martes, 4 de junio de 2013

"Sobre el 'itinerario de una feminista' "

A vueltas sobre el movimiento feminista dentro y fuera de la Iglesia"A propósito de este artículo que propone el equipo de redacción de Atrio (”Itinerario de una feminista”, 3 de junio, 2013), no puede sino ocurrírseme que acaso una cuestión que muy necesariamente ha de plantearse la Iglesia católica no es otra que el reflexionar sobre cómo ha debido ser su proceso de mundanización interna para que ultrafeministas, secularizantes, trepas, figurones, burócratas, mediocres, arribistas, antinatalistas y meros enchufados que muy poco o nada arriesgan en el camino de la fe hayan ido poblando casi todos los espacios o ámbitos eclesiales (sanidad, educación, servicios sociales…), en detrimento de la promoción de militantes cristianos fieles al Evangelio y al Magisterio.


La protagonista del artículo que nos ocupa, feminista de origen mexicano, echa pestes de que algún cardenal de la Iglesia haya proclamado que es necesario que la natalidad aumente en Europa, para lo cual la mujer, obviamente, es parte esencial (una media de 3 o 4 hijos por mujer, parece que se aventura a plantear el cardenal Joaquim Meissner, de Colonia, Alemania). Para la autora, tal medida sería un escandaloso retroceso en las conquistas sociales y los derechos de la mujer, en su autonomía personal y profesional, en la incorporación de esta al mundo laboral, o sea, una vuelta atrás: la mujer de nuevo "relegada" al ámbito del hogar.


Podría ser. Es decir, no cabe duda de que armonizar la vida familiar con la vida profesional es una muy seria dificultad  o empresa en el día a día de las parejas y matrimonios actuales, en que suelen trabajar él y ella. Como no es menos cierto que en la mujer sigue recayendo el peso de las labores domésticas del hogar.

Sin embargo, la mujer es el corazón de la familia, indudablemente, y empero la mentalidad antivida, antifamilia, antinatalista (o sea, ultrafeminista) se ha ido colando en la conciencia de la joven católica occidental (también en la mujer joven de América Latina), incluso entre aquellas que viven en lo profesional gracias a la Iglesia católica, pasándose de paso por el forro las exigencias de la propia doctrina del Magisterio sobre la familia cristiana. 

Lo cual es lo curioso, por no decir lo esperpéntico: por supuesto que no ha de importarme lo que cada mujer haga con su vida, con su cuerpo, con su afectividad-sexualidad (esto es, comparta o no esos modelos existenciales, los he de respetar, y sobre todo respetar a las mujeres que los deciden vivir), pero que una mayoría de mujeres católicas en Occidente vivan en lo profesional de la Iglesia y luego al menos como contrapartida, como agradecimiento a la propia Iglesia, no vivan en tensión de fidelidad a la doctrina del Magisterio sobre la familia... Ciertamente, esto me parece una pendejada de las autoridades eclesiales que lo consienten -que son muchas, por cierto-, según igual diría, como expresión mexicana que es, la protagonista feminista del artículo "Itinerario de una feminista". 

Y más cuando me doy a considerar lo ignorado, puteado, machacado y despreciado que he sido yo mismo por un buen número de autoridades eclesiásticas, especialmente, aunque no solo, desde la Diócesis de Canarias: llevando ya 25 años de cultivo de una espiritualidad de conversión o militante (la cual no conocen ni en qué consiste no pocos que se ganan la vida gracias a la Iglesia católica), y habiendo acumulado una cierta cultura interdisciplinar (literatura, filosofía, teología, personalismo comunitario, cine, arte, historia de la Iglesia, movimientos sociales...), y luego de haber renunciado a mi trabajo con ocasión de mi ingreso en el Seminario Diocesano de Canarias (curso 2002) sin por ello haber dejado de creer en el matrimonio cristiano militante (acaso una de las causas o razones de no haberme podido casar: en España es muy difícil encontrarse hoy por hoy con una mujer joven católica deseosa de vivir el matrimonio cristiano como la Iglesia sigue proponiendo: espiritual, solidario, generosamente abierto a la vida...), no he merecido sino el desprecio, la marginación, la difamación y la indiferencia eclesiales toda vez que he pretendido, entiendo que legítimamente, alguna clase de ayuda para normalizar mi situación...


En fin... Sintiéndome completamente ignorado y perjudicado por la ruin hipocresía eclesiástica, no puedo empero dejar de percatarme de que el resultado de todo esto salta a la vista: son los cristianos “tibios, arribistas, corruptos, trepas, razonables, sociales” (sic) de que habla el papa Francisco, un día sí y otro también. Los “cristianos satétile” (sic), siguiendo con expresiones del Papa.

Sin embargo, el mal me parece tan enquistado en el seno de la Iglesia que le veo difícil solución: no me parece advertir voluntad episcopal para comenzar a meterle mano al problemaDe modo que así le va a la Iglesia: hecha unos zorros.

Saludos. Buen día.


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