martes, 4 de junio de 2013

"A partir de una respuesta a un amigo bloguero"



Solo el testimonio de los grandes testifos de la fe podrá salvarnos de la podredumbre moral de esta Iglesia católica hipócrita, nepotista, mundanizadaLos conozco, sobre todo al más joven. Conocen la pobreza y el clamor por la justicia social de su país africano de origen.

Por lo demás, publicando artículos como los que publicas ¿cómo vas a pretender que esté "a bien contigo" una ultraburguesa derechosa como la mujercita esa con la que tuviste un último encontronazo dialéctico-personal?


De mí pasa olímpicamente también, completamente, pero así las cosas yo me olvido de ella. La lucha solidaria no pasa especialmente por imitar su modus vivendi; acaso sí algunos valores humanos y espirituales que ella pueda atesorar, pero que tampoco tuve ni ocasión de conocer con detalle, porque ella no quiso.


Así que es preferible el buen testimonio pastoral que puedan ofrecernos estos dos curas guineano-españoles de la Diócesis de Canarias: Ambrosio y Vito, Vito y Ambrosio.


Postdata:

No tengo ninguna duda sobre el porqué de la elección del nombre Francisco por parte del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio: como en tiempos de Francisco, el poverello de Asís, la Iglesia amenaza ruina; no, mejor, está ya en ruinas, naufraga...

Por eso, amigo bloguero, tú que además de bloguero (tu blog, en apenas cuatro años de vida, ya sobrepasa con creces las 100.000 visitas) eres militante cristiano, has sido puteado por la Iglesia misma, no te extrañe, que prefiere la opción por lo que tú y yo sabemos: por trepas, burócratas, antinatalistas, mediocres, figurones, arribistas, mundanizantes, desencarnados y meros enchufados que muy poco o nada arriesgan en el camino de la fe. Es ya todo fruto de una incoherencia perversa y diabólica. La cual incoherencia hipócrita y perversa ya explica cómo tú permaneces puteado por la Iglesia, tú, sí, que pese a todos tus fallos y pecados -que los tienes, sin duda, algunos muy obvios- eres militante cristiano y medio experto en la vida, obra y milagros de la norteamericana Dorothy Day, en tanto una legión de seglares que ni pajolera idea tienen de compromiso militante o de quién fue Dorothy Day, viven en lo profesional de la Iglesia. 

Es ruin, hipócrita, injusto y perverso, ya lo sabemos, estimado bloguero, pero poco se puede hacer, me temo. Aguantar-se como se pueda (ora, pídele a Dios, ve cine, escucha música, escribe, corre, haz deporte...) esto de haber pretendido -y aun pretender- ser militante cristiano fiel al Magisterio y empero acabar siendo puteado por la propia Iglesia, en tanto burócratas antimilitantes pero sí provistos de un buen enchufe... 

Acaso lo mejor sea no darle más vueltas: el mal está tan enquistado que ni el papa Francisco lo va a poder sanar: ergo, estoy pensando en dejar de ocuparme de estos asuntos y tratar de ensayar la crítica cinematográfica...

Tú no te puedes ni imaginar la rabia y la frustración que me produce todo esto. Pero igual avizoro un cierto consuelo, que ya he dicho: en la Iglesia universal, por causa o efecto de la crisis de fe está todo como un calcetín vuelto del revés, o como un árbol con las raíces al descubierto y las hojas subterráneas, en función de raíces. 

O lo que es lo mismo: pese a todas las incoherencias, nepotismos e hipocresías de la Iglesia, Dios nos conserva la vida, a ti y a mí. Y el mismo Dios que nos conserva la vida a ti y a mí permitió que el conocido como "violador del ascensor" violara y asesinara a dos jóvenes a principios de los noventa -además de violar a 18 chicas más-. Una de esas jóvenes, de tan solo 22 años (la otra víctima, de 17), me refiero a Marta Obregón, es hoy sierva de Dios y va por ende camino de los altares.

De modo que si no está Dios en el fondo, amigo bloguero, este mundo no hay dios que lo entienda, y no sería posible ni siquiera resistir la náusea que nos produce a ti y a mí, en efecto, una Iglesia tan increíblemente desfondada y adulterada por toda clase de mundanismos, incoherencias, nepotismos e hipocresías.

O al menos así es como lo logro conciliar y entender yo.


Luis Henríquez. 4 de junio, 2013.
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