domingo, 17 de marzo de 2013

"Para venir a ser el papa Francisco"


(El pasado lunes 11 del corriente mes de marzo, ya en pleno Cónclave la Iglesia universal, se me ocurrió escribir esta reflexión al artículo o post del periodista José Manuel Vidal titulado "Cardenal Jorge Mario Bergoglio, ¿un nuevo Roncalli?" Fue publicado en Atrio ese mismo 11 de marzo. No recuerdo haber jugado nunca a futurólogo y ni siquiera soy devoto de los juegos de azar o de apuestas, pero no deja de resultarme curioso que, publicados este post y mi comentario dos días antes de la lección como papa del cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio, dos días después, en efecto los cardenales eligieran a Bergoglio como sucesor de Pedro...)






Pues qué curioso: un conocido bloguero, que está en las antípodas ideológicas, teológicas y eclesiológicas de Atrio, ha llegado a calificar al cardenal jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio de “canalla miserable” (sic). Y otros foristas de esa misma cuerda ideológica y eclesial, integristas seguidores del cismático Marcel Lefebre no pocos de ellos, también han zaherido de malos modos al cardenal primado de la Iglesia católica que peregrina por Argentina. ¿Una de las razones? Al parecer, el rechazo expresado por el entonces cardenal primado de la Iglesia católica en Argentina y actual papa Francisco, a la normalización en todo Buenos Aires de la llamada misa tradicional o tridentina, también llamada misa según el rito extraordinario.
 
Como desear es gratis, quiero decir, soñar, no estaría mal soñar con que resultase elegido papa el actual cardenal arzobispo de Buenos Aires. ¿Por qué no? Entonces habría que estar atento a ver qué diría el susodicho bloguero, si es que algo dice, o pide disculpas… Pero sobre todo, yo mismo querría estar muy atento a analizar si en efecto un prelado considerado del ala progresista moderada de la Iglesia católica, es “capaz” de transformar aspectos esenciales de la doctrina de la Iglesia católica.
 
Me parece que no. Verbigracia: el aborto seguirá siendo condenado sin fisuras de ninguna clase. Y el divorcio. Y seguirán siendo “innegociables” los principios provida que propuso en su pontificado Benedicto XVI. Esto es, o es más, la doctrina sobre los sacramentos, sobre la acción pública y política de los fieles católicos, sobre la sexualidad y la familia, etcétera, seguirán siendo en esencia exactamente las mismas.
 
En España, en toda Europa, las relaciones afectivas se viven en general muy al margen de la doctrina oficial de la Iglesia católica (incluso por parte de no pocos católicos). Sobre todo por parte de las generaciones jóvenes, intensamente secularizadas, descristianizadas; y galopantemente también, en continentes como Iberoamérica. Dimensiones esenciales o nucleares de la moral católica como la sexualidad al servicio del amor, la castidad en las relaciones prematrimoniales o de noviazgo, la apertura a la vida al margen de la anticoncepción, la fidelidad en el matrimonio, o la propia indisolubilidad del matrimonio como sacramento, son tan infrecuentes en el día a día de la vida de las mayorías sociales secularizadas de la vieja Europa, que uno no sabe si echarse a reír, a llorar, a reflexionar, a creerse lo que ve, o a no creérselo, o a lo que sea siempre desde la consideración de que es muy grande, cada vez parece que más, el abismo entre la enseñanza moral de la Iglesia católica y lo que vive el común de los mortales, quiero decir en este caso, el común de los bautizados.
 
Los obispos católicos, sucesores de los Apóstoles, son conscientes de que es así. Hasta el extremo de que me los quiero imaginar preocupados por la situación. Sin embargo, sea el que sea el papa que resulte elegido para suceder a Benedicto XVI (aunque el próximo papa viniese a ser el moderadamente progresista Jorge María Berboglio; vamos, sea el que sea, del país o continente que sea, negro o blanco o del Oriente), lo que no cabe es imaginarse al próximo sucesor de Pedro repartiendo preservativos ni otorgando licencia para pasar de los sacramentos y de la vida de la gracia ni legitimando el uso, abusivo o no o por los fines que sean, de sustancias estupefacientes.
 
Me imagino al próximo sucesor de Pedro, sea el que sea, exhortando al orbe católico a ser fiel a la fe de la Iglesia, al Magisterio, en tanto una mayoría de fieles de todo el orbe católico se va a limitar a pasarse por el forro -por las razones que sean, no juzgo, solo Dios sondea los corazones- aspectos nucleares de ese Magisterio.
 
Esto es: estoy convencido de que por muy bueno que venga a ser el próximo sucesor de Pedro -y es lo que yo deseo, en la confianza de que con más conciencia que en cónclaves anteriores, en este me “sonará”, lo más probable, el nombre del próximo Papa-, los estragos que ha causado lo peor de la secularización-descristianización, en el tejido de las sociedades europeas y en la propia Iglesia católica, es de tal envergadura que…
 
No sé. Hoy la inmensa mayoría de las parejas que se casan por la Iglesia -cada vez en menor medida-, ya conviven premaritalmente. Repito: son inmensa mayoría. Hasta el extremo de que hay voces que piden a las autoridades de la Iglesia católica que esta, como madre y maestra que es, acepte esa nueva sensibilidad postmoderna relativa a los nuevos modelos de convivencia en pareja, y a la nueva sensibilidad afectiva y sexual de las nuevas generaciones (del “todo es pecado” de nuestros abuelos al libertinaje sexual actual). Pero el próximo Papa, sea el que sea, no aceptará nada de eso, porque el ideal del matrimonio cristiano seguirá siendo el mismo, por más que cada vez haya menos bautizados jóvenes dispuestos a vivirlo.
 
En fin, que yo no sé cómo la Iglesia católica, digo en esta ocasión por iniciativa de sus pastores, va a afrontar los grandes retos de la nueva evangelización de un continente como Europa que está radical y rabiosamente descristianizado. Pero bienvenido a la silla de Pedro, quienquiera que vayas a ser, santo padre, siervo de los siervos de Dios, y confírmanos en la fe, en este tiempo de mucha oscuridad y crisis que nos toca vivir en Occidente.

(Como resulta que el cardenal Jorge Mario Bergoglio es el que ha sido elegido y ya es nuestro papa Francisco, de mirada limpia, bondadosa y profundamente espiritual, humilde y franciscana, pidamos a Dios por él, para que lo conforte y oriente en todo momento y sea un buen pastor de la Iglesia universal, en este tiempo histórico en que la Iglesia padece una tremenda crisis, al parecer de las peores de su bimilenaria historia. Y a mí -y a todos los católicos en general-, disponibilidad para escuchar la voz de nuestro Papa, respeto y confianza.)

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