prácticamente ninguno le gustaría a usted, pues todos responden a un perfil más o menos progresista; y los que no exactamente (caso del padre Fernando Morales, a quien algo traté y con quien compartí reuniones formativas, vamos, militancia cristiana), tampoco vendrían a ser lo suficientemente conservadores para su gusto, me parece. 

Con todo, yo también conocí al padre Agustín Castro Merello, uno de los jesuitas que más años, décadas, debió permanecer destinado en Gran Canaria. Nunca lo traté fuera del confesionario, solo que sabedor yo de su afición a la literatura y a otras cuestiones humanísticas, lo tuve como uno de mis confesores habituales, en confesiones que a veces se hacían muy largas porque yo me daba el arte, modestia aparte, de sazonar la explicación de mis faltas con referencias literarias, filosóficas y humanísticas en general, y entonces el anciano jesuita se disparaba, como que mordía el anzuelo y...idem supra

Murió hace años. Y aunque su apariencia externa lo pudiera emparentar de alguna manera con  el tipo de jesuita ignaciano de siempre que usted prefiere (habituado al traje talar a toda hora, fiel al Magisterio, a la Tradición, crítico con el progresismo eclesial y extraeclesial, hombre centrado en la cura de almas...) , no me parece que el padre jesuita Agustín Castro Merello fuera en todo uno de esos jesuitas ejemplares hijos de san Ignacio que usted prefiere. Y que a veces me desconcertó su pasión por la poesía de Rafael Alberti, ateo marxista recalcitrante (o sea, convencido, perdón). Al parecer, el padre Castro Merello y Rafael Alberti eran parientes lejanos, de orígenes andaluces ambos. La poesía de Alberti es completamente digna de atención, gusto y estudio, pero como buen ateo y revolucionario Alberti pudo decir aquello de "como buen ateo y revolucionario, yo también pasé por un colegio de jesuitas".

Buen día.


3 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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