miércoles, 15 de octubre de 2014

" Bambolean tormentas la barca de Pedro"

En cierta oportunidad, el Chestertenófilo reprendió cariñosamente al bloguero Francisco José Fernández de la Cigoña por causa del crédito que este suele otorgar a un blog como Wanderer, alojado en Infovaticana.  Para el distinguido forista de La cigüeña de la torre, Wanderer es filolefebvrista. A menudo coincido con las opiniones y puntos de vista de el Chestertenófilo; también, me gusta Wanderer, sin por ello sentirme obligado a coincidir siempre con lo que opinan uno y otro, ¡faltaría más! Vamos, como que a veces no coincido ni conmigo mismo mismamente, como para encima tener que...

Así las cosas, copio de Wanderer unos fragmentos de un último artículo suyo. Como poco, interesante; incluso -ni que decirlo-, para alimentar el fuego de la discrepancia. Veamos:



Tras la sorpresa que ha provocado la Relatio post disceptationem, cabría plantearse lo siguiente. San Pedro Damián, monje benedictino y luego cardenal, tuvo un papel crucial en la reforma de la Iglesia que se produjo en el siglo XI y que luego se conoció como Reforma Gregoriana. Además, es Doctor de la Iglesia, es decir, la Iglesia ha reconocido la eminencia de su doctrina y lo considera un maestro en la fe católica. Escribió al Papa León IX una carta, la número 31, en la que le aconsejaba cómo considerar y qué hacer con un problema que asolaba, en ese siglo como en el nuestro, a la sociedad y al mismo clero. El problema era la sodomía. Esa misiva es conocida también como Liber Gomorrianus contra nefandum sodomiae crimen y pueden leerla, en latín, en el tomo 145 de la Patrología Latina. Traduzco aquí un solo párrafo suficientemente claro:

“Absolutamente, no hay otro vicio que pueda ser razonablemente comparado con este, que sobrepasa a todos en suciedad. Por este vicio, de hecho, viene la muerte del cuerpo y la destrucción del alma; mancha la carne, extingue la luz de la mente, expulsa al Espíritu Santo del templo del interior del hombre, y lo reemplaza con el demonio, provocador de la lujuria. Remueve completamente la verdad  de la mente y la orienta hacia la falsedad. La sodomía pone trampas en el camino del hombre y, cuando cae en ella, no lo deja escapar. Este vicio abre las puertas del infierno y cierra las puertas del cielo, y convierte a los ciudadanos de la Jerusalén celestial en los herederos de la Babilonia infernal”. (Cap. 16; PL 145, 175)

En cambio, el Sínodo de obispos católicos, impulsado y alentado por el Papa Francisco, declara en el siglo XXI:

“Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana. ¿Estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos. ¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio?”

“La cuestión homosexual nos interpela a una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realistas de crecimiento afectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual. Por lo tanto, se presenta como un importante desafío educativo”

“Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas”.

Los dos textos son contradictorios. Uno de ellos es católico y el otro no lo es. Si este texto finalmente se oficializa y el Papa Francisco adhiere a él, habrá que tomar una decisión.idem supra

Non possumus!

Y por mi parte solo añado no coments.


15 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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