martes, 14 de octubre de 2014

"¿Lleva a esto la misericordina del papa Francisco?"



"Tengo amigos homosexuales que me parecen excelentes personas. No soy quién para juzgarlos".

Cardenal Carlo María Martini, eminente biblista, jesuita, etcétera. En Coloquios nocturnos en Jerusalén o en Estamos todos en la misma barca. No recuerdo bien y cito de memoria, pero en una o en otra aparece la cita. Son libros que leí en su momento, de lectura amable, serena, llena de hondura espiritual pese a algunas heterodoxias del gran cardenal italiano. Quien, aunque no entró como claro favorito en el cónclave del que salió elegido Joseph Ratzinger, en el cual quedó en segunda posición tras los escrutinios el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio, actual Francisco (he llegado a leer en algún lugar que entonces pidió llorando a sus hermanos cardenales que no lo eligieran a él como Vicario de Cristo), pudo haber ocupado la silla de Pedro. También si no hubiese estado casi 27 años de Romano Pontífice el hoy san Juan Pablo II... Pero el caso es que fue durante algunas décadas uno de los principales candidatos al papado del ala progresista de la Iglesia.  

Prosigamos. Apenas unos pocos años más tarde... "Si un gay es sincero y busca a Dios, ¿quién soy yo para juzgarlo?"

Palabras del papa Francisco, en rueda de prensa distendida con los periodistas que volaban con él, de regreso de Brasil al Vaticano, una vez hubieron finalizado las Jornadas Mundiales de la Juventud 2013.

De modo que esto es lo que ha pasado y viene pasando en la Iglesia, señor bloguero, usted lo sabe mejor que yo: usted tiene la edad de mi madre. Muchos lo saben bien. Y como todo hay que decirlo, todo lo que se sepa y sea prudente decir, antes de las respectivas declaraciones de tan altos prelados hermanos de religión (jesuitas ambos, por si hubiera algún despistado...), hubo un obispo llamado "obispo de los gays" (claro, me refiero al francés Jacques Gaillot). Y mientras tanto, ha habido un monseñor Ricca, un don Gallo y un De Paolis en Italia, un Paco Bello en la Diócesis de Canarias (Dios haya perdonado y acogido en su seno a Paco Bello), con sus izadas de la bandera del orgullo gay en la torre del campanario de la iglesia parroquial (una vez vi esto mismo con mis propios ojos), y miles y miles de ejemplos más tendentes a buscar "normalizar" las relaciones homosexuales en la Iglesia.idem supra

Solo que ahora comienzan a cosecharse algunos frutos de toda esa siembra. Cuántos vayan a ser esos frutos, el alcance del sabor de esos frutos, ni idea: no tengo bolita de cristal. Soy un católico más de la grey, que camina con la Iglesia, santa y pecadora pero, como reconociera D. Tomás Malágón, lo mejor para la sociedad: "La mejor forma de hacer sociedad es hacer iglesia", solía decir el gran sacerdote impulsor en España del movimiento obrero de inspiración cristiana. Y confío plenamente en que la barca de Pedro, desde hace 19 meses gobernada por Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco, no va a naufragar, pese a todas las mares procelosas que haya que navegar, pues tiene la promesa de Cristo: "Y las fuerzas del Malo no podrán con ella la Iglesia". 
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