martes, 11 de junio de 2013

"Mysterium iniquitatis in ecclesia"

El luminoso testimonio de vida cristiana de una evangélica alemanaUn amigo me manda un enlace informativo sobre la actual ministra de Trabajo y Asuntos Sociales del Gobierno alemán presidido por Angela Merkel.


Se llama Úrsula Von der Leyen: 55 años, madre de 7 hijos, defensora, en la ultradescristianizada Europa, de los valores cristianos. Mujer y madre que reza con sus hijos en familia, fue también, desde el año 2005 al 2009, ministra de Familia, Mujer y Juventud.

De modo que hecha la muy sucinta presentación, no puedo evitar, una vez más -y ya he perdido la cuenta de las que van-, plantearme la pregunta de cómo es posible que la Iglesia católica que peregrina por España, pongamos que especialmente por la Diócesis de Canarias (la misma, sí, que me ha puteado hasta bien joderme la vida, mejor dicho, hasta mal jodérmela), esté tan huérfana de testimonios entusiasmantes de vida cristiana, testimonios como el que nos ofrece la alemana Úrsula Von der Leyen.

Así las cosas, a los mismos eclesiásticos canariensis que hipócrita y despectivamente han pasado de mí (de mi vida, de mi dolor, de mi angustia, de mi idealismo, de mi ingenuidad, de mi tesón de fidelidad al Magisterio...), les pediría que nos ofrecieran, a todos los diocesanos interesados, una lista con el testimonio de vida cristiana, por ejemplo confeccionado con todos los seglares que en lo profesional viven en la Diócesis de Canarias gracias a la Iglesia...

A ver cuántos, de entre los que dan clases en el ISTIC (Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, sede Gran Canaria), en la escuela católica, en el profesorado docente de Religión católica en la escuela pública, o en otros centros y movidas culturales confesionales católicas, viven un testimonio de familia cristiana como el que nos ofrece la política alemana Úrsula Von der Leyen.

Como otras tantas veces he concluido, de risa si no produjera pena, es decir, indignación, o lo que es lo mismo, una mezcla de consternación, rabia e impotencia: vaya estimuladores del compromiso cristiano son los responsables diocesanos canariensis, con el titular diocesano a la cabeza, bendito sea Dios: un ilustre sujeto que, a la vez que consiente toda la espantosa mediocridad de la vida cristiana imperante, se ha dedicado a pasar de mí, inmisericordemente. Con el agravante, a todo esto, de que el malo de la película soy yo, ni que mentarlo: el malo por irrespetuoso, por rebelde sin causa, por irreverente, por díscolo...
Solo que le doy la razón en esto a un amigo: una Iglesia que tolera esta situación -y hasta la promueve, por activa y por pasiva y aun por perifrástica-, es una Iglesia desnaturalizada, hipócrita y desmoralizada en la que el Inicuo ha entrado a saco, a lo bestia: como que campa a sus anchas...

Y es por esto por lo que algunas autoridades de esta Iglesia, seguramente que bien apoltronadas, me han puteado sin piedad. A mí, sí, que aunque pecador y falible, como todo el mundo sabe, he demostrado con creces -permítaseme-, en los últimos 25 años, deseo de fidelidad al Magisterio, apuesta por la espiritualidad de conversión o militante, identificación con el ideal de familia cristiana militante (espiritual, abierta a la vida, solidaria), cultivo de una cultura interdisciplinar: literatura, filosofía, teología, cine, arte, movimientos sociales, anarquismo, personalismo comunitario...

En fin. A joderse sigue tocando.


Postdata:

Ni que aclarar que estos artículos míos son mejores que los que escribe Luis León Barreto y los que escribe su actual compañera sentimental, Rosario no recuerdo su apellido, señora que solo escribe literatura erótica. Reconocer esto no es un gesto de inmodestia, es un gesto de profundo dolor: la Iglesia católica en gran medida al menos, papa Francisco, ha dejado de ser luz del mundo (lumen gentium), porque se ha vuelto sosa, insípida, aburguesada, hipócrita, nepotista, antimilitante.

Pero claro: yo soy política e incluso eclesialmente incorrecto, mientras que la ilustre pareja literata canaria es muy correcta, políticamente hablando (mejor para ambos: que con su pan se lo coman...); eclesialmente es nada, no cuentan para nada, ni frío ni calor, nada, pero es que lo eclesial cuenta muy poco para la intelligentsia bien pensante.

Vivir para contarlo...


Luis Henríquez: profesor de Lengua y Literatura españolas, escritor, bloguero, militante social. 

11/6/2013.
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