sábado, 9 de marzo de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis tentaciones y pecados, pese a los de la propia Iglesia (XXXIX)"



Y si además del sueño de Giovanni Franzoni y del apunte también onírico de Antonio Vicedo (mujeres trabajadoras, en la mísmísima cúspide de la Iglesia católica, elevadas a la condición de cardenalas…), el Papa ya no fuese Jefe de Estado y fuese por ende más cercano, sencillo, asequible, revestido solo de “Evangelio y de sandalia”, según el sueño del obispo y poeta Pedro Casaldáliga…
 
Pero no: he estado por lo menos 45 minutos escuchando, desde muy temprano, la programación sabatina del canal televiso de la COPE (13 Televisión), y no, cualquier parecido entre lo que ahí escuché y lo que propone el italiano Franzoni, y por extensión con lo que se propone en Atrio, o hasta con lo que me atrevo a proponer yo mismo, simple seglar mondo y lirondo del Pueblo de Dios que ni siquiera comulga, pobre de mí, con todo el ideario de reformas del progresismo eclesial… Loas constantes e inmaculadas a Benedicto XVI, y ningún asomo, ni remoto, de crítica eclesial, de posibilidad de reformas en el Vaticano, en la institución del papado… Nada de nada.
 
De modo que sea el papa que sea elegido, los cardenales seguirán siendo un selecto grupo de hombres célibes, casi al 100%, obispos: la mayoría, poderosos; algunos de esa mayoría, hasta nostálgicos de las largas colas cardenalicias de no sé cuántos metros; otros, acaso los menos -pienso en el testimonio que al respecto ha revelado Celso Alcaina, desde su experiencia de lustros en el Vaticano-, sencillos, “humilde gente” que vive hasta sin servidumbre; muchos, quiero creerme, de apariencia tan “normal” como la del cardenal hondureño Óscar Rodríguez de Madariaga, quien no tuvo reparos en aceptar comer en un restaurante de La Playa de Las Canteras en Las Palmas de Gran Canaria, sin ninguna ínfula de grandeza, al menos aparente, en un reciente paso por la Isla suyo, no sé a cuento de qué
 
De modo que sea quien sea el papa que resulte elegido, seguirá siendo inquilino del Vaticano, jefe de Estado, con todo lo que ello conlleva de honores mundanos y de honores eclesiásticos (santidad, santo padre, sumo pontífice, santísimo padre…).
 
Con todo, pese a haber visto y escuchado 45 minutos, o acaso más, de la programación de 13 Televisión, y teniendo muy claro que creo de verdad que el papa saliente Benedicto XVI es un teólogo sabio y un enamorado de Jesucristo y de su Iglesia, para mí el gran nudo gordiano de toda esta parafernalia del papado y del Vaticano tiene que ver con la dificultad que tengo, al menos yo -sospecho que también mucha otra gente- para asociar papado y Vaticano con el modus vivendi de Jesús de Nazaret, aquel judío piadoso y empero muy suyo, muy libre, muy amigo de pecadores, publicanos y prostitutas.
 
Buen día. Sin servidumbre doméstica alguna, pues yo en la medida en que puedo y sé -que es poco, me temo-, soy mi propio servicio doméstico, hoy sábado he de comprar y hacer otros menesteres caseros; así que saludos.

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