sábado, 9 de marzo de 2013

"Fiel a la Iglesia católica, pese a todo: pese a mis tentaciones y pecados, pese a los de la propia Iglesia (XXXVIII)"



Ante tanta miseria como hay en este mundo; ante tanto paro, sin ir más lejos en España (el paro que no cesa, como un “jinete apocalíptico desbocado”, mes tras mes, insaciable); ante el hambre de cientos de millones de personas; ante la miseria y la explotación del hombre por el hombre perpetradas contra cientos de millones de personas; ante el clasismo social que aún existe, más extendido de lo que creemos; ante la economía sumergida como única alternativa para millones de personas…
 
Ante todo lo anterior, yo creo captar que la cúpula de la Iglesia católica sigue muy distante. La cúpula de la Iglesia, salvo acaso muy raras excepciones, se mueve a otro nivel, a un nivel que está muy lejos de las dramáticas condiciones de vida en que malviven cientos de millones de personas.
 
Ahora el papa dimisionario Benedicto, a quien se nos exhorta a seguir, a respetar -y a quien yo mismo he considerado bueno, sabio, enamorado de Jesucristo y de su Iglesia…-, renuncia a su ministerio petrino y seretira a una vida de oración, piedad, estudio, meditación, música y escritura. Con cuatro religiosas domésticas a su servicio, amén de secretario. Y como pienso -siempre he creído que a ejemplo de Jesús, siendo yo un simple seglar mondo y lirondo del Pueblo de Dios-, en tanta gente ciudadana española que se ha ido empobreciendo en los últimos años por causa de la crisis económica… Señores y señoras, ¡gente que está malviviendo en España casi sin nada, gente que recurre a la economía sumergida, a comedores populares, a centros de acogida asistencial, a recursos sociales municipales, a la mendicidad, o a la desesperación debajo de un puente! De ahí que pregunte qué sentido tiene el retiro del papa Benedicto desde la perspectiva del Evangelio.
 
Y lo hago temiendo que algunos y algunas puedan sospechar que resulto irrespetuoso, desafecto o mal católico por atreverme a poner en tela de juicio una decisión vital del mismísimo Papa. Pero es que si no lo hago reviento, la verdad, lo confieso. Porque no logro entender cómo ante tantísimo drama y aun tragedia sufridos por millones y millones de personas en este mundo por causa de la crisis económica -si se me permite: un servidor que estas líneas escribe, también, también la sufre, con el agravante además de todo elputeo que ha sufrido mi vida por parte de la miserable y nauseabunda hipocresía eclesiástica, sobre lo cual no voy a volver a cansar al personal atriero-, en el papado y en las jerarquías católicas y especialmente vaticanas siguen existiendo unas movidas tan antievangélicas, tan elitistas, tan clasistas, tan alejadas del dolor y el drama de tanta gente…
 
Es como si ante tamaña realidad, que juzgo como muy incoherente, contradictoria y aun hipócrita, se me hicieran muy ciertas algunas tesis que suelen sostenerse en un portal como Atrio, por foristas como Javier Renobales, por ejemplo: “la ICAR actual es una traición permanente al sueño de Jesús de Nazaret”.
 
Saludos.

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