martes, 14 de octubre de 2014

"Dios nos coja confesados y nos 'misericordie' "

Se enciendan las alarmas en la Iglesia tras escuchar de labios de monseñor Stanislaw Gadecki, arzobispo polaco que es el actual presidente de la Conferencia Episcopal de Polonia, que la "Relatio" del Sínodo Extraordinario de la Familia que se clausura en Roma este domingo 19 con el acto de beatificación del papa Pablo VI, es inadmisible, que contiene aspectos muy discutibles, trazos de ideología de género antifamilia, y que se aparta del magisterio de san Juan Pablo II.



Escuchémoslo: "Soy fiel a la Iglesia y lo seguiré siendo, pero este sínodo me ha decepcionado en algunos puntos..."



Y lo que te rondaré, morena. Pues el lío doctrinal no ha hecho más que comenzar, con el pistoletazo de salida de este sínodo. ¡Hagan lío en la Iglesia!, ha exhortado el santo padre Francisco en varias ocasiones. Y la luz se hizo, perdón, el lío. Y vaya que sí se hizo y se sigue haciendo, con este sínodo Extraordinario de la Familia. De manera que en efecto para innúmeras voces católicas, el principal responsable de todo este desaguisado, digo lío, no es otro que el actual sucesor de Pedro. La Relatio post disceptationem es un borrador, sobre el cual lloverán enmiendas, añadidos, correcciones y redacciones de los padres sinodales, y de las distintas conferencias episcopales, de aquí al próximo octubre del 2015, cuando tenga ocasión en Roma un Sínodo Ordinario de la Familia, en que ya el Papa deberá dar reconocimiento magisterial al documento resultante, con su autoridad apostólica de cabeza de la Iglesia, y garantía de unidad y de fidelidad a la doctrina de la fe recibida.



Por la parte que me atañe y para no perder las buenas costumbres, he seguido opinando en La cigüeña de la torre, bitácota en la que arrecian las críticas al papa Francisco, el estupor ante una grave amenaza de cisma en la Iglesia, ante una posible quiebra en la unidad doctrinal católica que contaría con el visto bueno del propio Papa... He oído y leído que si el papa Francisco acoge todas esas reformas que se quieren pastorales pero que ciertamente supondrían una quiebra en el depositum fidei, ipso facto él caería en herejía, y perdería todo derecho a seguir ejerciendo su ministerio de Vicario de Cristo. De modo que si no he entendido mal este particular, la cosa se las trae.  Así pues, en tal bitácora escribí:




A muchos que opinan en este blog les parece que hay peligro de cisma en la Iglesia, y les parece que el papa Francisco es pésimo Vicario de Cristo porque no muestra clara autoridad sobre la verdad dogmática católica; muy al contrario, no raramente se muestra ambiguo, dubitativo, impreciso, con no suficiente formación filosófica ni teológica. E incluso en bitácoras moderamente lefebvristas  o más o menos sedevacantistas (en las declaradamente lefebvristas, todos los papas desde san Juan XXIII al actual son ilegítimos por herejes, todos sin excepción), al papa Francisco se le dice de todo menos bonito, y sobre todo se le lleva al paredón de fusilamiento porque no es el Papa, que este seguiría siendo el emérito Benedicto XVI, siendo Francisco un simple impostor o antipapa endemoniado que pretendiera dinamitar la Iglesia desde dentro (sic).

El propio papa Francisco ha reconocido que su fuerte no es la teología, pero en modo alguno me parece que es ese indocumentado e ignorante que algunos se empeñan en afirmar que es. Francisco ahora es el Papa, y a él debo estima, consideración y respeto como católico que soy. Respeto crítico pero leal, fidelidad adulta pero no crispación contra él. Con independencia, o mejor dicho, sin que la fidelidad debida al Papa actual dificulte en modo alguno el celebrar que es muy probable que la Iglesia no tarde mucho tiempo en declarar a san Juan Pablo II como Doctor de la Iglesia: por sus escritos y por su rectitud de vida, auténtico maestro de la fe católica. Y empero, siempre constó que no pocas de sus homilías las escribía Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, algunos de cuyos escritos, para mí que sin duda tienen toda la fuerza apostólica y apologética de los Santos Padres de la Iglesia. Pues bien: estupendo por san Juan Pablo II, por el emérito Benedicto XVI y por el actual santo padre Francisco. No totus tuus, que esto sí podría ser papolatría, pero sí cum Petro et sub Petro. Totus tuus fue el lema episcopal de san Juan Pablo II, tan mariano el gran papa polaco.

Asimismo, por no tener el papa Francisco puede que ni tenga especial gracia literaria al escribir, él que es compatriota de genios de la creación literaria como Alfonsina Storni, Leonardo Castellani, Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Fogwill, Adolfo Bioy Casares, Julio Cortázar... No es que yo sea un genio literario, no lo soy, ni modo, qué más quisiera yo, solo que frente a él, que es el Papa, yo no soy "nadie" en la Iglesia, un simple soldado de la tropa empero llamado a ser santo. Mas si lo que deseo es leer a un buen literato pongamos argentino, pues no leo al papa Francisco; me gusta releer a Borges, a Sábato, a Alfonsina Storni, o decidirme acaso por fin a incursionar en la literatura de Fogwill o en la de Leonardo Castellani,  quien fuera cura de corte tradicionalista, jesuita, gran apologeta de la fe católica y no precisamente amigo de su compañero de religión el científico y filósofo francés Teilhard de Chardin. Y tan amigos, sin acritud.idem supra

Mas lo curioso o sorprendente es que para no pocos progrecatólicos, situados en las antípodas eclesiales e ideológicas de esta bitácora, los obispos y el Papa aún se quedan cortos en las medidas de reforma que no terminan de hacerse realidad a la luz de este Sínodo de la Familia, porque ellos y ellas siguen soñando con una Iglesia que cambie la doctrina, el paradigma, todo: aborto sí, matrimonio homosexual sí, sí a la adopción de hijos por parejas homosexuales, divorcio sí, sí a la comunión sacramental para las personas divorciadas vueltas a emparejar, eutanasia sí, anticoncepción sí, nuevos modelos de familia sí, acceso de la mujer al ministerio ordenado sí...

Y todo esto en la misma Iglesia de Cristo. Sorprendente, como poco. Porque ante tanta discrepancia ideológica, pastoral y aun doctrinal, no veo cómo puedan hacerse realidad hoy día estas palabras del gran san Agustín (de Hipona): "En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad; y siempre en todo, caridad". 


15 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social. 
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