viernes, 3 de octubre de 2014

"Se llama Carlos Osoro"



Monseñor Carlos Osoro, arzobispo electo de la Diócesis Metropolitana de Madrid:

Ya sé que no se escribe, propiamente así, pero para los efectos, vamos, para entendernos, su nuevo destino episcopal vale que se escriba como lo he escrito. Admitido esto, lo que querría comunicarle en esta carta abierta que, más que carta abierta es misiva lanzada al viento, o mensaje en una botella, es que me honro con tener varios conocidos en Valencia (valencianos y no valencianos, pero residentes en la provincia) que me aseguran, sin pestañear, que los males que aquejan la Diócesis de Valencia, de la que es obispo saliente usted, con destino a Madrid, y obispo entrante el cardenal Antonio Cañizares, actualmente en la Santa Sede, son los mismos que afectan muy gravemente a otras diócesis españolas y a la Iglesia en general: desde mediados del siglo XX, la crisis interna de la Iglesia católica ha ido acrecentando su presencia pavorosa y destructiva.

De modo, monseñor Osoro, alias Osoroglio (en virtud de su parecido físico y su sintonía pastoral con el papa Francisco) para no pocos foristas de una web como Infovaticana, pongamos, sin ir más lejos, que ¿cuáles son esos males eclesiales? A saber: la causa principal no es otra, no puede ser otra que el paulatino reemplazo de la promoción de militantes o evangelizadores fieles a Cristo y a su Iglesia, entusiasmados con el Reino de Dios y su justicia, por la de burócratas antimilitantes, figurones, trepas, arribistas, meros enchufados, medradores, mediocres políticamente correctos, tibios, antinatalistas de mentalidad neoburguesa y espíritu funcionarial, feministas proabortistas, progres, laicistas de mentalidad valenciano-nacionalista excluyente (esto último, obviamente, en el caso particular de la que ha sido hasta ahora su casa, esto es, su diócesis), nepotistas políticamente correctos…idem supra

Con un inevitable resultado: la Iglesia católica, de tan mundanizada que está, a algunos causará pena, desilusión, y un profundo dolor del alma; a otros, ataques de risa; a sectores sociales según y cómo, la más implacable de las indiferencias o de las risas sardónicas.

¿O usted cree que no es así, monseñor? De todas maneras, como usted bien conoce, mejor que yo, Dios nos juzgará en el amor, al final del camino de la vida: al atardecer de la vida nos examinarán del amor: por ende, muchos últimos serán primeros y muchos primeros serán últimos. De forma que no es cristiano, en efecto, perder la esperanza, pese a las muchas dificultades con que nos encontremos en nuestro paso por el mundo. Y siendo poco cristiano o nada el perder la esperanza (la esperanza en que al final triunfará Cristo, ciertamente, que todo será recapitulado en Él), desde la esperanza cristiana pido a Dios por usted: que su ministerio episcopal en la capital de España sea espiritualmente muy fecundo, así que mejore la salud de esta Iglesia enferma.

Que en Madrid, ahí donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, que canta Sabina, su ministerio de sucesor de los Apóstoles sea fecundo.  


3 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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