martes, 7 de octubre de 2014

"En nombre de la coherencia entre el decir y el hacer"



Pero entonces, señores obispos de la Permanente de la Conferencia Episcopal Española, si ustedes como pastores de la Iglesia de Cristo nos exhortan bien, aunque sea "blanditamente", como algunos critican en esta Cigüeña de la torre, a los fieles católicos para que defendamos la vida humana desde el instante mismo de la concepción hasta su fin natural, ¿cómo explicar que algunos de ustedes y algunos de sus colaboradores clérigos y laicos se hayan dedicado a promocionar y mantener en organizaciones de la Iglesia como Cáritas y otras, a feministas proabortistas, prolesbianas, profeministas radicales...?

Podría citarles ahora mismo con nombres y apellidos a diez seglares de esa cuerda ideológica; entonces, imagínense por un momento la cantidad que debe haber por toda la geografía de nuestra antigua piel de toro. Imagínense ustedes, sí, pero lo que es yo, no lo haré, esto es, no citaré a nadie con nombres y apellidos, como es de entender por mil y una razones. Entre otras, la que sigue: no es mi propósito juzgar las vidas de esas personas, todos y todas somos pecadores, pero sí es mi propósito volver a poner el dedo en la llaga de un hecho muy repetido en esta Iglesia; hecho que viene a ser una escandalosa contradicción con respecto a tanto que ustedes dicen, predican, proponen, enseñan... 

Pero que es así, verdad meridiana, secreto a voces. Con el consentimiento de ustedes, más o menos tácito o explícito, directo o indirecto.



Como que también se debe a ustedes en última instancia, como responsables últimos de las decisiones de mayor peso en la Iglesia, el que consientan que toda una tropa de arribistas, laicistas, mediocres políticamente correctos, tibios, medradores, antimilitantes y antinatalistas de mentalidad funcionarial campen a sus anchas por la Iglesia: sanidad, educación, servicios sociales... Y el que esto sea así no es en efecto amparar el aborto, cierto, pero sí es amparar la mentalidad mundanizante paridora del relativismo (y el relativismo sí ampara el aborto y lo promociona), que a su vez mata la pujanza de la vida espiritual, de la vida militante, de la vida de la gracia, de la vida del Espíritu.

¿O no es así y estoy completamente equivocado, cegado por el odio, el resentimiento y la envidia, que es lo que suelen espetar contra mí algunos apoltronados eclesiales?idem supra


9 de octubre, 2014. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
Publicar un comentario