domingo, 29 de marzo de 2015

"Somos la infancia que queda"

Hasta yo fui monaguillo; si se me permite en este nido o bitácora esta referencia autobiográfica... Y aunque es muy probable que hoy día sea un mal católico, lo que se dice un católico que deja mucho que desear, por ende siempre necesitado de conversión y de la misericordia de Padre Dios, de algo estoy seguro: algunos de los fundamentos de mi fe actual (excelente, buena, mediocre, mala, la que sea) arrancan de esos años de mi niñez dados a ayudar al cura párroco de turno en el servicio del altar.Resultado de imagen de juegos de niños antiguos

No hace tanto tanto, o según: apenas cuatro décadas. Cuando aún lo normal en los pueblos era subir al campanario de la iglesia a tocar las campanas:  misa en día laboral, misa dominical, repiques con motivo de alguna solemnidad... Cuando aún era normal acompañar al cura, también revestido con el alba o sobrepelliz, a bendecir las casas con agua bendita, hisopo en mano… Vuelvo la vista atrás y, aunque cierto que no había ya burros ni nada parecido por las calles de los pueblos que yo frecuentaba ni misa en latín, esas imágenes infantiles las recuerdo, tal vez por contaminación causada por mi cinefilia, como si de secuencias de alguna película neorrealista italiana se tratara. Verbigracia, una secuencia de esa película maravillosa, ciertamente una de las joyas del neorrealismo, titulada Milagro en Milán, de Vittorio de Sicca...Resultado de imagen de juegos de niños antiguos 

Desde luego, el contacto con las cosas de Dios cuando uno es niño deja huella. Para mí que, de alguna manera, indeleble.Y además, suele ayudar a disciplinar la vida de niños el servicio del altar como monaguillo. Sin duda además, como reconoce el propio bloguero de este nido, fuente de vocaciones sacerdotales o religiosas.Resultado de imagen de juegos de niños antiguos
Hoy día, cuando tantas asechanzas y amenazas se reconoce que existen agazapadas en la sociedad actual, dispuestas a malbaratar la pureza de tantas infancias, me parece que el ser monaguillos o acólitos puede funcionar como una medicina o antídoto contra el rabioso mundanismo neopaganizante que por todas partes se cuela, hasta por las puertas, ventanas y resto de rendijas de la Iglesia. Resultado de imagen de juegos de niños antiguos

Aunque ciertamente, no se nos debe esconder que toda clase de partidarios de  la cultura laicista no verán con buenos ojos una loa como la que he pretendido ofrecer en estas líneas. En este sentido, yo mismo creo aprehender, al  menos en alguna medida, la razón de ser de algunas de esas desconfianzas: los niños que sirven como monaguillos son adoctrinados en la fe católica; la relación que se establece con los curas es sumisa, paternalista y hasta acrítica; el ser monaguillo es machista porque en general las monaguillas están mal vistas, toda vez que como la mujer no puede aspirar a ser sacerdotisa ordenada, ni siquiera diaconisa ordenada, aunque sí pueda ejercer hoy por hoy un servicio o diaconía en la Iglesia sin haber recibido para ello el sacramento del orden diaconal... Resultado de imagen de juegos de niños antiguos

En definitiva: en este mundo nada es absolutamente perfecto, todo es discutible, mejorable, perfectible. Pero me parece a mí que, con todo lo mejorable y discutible que es, en efecto, esto que nos ocupa, ni punto de comparación entre acolitar para el servicio del altar y la oferta mundanizante y despersonalizadora que esta sociedad de consumo y vacía de Dios ya ofrece a los adolescentes y aun prepúberes. Resultado de imagen de monaguillos 

29 de marzo, 2015. Luis Henríquez Lorenzo: profesor de humanidades, educador, escritor, bloguero, militante social.
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