miércoles, 15 de octubre de 2014

"A la verdad desde la paz interior"


<<Si finalmente el documento del sínodo recoge la aceptación de los homosexuales y de las relaciones estables entre ellos, pues será un pasito adelante. Pero las relaciones de pareja entre católicos homosexuales no constituirán un matrimonio católico, si se mantiene la actual redacción del borrador. Serán relaciones afectivas de segunda clase. Bueno, reconozco que algo es algo, vale. Pero en un mundo que avanza a mil kilómetros por hora, eso ya parece insatisfactorio.

Al echarle un vistazo al documento del sínodo, me he acordado de las estadísticas que ya he citado varias veces: a finales de los noventa, hace quince años, los matrimonios católicos que se celebraban en España, eran más del 90% del total de matrimonios celebrados. El año pasado (2013), apenas eran un 30%.

Uno tiene la sensación de que por fin, alguien en la jerarquía católica se ha echado las manos a la cabeza, al darse cuenta de que se están quedando sin clientes, de que el colapso de la Iglesia católica que hemos conocido es una realidad que ya está ahí. Y, al leer el documento, uno tiene la vaga impresión de que, de repente, en quince días, han pasado del no vale casi nada al, bueno, podría valer casi todo…

No sé, yo los veo un poco perdidiños…>>



Lo anterior es lo que expresa un ciudadano de ideología progre o progresista (muchas voces católicas tradicionalistas lo llamaran progresaurio, pero yo prefiero no usar este término, por su carga despectiva), que ni siquiera es católico hoy día; puede que lo fuera, lo más probable es que lo fuera en otro tiempo, pero ha perdido la fe en Cristo y en su Iglesia, por desencantos, desencuentros y otras circunstancias e intrahistorias que ahora no vienen al caso; o todo hace suponer que así ha sido: en el sagrario que es su conciencia, prohibido el paso. Tal vez, así las cosas, sea que en su vida hogaño ya no crecen las certezas de antaño. Camina, mano a mano, codo con codo, con otros progresistas, estos, sí aún progreeclesiales. Y lo cierto es que las diferencias entre ellos son mínimas: comparten reivindicaciones, exigencias de reforma eclesial, filias y fobias, comen de un mismo huevo y sobra... Aceptan completamente la práctica de la homosexualidad, pues no en balde el autor del fragmento reproducido es homosexual casado con otro hombre. Y tan pancho. Y sus amigos progreeclesiales aceptan plenamente su situación, la aplauden. De ahí que les parezca a todos ellos ("Dios los cría y el Diablo los junta", aunque a los progres no les gusta que alguien mente la existencia de demonios o del mismísimo Satanás, al papa Francisco sin embargo sí le nace advertir mucho sobre esta realidad revelada de nuestra fe católica...) que los padres sinodales de este Sínodo Extraordinario de la Familia se siguen quedando cortos; hasta que no se acepte en la Iglesia con toda normalidad la legitimidad de las relaciones homosexuales, cualesquiera padres conciliares y sea el que sea el papa reinante, se seguirán quedando cortos los jerarcas de la Iglesia.

No es ciencia ficción esto que señalo, es real, "increíblemente" real pero real. Es decir, es la mundanización radical al interior de la Iglesia, que por supuesto nada tiene que ver ya con la idea de aggiornamiento conciliar y postconciliar de san Juan XXIII o de Pablo VI, ya muy próxima su beatificación. Pero es así, el caso es que es así.

Por eso, para el autor del fragmento que reproduzco y para sus correligionarios progreeclesiales la "Relatio" del Sínodo Extraordinario de la Familia es más de lo mismo, más de la misma doctrina paternalista y homófoba católica oficial de siempre, típicamente clerical y tan alejada de la peculiaridad predominante en nuestras sociedades occidentales descristianizadas. De modo que las objeciones presentadas a ese primer borrador por prelados como el actual presidente de la Conferencia Episcopal de Polonia, o las presentadas por el cardenal norteamericano Leo Burke, o como prácticamente todos los obispos africanos, y desde luego la disconformidad manifiesta al respecto del mismísimo cardenal Müller, actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, entre otros eminentes obispos, ellos las entienden como pataletas injustificables.

Para el autor del fragmento que he reproducido al inicio de esta nota, ciudadano español que me merece todos los respetos, el magisterio de san Juan Pablo II sobre la sexualidad humana y la familia es nefasto, pernicioso. Tan nefasto, que mientras la Iglesia no lo rechace, a base de más modernizarse, de más mundanizarse, ella Esposa del Esposo no levantará cabeza.

Fijémonos bien: el magisterio del papa que probablemente más se ha ocupado -y miren que ha habido casi 300 papas en 2.000 años de historia de la Iglesia-, de ofrecer una más completa reflexión magisterial sobre la sexualidad humana y la familia cristiana, para este individuo apenas vale. Impresionante. Y más impresionante si cabe más sorpresa o impresión -por no hablar de disgusto, de cabreo, de indignación ante tanto dislate progre-, es el corifeo de aplausos y parabienes que recibe este tipo de posturas radicalmente anticristianas por parte del sector progreeclesial.idem supra

Y todo esto -insisto- es tan real como la luz bendita que me está alumbrando en esta mañana soleada de otoño.


15 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, militante social, bloguero.
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